ÉXODO AL NORTE DE LA FRANJA

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AVANZAN COREANDO CÁNTICOS DE  VICTORIA

 

Coreando cánticos de victoria, han empezado a primera hora de este lunes pasado a cruzar, por primera vez en meses, en dirección al norte de la franja de Gaza.

Celebran que a pesar de todo el infierno lanzado sobre ellos cada uno de los que quedan son semillas de una eterna Palestina.

El poder militar es de Israel, su victoria es la de la fuerza del poderoso, pero la victoria de ellos ha sido y es y seguirá siendo porque es moral ante la mayoría del mundo que apoya el derecho a su identidad, a ser respetados y a quedarse en su tierra.

Israel ha perdido el relato , no de esta guerra, porque no es una guerra, en esta masacre de inocentes desarmados, de bebés lactantes, de críos despedazados o mutilados por la metralla de las bombas de un Herodes que la Corte Penal Internacional ha puesto en búsqueda y captura acusado de crímenes contra la Humanidad.

Y, con Israel, Estados Unidos ha perdido la máscara de defensor de la democracia y los Derechos Humanos al haber seguido desde que dura este conflicto alimentando al corrupto Netanyahu con las armas de las grandes industrias armamentistas que representa Washington.

Nadie puede defender la política de este gobierno israelí, como nadie puede defender el gobierno de la Alemania de Hitler

Ante hechos así es un delito contra la ética y los valores universales ser equidistante.

Van cantando, van descalzos, con carros tirados por mulas y pocos con coches que se han salvado de los bombardeos sobre las ciudades, los colegios, los hospitales. Van al norte de la franja conscientes de su épica victoria moral.

Saben muy bien que brotarán generaciones enteras de Palestinas y Palestinos cómo brotan en primavera las flores en los campos, porque sencillamente además es su tierra y como palestinos son otro de los pueblos semitas de la zona.

Dejemos claro esto, es un pueblo tan semita como lo es el pueblo judío. Y, por ello, todo aquel que escribe en contra de alguien que durante esta carnicería de inocentes haya defendido a la población palestina acusándolos públicamente de antisemitas o es un manipulador mentiroso o un ignorante de la historia.

Por eso no puede extrañar que la masa enorme de gente que se concentró ante el corredor Netzarim, la carretera creada por el ejército israelí durante su invasión para cortar la Franja por la mitad de forma perpendicular, partieran celebrando su marcha como una victoria , tristes por los inocentes que quedaron atrás, pero alegres de poder vivir para sentir el orgullo de formar parte de una verdadera identidad que sigue viva.

Llevaban horas varados en la carretera esperando que los soldados israelíes les permitieran volver al lugar dónde se encontraban sus casas y en dónde sólo encontrarán la mayoría de ellos una inmensa escombrera. No importa, un pueblo que ha sido capaz de resistir esta violencia genocida y racista es capaz de levantar nuevas ciudades y construir mejores mundos.

“Queremos descansar y punto. Hemos sufrido mucho. Queremos vivir en paz”, reclamaba un padre de familia de 55 años.

Las tropas abrieron fuego contra la gente desarmada y hubo un muerto y una decena de heridos, según las autoridades sanitarias.

Pero aquí lo que realmente  ha muerto es un relato tan apartado de la verdad como de los hechos mismos, el relato de la justificación moral sionista para ocupar territorios, desplazar a sus habitantes y ejercer limpiezas étnicas constantes por el hecho de haber sufrido el holocausto del nazismo en el que nunca  tuvieron responsabilidad ni colaboración alguna los palestinos ¿Entonces, por qué tienen que pagar ellos la deuda que contrajeron los nazís?.

Las sospechas de que los servicios secretos y el gobierno israelí crearon, armaron y financiaron grupos extremistas religiosos para acabar con las fuerzas palestinas laicas y progresistas, como Al-Fatah del socialdemócrata Jasser Arafat ó el F.P.L.P  del médico marxista leninista George Habash, se abren camino a fuerza de la acumulación de datos en ese sentido. Algo que no es de un proceder que sea nuevo, como se demuestra rastreando los vínculos entre políticos estadounidenses y la C.I.A en las primeras reuniones que mantuvieron con dirigentes de grupos  que terminarían siendo los talibanes, en Afganistan; Bin- Laden y Al-Kaeda ó el ISIS, entre otros.

