Incluso un observador de la OSCE lo vio

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Paré, B. 2025. Ce que j’ai vu en Ukraine: 2015-2022 – Journal d’un observateur international.

Paré, B. 2025. What I Saw in Ukraine: 2015-2022 – Diary of an International Observer.

La OSCE fue una organización creada a iniciativa de la URSS, en su búsqueda infructuosa de “seguridad indivisible” en Europa. El único, dentro del llamado “bloque socialista”, que se negó a firmar la Helsinki Final Act, fue Enver Hoxha. Sin duda mostró mucha más clarividencia en este asunto que cualquier otro líder del “socialismo real”. Es posible que ello fuera debido a que fue el último de los denostados “estalinistas”.

Durante años la OSCE sirvió fielmente al democratismo, dando cobertura al combate de las “violaciones” de los derechos humanos, eso sí, solo si se le podían imputar al bloque del “socialismo real”, si se enmarcaban dentro del estrecho margen que de esos derechos defendían los liberalilotas, lo que implicaba e implica excluir siempre los derechos económicos. Desde su mismo origen, y de un modo creciente, la OSCE ha devenido un organismo más del dominio imperial del imperio atlántico[1]. Incluso llegaron a nombrar a un ciudadano USA de origen sudaka como responsable del reclutamiento para las misiones de la ODIHR. En 2025 aparece como responsable de los recursos humanos dentro de la secretaria general una turca del Azerbayan[2], con un curriculum corto, pero pasada, como no, por una universidad británica. Es sabido que las escuelas de relaciones internacionales de las universidades británicas imparten sabiduría recibida directamente de los cielos (atlánticos).

Nada de la larga lista de lo que hacen (mejor de lo que no hacen) en la OSCE cualifica como “defensa de la democracia real”. Incluso su oficina ODIHR, encargada de enviar observadores para “certificar” la integridad de los procesos electorales, no encuentra irregularidades en elecciones tan fraudulentamente manifiestas como las últimas presidenciales que tuvieron lugar en Moldavia en 2024 y en Rumania en 2025, y, apuesten por ello, tampoco las encontrara las parlamentarias en Moldavia en 2025 (donde providencialmente ha empezado el encarcelamiento de figuras de la oposición y representantes de las minorías étnicas no rumanas[3]).

Es la OSCE un organismo perfectamente prescindible, toda vez que lejos de ser un lugar donde se construyen las bases de una seguridad indivisible en Europa, ha devenido un instrumento más de dominación del imperio atlántico en el hemisferio norte. El mismo texto que sitúan en su página web para interpretar la Helsinki Final Act, es una declaración de ideología democratista:  “a recognition that lasting peace and security can only be achieved through the protection of human rights and fundamental freedoms”.

Es precisamente por ello que me resulta llamativo que un antiguo observador de la misión de la OSCE en Ucrania[4], misión lanzada incluso antes del primero de los tres los acuerdos de Minsk, el militar francés Benoît Paré, haya decidido hacer público lo que vivió y conoció en esa misión.  Quizás algunos recuerden que parte del personal de esa misión fue detenido y encarcelado por Rusia, toda vez que pudieron probar que, lejos de su función de observadores imparciales, proporcionaban información sobre la posición de objetivos militares que a continuación eran bombardeados por las fuerzas armadas de Ucrania.

Pero no es ese el aspecto más llamativo del recuento de Paré en la obra que acaba de autoeditar en este año 2025[5] (Paré B. , 2025) (Paré B. , 2025). Son muchas las escandalosas revelaciones sobre cómo funcionaba esa misión, incluso en comparación con la misión de la ONU.  Una de las más significativas es como documenta que efectivamente la guerra en Ucrania fue claramente provocada por la administración Biden y su muy brillante polígrafo, el secretario de estado, Blinken, con la inequívoca contribución de los vasallos europeos, el “socialista” Hollande y la hija del predicador, la “democristiana” Merkel. Una contribución más a la demostración de que la guerra en Ucrania fue provocada por el imperio atlántico, como ya hemos señalado, entre otros lugares, aquí, aquí y aquí.

