Los misiles de junio

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Se escribirá en los libros de historia, si es que queda alguien para escribirlos, “Y era una bonita y calurosa mañana de junio” cuando los misiles comenzaron a caer sobre los estados de la Europa Occidental.  Al lector de historia avisado seguramente le evocará la frase “Eran tan maravilloso el espectáculo aquélla mañana de mayo …” con la que Tuchman empezó los “Cañones de Agosto”. El título de este articulo seguramente también le evocara el de ese libro.

La primera diferencia es que no serán los cañones sino los misiles. Y la segunda es que, tal vez si o tal vez no, se puedan enterrar los muertos: si los misiles llegan con cabezas convencionales, tal vez algunos cadáveres puedan ser enterrados en sepultura, sobre tierras que ya no serán sagradas; si los misiles llegan con cabezas nucleares, y queda alguien para hacerlas, tal vez se inscriba el nombre de algunos sobre piedra bruta o cruz tosca.

En cambio, no podrá empezarse con “La paz reinaba en el continente la mañana del …” como empieza Clark en Sonámbulos. Porque la paz no reina en el continente europeo desde al menos 1.999. Y cien años antes, en 1914, también dejó de reinar la paz en Europa.

Pero, a pesar de ello, en la llamada Europa occidental, la colección de estados vasallos del imperio atlántico y la burocracia informe de la UE, han perdido la memoria de lo que fue esa guerra de 1914. Ya nadie recuerda las emociones que dejó escritas Chevalier en El miedo o Remarque en Sin novedad en el frente. Y nadie imagina la vaporización de las inteligencias de carbono de Hiroshima y Nagasaki, fascinados como están con las seudo inteligencias artificiales de propósito general y la diversión hasta la muerte de las plataformas digitales. Nadie recordaba, nadie imaginaba. Pero la guerra llegó.

Las advertencias fueron múltiples, pero unos no oyeron y otros no escucharon. Las gentes del común no oyeron porque estaban demasiado ocupadas en sobrevivir y fabricaron para ellos relatos fantásticos para convencerles que vivían en el mejor de los mundos posibles, llenos de valores sublimes. Y fuera de ese paraíso, de ese jardín de las delicias, solo hay junglas habitadas por gentes de con piel color obscura, negra, amarilla, … El relato no encaja del todo, porque en Rusia hay más blancos que en cualquier otro país de Europa. Ah, pero son asiáticos, brutales y entre ellos, vosotros inocentes europeos del oeste, solo podréis encontrar un jardín, un jardín que replicará Le Jardin des supplices que Octave Mirbeau localizó en algún lugar, en el lejano este. Los otros, los atravesados por gusanos, los que flotan sobre el agua, porque están arriba se le llama élites, no escucharon, pues su flotabilidad y los € a los que aspiraban sus patrones, dependían de su sordera.

Las advertencias fueron diversas. Incluso hubo quien intentó prevenirlos con “lecciones de la historia” (Westad, 2026). Y no fue el primero ni será el último; o quizás sí. Si bien son muchas las “lecciones de la historia” lo cierto es que en ellas las gentes no aprenden nada. Y no porque la historia no se repita, que lo hace, sino porque es tanta su astucia, que cada vez se repite de un modo diferente. Y las gentes perciben su “yo y su circunstancia” no iluminados por las lecciones de la historia sino por sus propios prejuicios del momento[1].

La OTAN ha venido proporcionando a Ucrania de un modo sistemático “armas milagrosas” -tanques, aviones, misiles- que sistemáticamente han sido destruidas por el ejército ruso en el frente. La OTAN ha planificado la invasión de Russia en Kursk, de donde han sido expulsados. La OTAN ha planificado el ataque a la triada nuclear rusa. La OTAN está proporcionando, al máximo de sus capacidades, drones para atacar objetivos civiles en territorio de la federación rusa. La OTAN está dando cobertura a la destrucción y/o captura de petroleros rusos bajo la cobertura de sanciones dictados por la UE y los USA, de modo que han elevado la pura y simple piratería, a la categoría de “derecho internacional” (dictado por la UE, benéfica matrona, gran diosa reguladora del mundo). Nada de esto habría sucedido a plena luz del día durante la Guerra Fría. Sucedía, una y otra vez, pero de modo encubierto.

