Si de algo saben en el Reino Unido es de hacer la guerra. Las gentes de esa pequeña isla en el Atlántico Norte tienen el record mundial de haber invadido militarmente países a los cuales no fueron invitados. Estoy citando de memoria, pero me parece que quedan unos 25 a los cuales todavía no han enviado sus soldaditos[1]. También seguramente tienen la puntuación más alta de “fanfarronería Capitán Araña”: no haber acudido cuando prometieron hacerlo y sus aliados locales les esperaban, i.e. el Consell de Cent en la Barcelona de 1711 durante la guerra de sucesión en la península ibérica o la Dinamarca de la guerra de los Ducados, en 1864.
Esa pequeña isla, que no puede en ningún caso, alimentar al excesivo número de habitantes que la pueblan -no se si porque hacen honor a su fama de malos amantes-, sobrevivió en la edad moderna seguramente porque los bloqueos de Napoleón, no atacaron su punto débil esencial, no fueron capaces de bloquear la importación de alimentos. De haber resultado exitoso ese bloqueo, una vez terminada la cerveza, la cebada y las patatas, habrían acabado con las ovejas y finalmente se habrían pasado a un civilizado canibalismo liberal, donde las gentes del común serían los “cows” con los que fabricar “beef” para damas y caballeros de alta alcurnia.
El Reino Unido, en su decadencia irreparable, ha devenido un campo de pruebas del imperio atlántico. Después de que llevaron a la Isla fuera de la UE, para hacerla pequeña de nuevo, ensayaron con éxito la captura del partido laborista -con una inestimable colaboración del lobby sionista, acusando a Corbin de antisemita-, y acabaron por situar a su frente a pequeños soldados del imperio atlántico, incluido el premier Starmer.
Estos soldaditos han producido un documento titulado The Strategic Defence Review 2025 – Making Britain Safer: secure at home, strong abroad que si fuera un trabajo de fin de curso de academia militar, me provocaría un risa difícilmente contenible, toda vez que como en aquéllos tiempos, que algunos titularon el gran juego[2], se sitúan a la par con Rusia. Es evidente que la Isla Británica es un lugar de tradiciones -recuérdese que no suprimieron el puesto de vigilante creado para alertar de la llegada de la flota napoleónica hasta el inicio de la primera guerra mundial- y por eso han desempolvado y replicado -con las correspondientes adaptaciones tecnológicas- en el entramiento que dispensan al régimen nacionalista de Kiev, las técnicas de sabotaje creadas para el SOE (Special Operations Executive, alias ISRB -Inter Services Research Bureau-, MO1(SP)) (Stejskal, 2020). Es sabido que los historiadores isleños gustan mucho de exagerar el impacto de esa organización en el curso de la segunda guerra mundial. Es comprensible esa pasión por la hipérbole toda vez que las acciones de esas unidades, que han recreado en películas varias, que veía en mi lejana infancia y cuyos títulos he olvidado, son junto con el bombardeo indiscriminado de población civil en las ciudades alemanas, su principal contribución a la segunda guerra mundial. Algunos en Ucrania deberían recordar que la esperanza de vida de los operativos que las formaron, era de unas seis semanas.
Pero lo más interesante es, que otros en UK -y la capacidad de hacerlo es una de las escasas bellezas que todavía adornan a los isleños británicos-, han dedicado recursos, horas e inteligencia a mostrar las falsedades y falacias de ese documento y a desenmascararlo como el resultado de la captura del estado británico por el MIMAC imperial del otro lado del atlántico. A diferencia de los “Pepe Álvarez” peninsulares, allí, en la Isla Británica, los sindicatos todavía recuerdan para que fueron creados.
Y ese documento que han creado, titulado Alternative Defence Review, aparte de su valor intrínseco, puede servir de guía para cuestionar cualquier otro documento producido en cualesquiera otros de los países de la OTAN, aunque algunas, en la península ibérica, no se hayan enterado ni previsiblemente se vayan a enterar (i.e. como aquella concejala, he olvidado el nombre, que enseñó sus tetas a una virgen de madera -antes de ser concejala- y saludó, después, siendo concejala, arropada por la abuela madalena, el Summit Otan, por razones turísticas). Es a ellas (y ellos), que les recomiendo, especialmente, su atenta lectura.
Y les recuerdo, y no por la pensión de jubilación, que en castellano hay algo que se llama Seguridad Social. Y ese nombre no es por casualidad. La seguridad no es ni ha sido nunca una cuestión principal ni exclusivamente militar. Y tal y como el concepto mismo de “securitization” ha sido teorizado la Copenhagen School de relaciones internacionales, (Balzacq, 2011), (Buzan, Waever, & Wilde, 2009), (Lipschutz, 1995), se hace evidente que la inseguridad no es algo que venga de fuera, que se imponga por sí mismo, como si de un fenómeno “natural”, i.e. una tormenta, se tratara. Al contrario, la seguridad es construida por actores poderosos que definen un particular fenómeno como una amenaza existencial y urgente (lo que puede ser ontológicamente cierto o falso). Y en ese proceso constructivo pueden acabar por orquestar respuestas extremas, excesivas, sin control alguno por las gentes del común que, en caso de guerra, son las que ponen los cadáveres, y crear una inseguridad mucho mayor de la que supuestamente pretendían conjurar en primer término. Y es que, cuando hay dos o más potenciales agentes en competencia, los delirios “securizantes” conducen a obscurecer o borrar que la seguridad es indivisible, pues en otro caso, lo que para uno es seguridad para el otro(s) es inseguridad. Además, en el caso concreto de la península ibérica y la OTAN, esta ni siquiera asegura la seguridad desde el limitado prisma militar. Más bien al contrario.