Un detalle especialmente escandaloso es que el anuncio por Biden de que Rusia invadiría Ucrania el 16 de febrero de 2022 -fecha incorrecta, toda vez que la fecha real fue el двадцать четыре февраля-, fue precedido por bombardeos masivos de las fuerzas armadas de Ucrania contra la población civil del Донба́сс (una aceleración de una práctica que fue habitual desde el golpe de estado del Maidan, como demuestran los datos de muertos civiles a manos del aparato represivo, civil y militar, del régimen ucraniano, de los cuales el autor también habla en su texto) y que es interpretable, y así la interpreta Paré, como provocación imperial para forzar la  intervención militar de la Federación Rusa[6].

En resumen, el trabajo de Benoît Paré, dado el acceso que tuvo tanto a las prácticas como a la información reunida -y nunca publicada- por la misión de la OSCE, permitirá a todo el que tenga ojos, ver, con más claridad si cabe, que la guerra de Ucrania es una guerra por poderes del imperio, apalancando sobre sátrapas locales y extremistas neofascistas, donde desafortunadamente los ucranianos del común (y los rusos) han puesto los muertos.

Y es especialmente útil para entender la destrucción sistemática emprendida por quienes llegaron al poder después del golpe de Maidan -Petro Poroshenko, el chocolatero, entre ellos- contra las poblaciones ruso hablantes del este y el sur. No solo se trataba de bombardeos contra civiles[7], sino también del repertorio “típico” del manual imperial de las “guerras contrainsurgencia” y/o contraterrorista[8] (secuestros, torturas y ejecuciones extrajudiciales, juicios sin garantías, …), así como medidas “económicas”, i.e. dejar de pagar pensiones.

El libro firmado por Paré es extenso y va detallando, a lo largo de 10 capítulos (619 páginas en la versión inglesa), su experiencia de primera mano, desde Julio 2015 hasta mayo de 2022. En el primer capítulo detalla los aprioris resultado de su exposición al relato de los media del imperio atlántico, con los que se aproximó a Ucrania. Contra esos a priori desgrana la realidad que vivió cuando puso las botas en tierra, de modo que el libro es también el relato de una transformación personal. No menos relevante es su valor como testimonio para entender como la OSCE ha sido secuestrada por el imperio. Este secuestro, lejos de ser un accidente, es el resultado final de la duplicidad con la que el imperio atlántico firmó los acuerdos que la vieron nacer: usar los llamados derechos humanos (que en la narrativa imperial no incluyen los derechos económicos) contra la URSS. Y así hasta hoy[9].

Los escépticos deben recordar, como muestra (Overy, 2022) y (Darwin, 2009), que ni la segunda ni la primera guerra mundial son entendibles si se presta atención solamente a los momentos cinéticos más álgidos. Las guerras solo “cobran sentido” si se entienden las lógicas subyacentes que conducen a ellas, particularmente las lógicas imperiales (Darwin, 2008). Y es la lógica de “path dependence” de la sucesión concatenada de acontecimientos a lo largo de los años, lo que hace que resulten inevitables, sin perjuicio de ciertos eventos azarosos, pero que solo son relevantes en esas cadenas causales. La contumaz estulticia de las élites imperiales atlánticas, empeñadas en controlar Eurasia, hace sospechosa cualquier “revuelta espontanea”[10] -especialmente en los territorios exsoviéticos, como se ha venido documentando incluso antes de que las “revoluciones de colores” fueran conocidas por ese nombre[11].