Visto todo esto, la UE y la OTAN han llegado al convencimiento de que Rusia no tiene “líneas rojas”. Y continúan con la retórica de la “inevitable guerra con Rusia”, entusiásticamente soportada por académicos financiados por el Military-Industrial-Media-Academic Complex (MIMAC)[2].

Mientras esto sucede, Rusia avanza, a veces lentamente, a veces más deprisa, sobre el terreno. Es muy probable que en breve empiecen los ataques continuos sobre las dos carreteras y vías férreas que llevan los suministros de la OTAN desde Polonia a Kiev. Es también muy probable que se abra un nuevo frente en Приднестровье, en el marco del plan para reincorporar Новоро́ссия a la Federación Rusa. Es probable, sí muy probable.

Los modelos de guerra de desgaste, i.e. los propuestos por Turchin, con el cual es posible hacer simulaciones, y  por Powell, predicen el próximo colapso del ejercito ucraniano en el frente (entre este verano de 2026 y el primer trimestre de 2027). Los modelos están basados en guerras pasadas, atienden sobre todo a la cantidad de efectivos humanos y la capacidad de producción de equipamiento, pero no tienen en cuenta modernas tecnologías como los drones, dirigidos por AI y guiados por satélite, dependientes de la capacidad industrial, pero en parte, independientes de los recursos humanos. Es por tanto imposible pronunciarse sobre el potencial predictivo de esos modelos, si bien es innegable su valor heurístico. Pero desde luego concuerdan con la experiencia histórica según la cual el avance en una guerra de desgaste no es lineal, sino que tiende a acelerarse en las fases finales.

Con independencia de ello, y vista la retórica inflamada sobre la inevitable guerra con Rusia, las élites rusas han llegado al convencimiento que es el momento de escalar y aplastar las pretensiones coloniales de la UE y la OTAN. Han llegado al convencimiento de “recordar” a los desmemoriados del imperio atlántico, que Rusia es la potencia nuclear con más cabezas nucleares y la tecnología de misiles más avanzada para entregarlos con precisión y sin posibilidad de interceptación.  Han llegado al convencimiento que mejor ahora que más tarde.

La paciencia del pueblo ruso es proverbial, como conoce cualquiera que se haga dejado envolver en las brumas de los cuentos eslavos. La procrastinación de las élites rusas es identitaria y solo salen de ella, como dice el proverbio, “Пока жареный петух не клюнет, мужик не перекрестится”[3]. La burocrática lentitud del estado ruso es paralela a la dificultad de escribir cirílico en mayúscula y los muchos husos horarios en los que publica sus edictos. Y la reticencia del ejercito ruso a ponerse en marcha sin Проща́ние славя́нки,  está bien documentada. Pero igualmente documentada está, que una vez que se pone en marcha, no ha habido vecino alguno de su flanco occidental, a lo largo de toda su historia, que haya sido capaz de pararlo.

Uno de mis favoritos en esta extraña afición de los peninsulares europeos de Occidente por tergiversar la historia, que podemos seguir tan atrás como queramos, i.e. a la escisión de la iglesia católica romana, aún hoy contada en sentido inverso a como realmente sucedió (Mettan, 2015), es la supuesta victoria finlandesa en las guerras de invierno de 1939-1940. Y es que, al tiempo que Finlandia ocupaba el primer lugar en el podio de ese “engendro” conocido como PISA, a los niños finlandeses se les “enseñaba” como cierto ese mito histórico[4]. Y así hemos llegado a los políticos, que, por acción u omisión, han conducido a ese extenso territorio, poblado por pinos de escasa estatura, suelos agrestes y lagos obscuros, a imaginar que, de la mano de la OTAN, repetirán la hazaña que nunca tuvo lugar[5].

Esta vez no va a ser diferente, pero tampoco igual. No esperen soldados rusos en Unter den Linden, en L’Arc de Triomphe du Carrousel, ni en Queen’s Walk, pero miren al cielo porque es altamente probable que sea la última vez que vean la luz. Si sucede que llegan los destellos, será la última vez que se sientan iluminados por la verdad.

El estado ruso, ha comunicado por diferentes medios, que las élites occidentales no quieren escuchar, que ese momento es ahora, justo después del final de SPIEF.  Las sanciones, y cualquier otra agresión de las implementa el imperio atlántico contra Rusia, no tienen que ver con nada que Rusia haya hecho o haga. Esas agresiones, como todas las demás repartidas por todo el globo, responden simplemente a la codicia de las élites imperiales.  Y solamente pueden ser anuladas con una violencia igualmente irrestricta y superior.