Y lo que no es menos grave, el gasto militar en detrimento del gasto en seguridad humana, que incluye la seguridad social, pero la desborda, pues requiere mantener los pies calientes (seguridad energética), disponer de zanahorias para comer (seguridad alimentaria), pintalabios y hermosos vestidos, … en general, todo lo necesario para la buena vida y la vida buena, es lo que explica el crecimiento de las amenazas políticas internas en esos mismos países que conforman la OTAN. Da cuenta del “the urge to destroy” como diferentes estudios han puesto de manifiesto (Engler & Weisstanner, 2020), (Baccini & Sattler, 2024), (Pickett, Wilkinson, Gauhar, & Sahni-Nicholas, 2024)[3].
Y es sabido, que tanto en el clima de preguerra civil a la que nos conducen, en el que ya estamos inmersos, como en las guerras cinéticas, los primeros en caer, son los hijos de las gentes del común, no los de las élites que encuentran siempre la manera de ponerse a salvo. Me pregunto si, aparte de sentarse en el Consejo Económico y Social y otros prebendarios, los llamados sindicatos “mayoritarios” (en términos relativos, minoritarios en la realidad del mundo,) todavía lo recordaran.
En cualquier caso, es necesario recordar, como ya señalé en otro lugar, que la capacidad del gasto militar de producir empleo y crecimiento, es escasa. Y su efecto multiplicador es, de todas las industrias imaginables, la que tiene un coeficiente más bajo (si es que tiene alguno). Es una industria totalmente dependiente de subsidios. No existe ni puede existir en su ausencia. El llamado “keynesianismo militar” no es ni siquiera un hijo bastardo de Lord Keynes. Es un monstruo salido del inframundo de sus pesadillas. Véase, para más detalle la Sección 6 del documento que nos ocupa, Alternative Defense Review.
Notas
[1] Su antigua colonia, bajo régimen liberal, quintaesencia de la civilización, les ha emulado con éxito como la nación más violenta de la tierra (Kushi & Toft, 2022), (Toft, 2023). Y ha ampliado el alcance de los métodos y la escala de las intervenciones de desestabilización.
[2] Este juego sigue siendo contado por la historiografía británica con palmarios errores, toda vez que obscurecen que la clave de la confrontación nunca fue la India, ni el Lejano Oriente, sino el decadente imperio otomano. Y todos los conflictos del llamado Oriente Medio (desde Oriente, conocido como Asia Occidental) arrancan de aquí.
[3] Los mecanismos psicológicos a través de los cuales la inseguridad actúa para alentar “the urge to destroy”, son varios, i.e. (Lukk, 2024), (Jay, Batruch, Jetten, McGarty, & Muldoon, 2019).
Referencias
Baccini, L., & Sattler, T. (2024). Austerity, economic vulnerability, and populism. American Journal of Political Science. doi:10.1111/ajps.12865
Balzacq, T. (Ed.). (2011). Securitization theory. A New Framework for Analysis. Routledge.
Buzan, B., Waever, O., & Wilde, J. (2009). Security. Rienner.
Engler, S., & Weisstanner, D. (2020). The threat of social decline: income inequality and radical right support. Journal of European Public Policy, 28, 153–173. doi:10.1080/13501763.2020.1733636
Jay, S., Batruch, A., Jetten, J., McGarty, C., & Muldoon, O. T. (2019). Economic inequality and the rise of far‐right populism: A social psychological analysis. Journal of Community & Applied Social Psychology, 29, 418–428. doi:10.1002/casp.2409
Kushi, S., & Toft, M. D. (2022). Introducing the Military Intervention Project: A New Dataset on US Military Interventions, 1776–2019. Journal of Conflict Resolution, 002200272211175. doi:10.1177/00220027221117546
Lipschutz, R. D. (Ed.). (1995). On security. Columbia Univ. Press.
Lukk, M. (2024). Politics of Boundary Consolidation: Income Inequality, Ethnonationalism, and Radical-Right Voting. Socius: Sociological Research for a Dynamic World, 10. doi:10.1177/23780231241251714
Pickett, K., Wilkinson, R., Gauhar, A., & Sahni-Nicholas, P. (2024). The Spirit Level at 15. University of York. doi:10.15124/YAO-DE9S-7K93
Stejskal, J. (2020). Special Operations in WWII. Casemate Publishers (Ignition).
Toft, S. (2023). Dying by the sword. Oxford University Press.
