La guerra en Ucrania ni empezó como te han contado ni terminará como te cuentan

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Hace no demasiado tiempo, hicimos una recensión de un libro de Ivan Katchanovski en el cual probaba, más allá de toda duda, como el Maidan fue un golpe de estado preparado por los servicios de “inteligencia” imperiales. Especialmente notorio en ese estudio eran las pruebas relativas a que los disparos y las muertes en la plaza Maidan fueron causados por el sector derecho, por la extrema derecha procedente del oeste de Ukrania. No fueron causados por la Berkut bajo las órdenes del despuesto presidente, Víktor Yanukóvich. Hay que recordar que la vida de este fue salvada in extremis, y casi por casualidad, por el ejército ruso, justo cuando la comitiva en la que huía de Kiev, llego a un acantilado en la costa del mar Negro, mientras era perseguido por un escuadrón de asesinos integrado por miembros de la misma extrema derecha patrocinada por el imperio atlántico.

El mismo autor recientemente acaba de publicar la continuación de aquel libro donde analiza las causas y opciones de la operación militar especial rusa. Este libro (Katchanovski, 2026), que como el anterior ha puesto a disposición gratuitamente -no por gentileza de institución o editorial alguna sino en base a una campaña de crowfunding, cuyos objetivos de financiación prácticamente ha alcanzado- está disponible para descarga libre aquí.

Antes de que tu cerebro amaestrado por años de propaganda te incline a descartarlo como propaganda rusa, conviene que tengas en cuenta como se define Ivan Katchanovski a sí mismo: “I am a life-long supporter of liberal democracy, human rights, and peace in Ukraine. I attended the Ukrainian opposition demonstrations and rallies in 1988–1991 in Kyiv and my native Lutsk in Western Ukraine, including the first Ukrainian opposition rally in Kyiv since Ukraine became Soviet some 70 years before. I faced expulsion from the Kyiv National Economic University in 1990 and was prevented from pursuing graduate education in the Soviet Union because I wrote my undergraduate thesis based on theories of Max Weber and Western economists. My final thesis, which in contrast to typical practice at the time in Ukraine was written in Ukrainian and not Russian, concluded that the Soviet system was bound to collapse. I was one of the first to publicly call for the European Union accession of Ukraine”.

Es sabido que la extensa diáspora ucraniana en Canadá ha sido alimentada por nacionalistas de extrema derecha, procedentes del oeste de Ucrania, colaboradores de las huestes nazis[i]  y en no pocos casos, autores materiales de crímenes de guerra.  Si bien Katchanovski procede del oeste de Ucrania y vive y trabaja en Canadá, no consta relación alguna con esa escoria, pese a reclamarse como nacionalista, anticomunista y eventualmente antirruso. Si bien se declara liberal y partidario de la UE, parece que la fuerza de los hechos le ha distanciado de las narrativas de los liberalilotas. Y sobre todo parece haber comprendido que la guerra en Ucrania no está provocada por un imaginario colonialismo ruso, sino muy al contrario por el colonialismo del imperio atlántico. Este ha venido apalancando sobre una mezcla explosiva de extrema derecha nacionalista y oportunistas (Zelensky y su clique), para hacer de Ucrania tanto un ariete contra Rusia, como un lugar al que colonizar. Los ucranianos comunes, ponen los cadáveres. Los oportunistas, en cambio, prosperan bañados en oro[ii] comprado con la apropiación de los fondos que generosamente les han hecho llegar tanto la central del imperio como los vasallos de la UE. Los patronos imperiales a veces le llaman a esa apropiación corrupción, otras veces combustible necesario para alumbrar la antorcha de la liberal libertad. Esos oportunistas se mueven, con enorme soltura en las narrativas que sus patronos imperiales y los vasallos europeos de la primera periferia, quieren promocionar. Katchanovski, al igual que hizo en su anterior publicación (Katchanovski, 2024), se distancia de esas narrativas en esta nueva publicación.

