Opinión Fraternidad y distopías

Fraternidad y distopías

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Quisiera primero agradecer la oportunidad que se me ha concedido de colaborar en este medio, de cuya aparición me congratulo y a la que pronostico y deseo una trayectoria exitosa en beneficio de todos sus participantes, colaboradores o lectores.

Dicho lo anterior, y entrando ya en el contenido del tema del artículo propiamente dicho, podemos constatar cómo a lo largo de la Historia muchos pensadores clásicos y modernos imaginaron y describieron sistemas sociales y políticos donde el ser humano disfrutaría de una particular felicidad y armonía en su relación con sus semejantes.

Cabe citar, desde el Renacimiento y hasta el siglo XX, entre los más destacados hacedores de utopías a los siguientes autores:

Tomas Moro en su “Utopía” del siglo XVI, “La ciudad del Sol” de Tomasso Campanella y “Nueva Atlántida” de Francis Bacon del siglo XVII, Jean Jacobo Rousseau con “El contrato social” en el siglo XVIII, Pierre Joseph Proudhon con “La filosofía de la Miseria”, los pensadores antiautoritarios Miguel Bakunin en “Dios y el Estado” y Pedro Kropotkin en sus folletos revolucionarios en el siglo XIX.

Pero serían especialmente Karl Marx y Frederic Engels con una extensísima obra, que podría resumirse en su “Manifiesto Comunista” publicado en 1848, los que mayor influencia tuvieron en las futuras sociedades.

Tras la Revolución francesa de finales del siglo XVIII se incrementó la confianza en la Razón humana y disminuyeron notablemente la influencia del poder eclesiástico en la vida civil. Surgieron el psicoanálisis y la filosofía existencial para aliviar los sentimientos de culpa y consolar a un ser humano en su angustia, soledad vital y ausencia de trascendencia posterior.

El danés Soren Kierkegaard fue el iniciador del movimiento filosófico del existencialismo en el siglo XIX, que tuvo una gran importancia en el primer tercio del siglo XX por el desarrollo de sus seguidores; Miguel de Unamuno, Jean Paul Sartre, Albert Camus y ahora, en la actualidad, por el escritor Michel Houellebecq.

Los trágicos acontecimientos de la Primera Guerra Mundial con sus 10.000.000 de muertos y de la Segunda Guerra Mundial con unos 40.000.000 de muertos acentuaron el pesimismo en la concepción del ser humano y propiciaron el nacimiento de las llamadas distopías o sociedades indeseables.

Es conocido como Sigmund Freud en su ensayo “Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte” de 1915, en plena Primera Guerra Mundial, manifiestaba una total desconfianza en los valores morales y humanitarios del ser humano hacia sus semejantes.

Fueron los escritores ingleses George Orwell (1903-1950), seudónimo de Eric Arthur Blair, y Aldous Huxley (1894-1963) los que crearon con sus principales obras el género de la novela distópica que no ha perdido vigencia. Tanto Orwell como Huxley no querían hacer predicciones, sino alertar a las sociedades futuras de unos peligros que podrían suceder.

En la novela “1984” de Orwell escrita en 1948, se describe un sistema social opresivo, donde es omnipresente y omnisciente la figura de un repugnante sátrapa llamado Gran Hermano.

En “Un mundo feliz” y otras obras relacionadas, Huxley nos alerta sobre el uso clasista de la Genética, la manipulación por la propaganda y la utilización de drogas para impedir cualquier manifestación de malestar o de crítica.

Las sociedades actuales tienen bastantes semejanzas con los mundos descritos por Orwell y Huxley.

En las actuales sociedades la concentración de la riqueza en tan pocas manos es mayor que nunca en la historia, existiendo una pequeña minoría que vive en la opulencia y grandes masas de ciudadanos en la pobreza o con riesgo de caer en ella, sucediendo también el hecho económico del predominio del capitalismo financiero sobre la creación de bienes y servicios del capitalismo industrial, la manipulación de las mentes y de la opinión pública de parte de las élites empresariales y la promoción de ciudadanos egoístas e insolidarios que solo se preocupan por sus intereses e ignoran los de sus semejantes.

Palabras como fraternidad o solidaridad se usan muy poco en los medios de comunicación.

Las nuevas aplicaciones tecnológicas como la inteligencia artificial y la robótica parece que pueden incrementar estas desigualdades.

No queramos hacer Utopías, ni menos aún funcionar como Distopías. Las Distopías serían nuestro anti-modelo de funcionamiento, es decir, la forma de comportarse que hay que evitar. Tratemos de reforzar entre nosotr@s Seres Humanos  las relaciones mutuas de amistad y fraternidad.

Francisco Gálvez.

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