No pocos plantean que la preparación de los  actos cometidos el sábado 7 de octubre del 2023 por Hamás, una masacre en la que matarían y torturarían cruelmente a 1.195 personas y secuestrarían a otras 251, eran perfectamente conocidos por la inteligencia de Tel Aviv ya que tenía, desde un año antes,  la información de un plan de ataque en el que Hamás detallaba paso por paso el asalto sorpresa que acabó ejecutando el 7 de octubre, según una investigación realizada y publicada por el  The New York Times.

El grupo terrorista había publicado vídeos de sus simulacros, donde se observaba a combatientes explotar trozos de valla, asaltar viviendas y tomar rehenes, exactamente como ocurrió el día de la masacre.

Aquellos hechos abanderados por Hamás fueron una monstruosidad y tampoco debe haber espacio para la equidistancia en la condena ya que causaron la muerte a más de mil personas, muchas de ellas inocentes.

Pero lo cierto es que como consecuencia del día más letal de la historia de Israel el gobierno de Tel Aviv organizó una operación de «castigo colectivo» muy oportuna para los conocedores de los planes de creación del «Canal de Ben Gurión» , una suerte de Canal de Suez pero en territorio israelí, que permitiría la creación de una ruta alternativa a la «Ruta de la Seda» de China, con salida al mediterráneo que beneficiaría tanto a Israel como a los Estados Unidos, y para la que se precisaría según lo planificado el éxodo de la población de la franja de Gaza.

De cara a los acontecimientos presentes se puede pensar que Netanyahu es un psicópata y un psicópata no empatiza y, por lo tanto, por qué iba a dudar en sacrificar a parte de sus propios conciudadanos con tal de justificar una masacre que le otorgara más territorios.

En esta parte del mundo esto no es nuevo. En palabras de George Habash, explicando por qué empezó esta lucha de  los palestinos:

«Antes de 1948 , durante la Nakba*, estaba tan lejos de la política como lo estoy hoy del conocimiento de la lengua árabe. Fui estudiante en Lydda, la ciudad donde nací, y he visto con mis propios ojos al ejército israelí entrar en la ciudad y matar a sus habitantes. No exagero… Han matado a nuestra gente y nos han expulsado de nuestros hogares, pueblos y tierra. En el camino de Lydda a Ramala he visto niños, jóvenes y ancianos muriendo. ¿Qué puedes hacer hacer después de haber visto todo esto? No puedes sino convertirte en un revolucionario y luchar por la causa. Tu propia causa, así como la de tu propio pueblo».

Y no, no era George Habash un radicalizado del Corán, eso hay que dejarlo para los mercenarios de Washington y Londres:

«Fue mi carcelero, Abd al Karim al Jundi, el responsable de mi marxismo, que me tuvo en confinamiento 9 o 10 meses. Pasé ese tiempo leyendo a Lenin, Ho Chi Minh, Mao, Marx y Engels».

 

*ANTECEDENTES HISTÓRICOS: LA NAKBA

También denominada como la «catástrofe palestina«, fue la destrucción de la sociedad y la patria palestina entre 1947 y 1948, y el desplazamiento permanente de la mayoría de los árabes palestinos.34​ El término se utiliza para describir tanto los acontecimientos de 1948 como la actual ocupación de los palestinos en sus territorios ocupados (Cisjordania y la Franja de Gaza), así como su persecución y desplazamiento en los territorios palestinos y en los campos de refugiados palestinos presentes en la región.56789

Los acontecimientos fundacionales de la Nakba tuvieron lugar durante y poco después de la guerra de 1948, incluyendo la declaración sobre el 78% del mandato británico como Israel, la expulsión y huida de 700.000 palestinos, la despoblación y destrucción de más de 500 pueblos palestinos por las fuerzas armadas israelíes y el posterior borrado geográfico, la negación del derecho palestino al retorno, la creación de refugiados palestinos permanentes y la «desintegración de la sociedad palestina». ​La expulsión de los palestinos ha sido descrita desde entonces por algunos historiadores, como Benny Morris e Ilan Pappé, e investigadores de la Nakba, como Salman Abu Sitta, como una limpieza étnica

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