Lo que está en juego no es poco, por más que esos relatos imperiales, más veces que menos, sean simplemente grotescos. KK, la más clara ilustración del viejo reclamo feminista liberalilota, según el cual las mujeres deben esforzarse el doble para llegar (a donde se da por supuesto, pero desde luego no es a una vida buena inclusiva para todos); esforzarse el doble en la estupidez, en la ignorancia, en la desvergüenza. Esa la antorcha llameante de los relatos grotescos de la libertad liberal. Así ese ser KK, del género femenino, puede afirmar impunemente -a nadie se le ha ocurrido destituirla- que ningún país atacó nunca a Rusia. Sin duda fueron los rusos quienes atacaron a los franceses y británicos en Crimea o en la guerra civil posterior al 1917, y por supuesto fueron los rusos quienes atacaron a los alemanes en la segunda guerra mundial.

El problema es que esa caricatura de política llamada KK es perfectamente homologable con otras y otros muchos funcionarios de USA y de la UE, así como políticos de todo género de los estados miembros de esta última.

Igual que en los años 30, el trampantojo del comunismo, sirvió a las democracias liberales de Francia, Inglaterra y USA para no apoyar la republica española o no firmar un pacto de defensa mutua contra el nazismo, como reiteradamente propuso el comisario del pueblo para asuntos exteriores, NKID,  de la CCCP,  Maxim Litvinov (Meir Henoch Mojszewicz Wallach-Finkelstein), en la tercera década del siglo xxi es la rusofobia la que oculta las (imposibles) pretensiones coloniales de esas mismas democracias. Y si entonces los progres trotskistas en esas democracias se rasgaron las vestiduras revolucionarias con el pacto de no agresión Ribbentrop-Molotov, hoy las progresías liberalilotas hacen lo propio con la democracia (liberal) frente a la supuesta autocracia (putinista[iii]). El papel destructivo de Polonia y los bálticos aparece bajo una continuidad histórica sorprendente. Que esa continuidad se deba a la geografía y/o a la continuidad de la memoria de las élites es asunto debatido, pero en nada altera el hecho de la aparente incapacidad de esas gentes para determinar sus “intereses nacionales”.

La cuestión es que si la política exterior de la URSS fue esencialmente defensiva[iv], la política exterior de la Federación Rusa, sigue en la misma línea. Y esto es apenas reconocido[v], pese que no pocos analizamos y concluimos que es incluso excesivamente defensiva, por más que tengan poderosas razones para la contención, como las tuvo Stalin. Y no faltan voces, i.e. el académico Sergey Karaganov, que incluso reclaman el uso practico de NUKES con “fines educativos”[vi]. Este académico, tal vez inspirado por Marie Jana Korbelová haya llegado a la conclusión de para que queremos las NUKES si no podemos usarlas.

Sea como fuere, la honestidad intelectual y el trabajo duro de Ivan Katchanovski hacen de su último libro una lectura altamente recomendable, incluso con los gambitos que se ve obligado a hacer, para mantener un cierto tipo de equilibrio, acorde con la definición de si mismo, que hemos citado más arriba. Y se suma a la ya relevante lista de textos que hemos venido referenciando, que desnudan, en diferentes grados, el imperialismo atlántico en el asunto Ucrania.

Ese imperialismo se disimula entre otros disfraces con la retórica que la OTAN difunde sobre si mismo como alianza defensiva. Pero si algo no ha sido nunca la OTAN es una alianza defensiva. En su fundación y operación desde entonces (Schröter, 2009)(a), (Schröter, 2009)(b)  (Rupp, Rehbaum, & Eichner, 2011) ha sido, es y será, hasta su disolución, una alianza ofensiva.

Notas

[i] 1 de cada 3 soldados que combatieron en el lado de la Wermach en el frente del este no eran étnicamente alemanes. Entre ellos destacaron, precisamente por su ferocidad, esos nacionalistas ucranianos.