En esta tercera década del sxxi estamos viviendo en un régimen imperial que está camino de entrar en bancarrota. Es por ello, que Trump, el “piel roja” al frente del imperio, hace una política exterior similar a la que haría si estuviera reestructurando la deuda de su holding hipotecario. Usa parece sumida en un esquema Ponzi[12], con una base productiva real decreciente, una deuda creciente por la sobre extensión imperial y la reducción de impuestos a los ricos dentro de las fronteras del imperio, frente a lo cual, la única alternativa es “generar ingresos imaginarios” en base a los aranceles (que naturalmente serán contestados por los estados soberanos y aquellos que aspiran a serlo) y reclamación de supuestas inversiones en el territorio central del imperio  que nunca se materializarán. Pero a corto plazo la clave de la bancarrota será si además de la resistencia al chantaje, dejan de comprar papel basura emitido como deuda por la banca imperial, la reserva federal. Es esperable que por mucha “posición de misionero” que adopten los sátrapas de la UE, Japón y algunos otros, esa reestructuración fracasará. Y algún día, no muy lejano, se reclamará el pago. Y este será terrible.

De momento estamos viviendo con la guerra en Ucrania, una de las primeras batallas de la tercera guerra mundial, mientras el imperio entra en debacle moral, de la que nunca se recuperará, con su patrocinio del holocausto en Gaza, un tipo de suceso que habíamos supuesto que después de 1945 no volvería a suceder por mano de hombre blanco. Evidentemente estábamos equivocados.

Notas

[1] La “captura” por el imperio atlántico de todas y cada una de las instituciones internacionales creadas después de la II guerra mundial es cada vez más evidente, para cada vez más personas, incluidas las que una vez disfrutaron de las prebendas que proporcionaba “prestar servicios” en alguna de ellas. Este es el caso de Alfred de Zayas, a juzgar por lo que cuenta en The Human Rights Industry. Y aunque hable en la lengua franca de los liberailotas, hace gala de una notoria sinceridad.

[2] Este dato no es casual. El nuevo secretario general de la OSCE Feridun H. Sinirlioğlu, es un turco https://www.osce.org/sg  y veremos, como, inadvertidamente, la OSCE, trabaja activamente a favor del panturkismo, un movimiento político revisionista -como vemos en Siria, Azerbayan y otros lugares-, que apalanca sobre la expansión demográfica de las gentes que se reclaman de ese origen. Todo ello ante la ignorante estulticia de una Europa occidental cegada por la rusofobia y sometida a la absurda agenda imperial transatlántica.

[3] Será interesante comprobar que harán, si algo, toda vez que una de las encarceladas, es Evghenia Gutsul, la presidenta de la región de Gagaúzia, a la que acusan de recibir financiación de Moscú. Si ha recibido maletas llenas de €, apuesto que han sido enviados desde Ankara, vía Estambul, toda vez que el enclave es uno de los restos sobrevivientes del imperio otomano sobre el cual el panturkismo intenta apalancar -como lo hace en lo que una vez fue Yugoeslavia o en la tierra del profesor de francés, Albania-, haciendo fluir abundante moneda a su territorio (con independencia de que no está claro cuál es realmente el origen étnico de la población residente en Gagauzia, que sus habitantes sean mayoritariamente cristianos ortodoxos y usen el ruso como lengua franca).  Estos dos últimos elementos provocan urticaria en los sátrapas afincados en Bruselas.

[4] No esperen encontrar referencia al trabajo de Paré en la página oficial de la OSCE: https://www.osce.org/odihr/ukraine

[5] El autor anuncia otra publicación donde dice que acreditará que operaciones como las de Буче y Краматорск fueron de falsa bandera. Nunca he albergado dudas sobre ello, pues son operaciones de viejo manual del MI6, y así lo he dejado escrito, pero serán de agradecer pruebas suplementarias, de las que me haré eco cuando aparezcan.

[6] Recuerdo haber compartido con un amigo, que en el momento dirigía un medio de comunicación, que no citaré, toda vez que lo descartó como “propaganda rusa”, un documento del Служба Внешней Разведки (CBP), de principios de febrero de 2022 que decía exactamente que en el caso de que continuaran los ataques a la población civil -lo que parecía probable- Rusia no tendría otra opción que lanzar la Специа́льная вое́нная опера́ция.