La previsible escalada seguirá tres pasos: (i) destrucción definitiva de los centros de mando en Kiev; (ii) ataque a centros de mando de drones en los países bálticos, Finlandia incluidas (cuyas coordenadas en diferentes bases militares han sido publicadas por el servicio de inteligencia exterior ruso); (iii) ataque a los centros de producción de drones en varios países de la UE. Si la UE y la OTAN no toman nota y deciden que ha llegado el momento de dar por perdida la guerra (como el imperio atlántico ha dado por perdida, por el momento, la que ha venido librando contra IRAN), la escalada nuclear se abre. La disuasión se restablecerá por uno u otro medio. ¡No es posible acabar con un imperio, votando! Y el imperio atlántico no es una excepción.

Notas

[1] Esto es evidente cuando Westad trata en sus conclusiones de proponer “soluciones” para algunos de los conflictos del momento. Simplemente, con una apariencia de ecuanimidad, se alinea con la visión que desde el imperio atlántico se propaga de los conflictos. Es ciertamente imposible abstraerse “científicamente” de la propia circunstancia.  Y si lo fuera sería imposible enseñar “gran estrategia” en una “prestigiosa” universidad imperial. Hay que elegir. Es casi seguro que sus alumnos de esta “especialidad”, la “gran estrategia” a los que dedica el libro, crecerán alimentados por similares prejuicios, y no estarán especialmente preparados para ganar, es decir evitar, las guerras en curso y las que vendrán. De uno u otro modo todos vivimos en “midwords” (Miller, 1981).

[2] En las antípodas del relato postcolonial, al que, con tanta pasión, se han sumado, a lo largo de los años, los “académicos progres”, el colonialismo sigue informando todos y cada uno de los actos del occidente colectivo, desde la creación de la UE, un proyecto colonial en sí mismo, al sostenimiento del estado sionista de Israel o a Hitler formulando, a través de un holograma llamado Boris Pistorius, la ambición “al mayor ejército de Europa” … La historia gusta de la ironía… y seguramente por eso ha puesto al holograma un nombre, Boris, casi con toda seguridad de origen eslavo.

[3] A las élites económicas adictas a la City y a la Côte d’Azur, incluso cómodas como “sátrapas al servicio del polaco”, que ni son pocas ni son marginales, el director adjunto de la oficina ejecutiva de la presidencia rusa, Maxim Oreshkin, se lo ha dejado claro en el SPIEF 2026: “Los cambios que están teniendo lugar son de naturaleza global. Y las sanciones no están relacionadas con ningún evento específico. Están relacionadas con el modo como el mundo está cambiando”.

[4] Y como se nos cuenta en este texto, puede apreciarse que el mito es construido en la inevitable relación imperio-sátrapas, en este caso imperio sueco (destruido) y sátrapas finlandeses. La historia se repite una y otra vez. Ahora mismo estamos acudiendo, en directo, a otro relato fantasioso en el Cáucaso, en este caso resultado de la interacción EU-Armenia. Relato aireado por un farsante, curtido en el chantaje y la difamación, y de cuyas manos incluso las “palomas de la paz” se niegan a iniciar vuelo.

[5] No es que puntuar bajo en PISA proteja del mal. Solo hay que “compadecer” con caridad cristiana a todos aquéllos que olvidaron que cuando la Constitución del 78 llegó, los jueces ya estaban allí. Y no es que la historia no se repita; cuando la Constitución del 31 llegó, los jueces también estaban allí. Y el gran estratega de la intriga política, que no gran estratega militar, pese a ser conocido como Generalísimo Franco, tomó buena nota de ello y apenas si expulsó, si no me falla la memoria, a cuatro ilustres puñetas. ¡Que Dios los tengo en su gloria y sentados estén a la diestra del señor!

Referencias citadas

Mettan, G. (2015). Russsie-Occident Une Guerre de Mille Ans. Editions des Syrtes.

Miller, J. W. (1981). The philosophy of history with reflections and aphorisms. Norton.

Westad, O. A. (2026). The Coming Storm. Power, Conflict, and Warnings from History. McMillan Publishers.

 

 

 

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