[ii] Uno de esos, tocado por un fragmento de la supuesta investigación de un órgano anticorrupción, la NABU, creada, financiada y administrada por el imperio atlántico (FBI), había adornado su apartamento en Kiev con una taza de wáter dorada -desconozco el material en que está construida- seguramente para que la mierda pase desapercibida. El sujeto en cuestión, junto con algún otro de sus compinches, ha huido a Israel. Este es un destino probable para el propio Zelensky si no es asesinado antes. Seguramente estos “olim” serán graciosamente acogidos en otro estado colonial, el estado sionista de Israel, y adquirirán identidades y vidas nuevas gracias a la “Aliá”. Aunque la NABU coincide en su nombre con el del dios de la sabiduría, la escritura y la alfabetización en la tradición irania, no es a Marduk a quien responde, sino al imperio atlántico. Y por eso no ha hecho publicas conversaciones intervenidas en las cuales parece que el propio Zelensky y otros de sus secuaces, aparte de hablar de sus tropelías financieras, muestran desprecio absoluto por los ucranianos no judíos, por la carne que están enviando a morir, mientras ellos juegan a ser Midas. La NABU solamente amaga con atacar cuando los sátrapas y los cipayos “exigen” que su cueva de Ali Babá continue en funcionamiento, es decir, que la guerra continue. Y rezan para que la guerra continue. No sé en qué idioma. Un hispanohablante diría ¡Ojalá!. Un ruso дай бог.

[iii] El género de la kremlinología ha producido a lo largo de la historia montañas de basura propagandista. Es por eso que apenas es posible encontrar en lenguas de las democracias liberales alguna biografía equilibrada de Putin; tal vez la que más se acerca es (Short, 2022). Hasta hace no demasiado tiempo era igualmente imposible encontrar biografías de Stalin, que no estuvieran repletas de burdas mentiras. Algunas costumbres no cambian. Pero parece que Putin es un magnífico “comandante supremo”, al igual que, sin duda, lo fue Stalin (Roberts, 2008).

[iv] Hace ya unos cuantos años comenzó el desmontaje (Roberts, 1989) del relato de las élites británicas sobre los objetivos de la política de “appeasement”: no es que los británicos, los franceses o los polacos quisieran dar aspirinas a Hitler o a sí mismos para calmar el dolor de cabeza de la expansión nazi, es que pretendían dirigir esa expansión hacia el este. Y a poder ser participar de la misma, como efectivamente hicieron los polacos, que ni siquiera eran una democracia liberal, sino un régimen militar, antes de que se cerrara la puerta y pasaran de comensales a carne incinerada. Por lo demás hay algún historiador judío -i.e. Jan Tomasz Gross- que afirma que los polacos mataron más judíos, de la mano de los alemanes, que alemanes ejecutados por la resistencia antinazi, lo cual puede ser o no cierto. Más recientemente la trilogía de Michel Jabara Carley (Carley M. , 2023), (Carley M. , 2024), (Carley M. J., 2025), documenta con todo detalle histórico el intento de la CCCP de construir una alianza anti-Hitler. Y con ella queda definitivamente desenmascarado el relato trotskista, que incluso llega hasta hoy. Pero el falseamiento no se restringe a esa corriente. Así, pese a que (Steininger, 1990) acreditó que Stalin podría apoyar una Alemania unificada siempre que esta se declarara neutral y que ese proceso fue abortado por el imperio occidental, donde la continuidad de las élites nazis fue absoluta -pese a la mascarada de desnazificación teatralizada en los juicios de Nuremberg-, los hay que insisten en contar la historia al revés, i.e. Peter Ruggenthaler: al parecer de estos, todo fue una simple trampa al solitario de Stalin. Es por eso que hizo falta que apareciera un idiota de origen ucraniano, Gorbachov, para que los rusos se fueran de Alemania sin disparar un solo tiro.