[7] Uno de cuyos “orquestadores” -que lo fue también de los asesinatos del Maidan y los de la casa de los sindicatos en Odessa -, Andriy Parubiy, ha sido asesinado en Lvov el 2025/08/30. No pocos en Ucrania, si bien por razones diferentes cantan, a modo de coro griego, “tanta paz lleve como descanso deja”; sus víctimas por justicia y sus correligionarios y patrocinadores, liberados del temor a sus chantajes. Este operativo, de algunas de cuyas hazañas ha dado cuenta un “testigo presencial”, Andrey Telizhenko, mantenía estrechos lazos con la Jamestown Foundation, como es sabido un vivero de “demócratas ávidos de sangre”. Es esperable que rápidamente se encuentre al asesino, lo que suele suceder cuando quien tiene que encontrarlo con una mano, lo ha contratado con otra. El manual aplicado a la voladura de Nord Stream, proporciona guía para otros muchos usos, de acuerdo con el moto MI6, ejecuta y niega.

[8] Inmediatamente después del Maidan, la totalidad de las agencias de inteligencia, civil y militar, autóctonas, fueron intervenidas por la CIA y el MI6, que naturalmente implantaron sus manuales operativos y dieron vida a criaturas como Vasil Maliuk y Kyrylo Budanov. Como ya hemos anotado en otros lugares, esos manuales beben de los aprendido en la construcción del estado sionistas y en las sucesivas guerras coloniales (i.e. Argelia).

[9] Jacques Andréani, embajador que fue de la République Française, en Le Piège. Helsinki et la chute du communisme, se atribuye el mérito de la « troisième panier ». Los socialdemócratas de la Europa occidental, acogieron con gran fanfarria esos “derechos humanos”, pese a que en ellos nunca se han incluido los derechos económicos y siempre han sido un trampantojo bajo el que operan las ONGs imperiales, para desestabilizar regímenes que no se pliegan a los “decretos” imperiales.

[10] Paré reconoce que como analista para el Ministère des Armées de la France se “había tragado” el relato imperial sobre el Maidan, como un “alzamiento popular”. Es después de tropezarse con la tesis doctoral de Iván Katchanovski y comprobar que la prensa “libre” francesa no estaba interesada en la “verdad”, no quería saber, y menos publicar, que el Maidan era un “vulgar” golpe de estado imperial, orquestado por una vulgar hembra llamada Victoria Nuland, que empieza a hacerse preguntas. Esas preguntas, junto con una experiencia demoledora de la corrupción que asola la OSCE, bajo el trampantojo de la “neutralidad diplomática” (que no parece vaya a mejorar con los actuales jefes turcos), parece que es lo que le ha compelido a dejar testimonio. Nunca es tarde, si la dicha es buena.

[11] i.e. (Mackinnon, 2010)

[12] Desde la península ibérica sería más apropiado nombrar el “esquema Ponzi” como el “esquema Baldomera”, en honor de Baldomera Larra Wetoret, una verdadera pionera financiera, que se adelantó en muchos años a Ponzi, y con una larga lista de epígonos, el último de los cuales es Trump. El “esquema Baldomera” es un modo feminista de nombrar el fenómeno. Dado que está acorde con los tiempos, lo adoptaremos. Tomen nota.

Referencias

Darwin, J. (2008). After Tamerlane: : The Rise and Fall of Global Empires, 1400-2000. Penguin Books.

Darwin, J. (2009). The empire project. Cambridge University Press.

Mackinnon, M. (2010). The New Cold War. Random House of Canada.

Overy, R. J. (2022). Blood and ruins. Viking.

Paré, B. (2025). Ce que j’ai vu en Ukraine: 2015-2022 – Journal d’un observateur international.

Paré, B. (2025). What I Saw in Ukraine: 2015-2022 – Diary of an International Observer.

 

 

 

 

 

 

 

 

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