[v] La “tradición” de atribuir objetivos expansionistas a la política exterior de la CCCP, en directa continuación de la historiografía británica respecto al supuesto impulso expansionista del imperio zarista ruso, fue intensamente cultivada durante la guerra fría por cierta historiografía producida en el centro del nuevo imperio atlántico. Uno de los prolíficos próceres de esta corriente, fue el historiador Alfred J. Rieber, que hasta los últimos días de su vida se dedicó a la promoción de esa patraña, tanto en publicaciones propias, como en las colecciones que editó y en su faceta profesoral (incluso después de jubilado en USA, recaló en Central European University, la madriguera creada y financiada por Soros para crear sátrapas imperiales de todos los géneros -élites locales por otro nombre- (y cultivar la rusofobia). Y ha encontrado epígonos particularmente entre una nueva hornada de jóvenes historiadores, con antecedentes familiares de judíos emigrados desde los Pale of Settlement, i.e. Yakov Feygin. Todos en esta línea tienen en común que atribuyen al otro -el ruso- los impulsos depredadores propios –primero de los británicos, de los estadounidenses después-, impulso propio disimulado bajo la -como todo el mundo sabe- superior civilización liberal.

[vi] Si hubiera que elegir, mi opción favorita sería usarla para provocar una Nuclear High-Altitude Electromagnetic Pulse (Starr, 2023) sobre la isla británica para devolverla a la edad de piedra. Al objeto de minimizar las pérdidas de ovejas, abejas y mariposas, procede que apaguen ya las centrales nucleares. No hay que olvidar que esa tecnología -HAEP- fue estudiada y experimentada en la URSS, si bien los ilustres Yeltsin y Gorbachov mandaron a los científicos rusos a compartirla con sus amigos del imperio atlántico. Los Орешник, dada su capacidad para salir de la atmosfera, son los portadores perfectos del “cadeau” para su majestad británica y esa élite grotesca (Hart, 2025) que cabalga sobre la isla.

Referencias citadas

Carley, M. (2023). Stalin’s Gamble: The Search for Allies against Hitler, 1930-1936. doi:10.3138/9781487545932

Carley, M. (2024). Stalin’s Failed Alliance: The Struggle for Collective Security, 1936-1939. doi:10.3138/9781487553463

Carley, M. J. (2025). Stalin’s great game. Toronto: University of Toronto Press.

Hart, S. (2025). Ungovernable. McMillan.

Katchanovski, I. (2024). The Maidan Massacre in Ukraine. Palgrave Macmillan.

Katchanovski, I. (2026). The Russia-Ukraine War and its Origins. Palgrave Macmillan.

Roberts, G. (1989). The Unholy Alliance. Indiana Univ. Press.

Roberts, G. (2008). Stalin’s Wars. Yale University Press.

Rupp, R., Rehbaum, K., & Eichner, K. (2011). Militärspionage: Die DDR-Aufklärung in NATO und Bundeswehr. Berlin: Das Neue Berlin.

Schröter, L. (2009). Die NATO im Kalten Krieg 1949-1975 Band 1: Die Geschichte des Nordatlantikpaktes bis zur Auflösung des Warschauer Vertrages (Vol. 1). Kai Homilius Verlag.

Schröter, L. (2009). Die NATO im Kalten Krieg 1979-1991 Band 2: Die Geschichte des Nordatlantikpaktes bis zur Auflösung des Warschauer Vertrages (Vol. 2). Kai Homilius Verlag.

Short, P. (2022). Putin. London: The Bodley Head.

Starr, S. (2023). Nuclear High-Altitude Electromagnetic Pulse: A Mortal Threat to the U.S. Power Grid and U.S. Nuclear Power Plants. Rethink Government.

Steininger, R. (1990). The German question: The Stalin Note of 1952 and the Problem of Reunification. Columbia University Press.

 

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