INTERVENCIÓN DE L. RAMÓN GARCÍA DEL POMAR EN EL CONGRESO

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INTERVENCIÓN DE L. RAMÓN GARCÍA DEL POMAR EN » LA SALA DE LAS COLUMNAS» DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS DE ESPAÑA EL 23 DE MAYO DEL 2025


Bienvenidos a Proxémica, un viaje antropológico o, si lo preferimos,
filosófico. Antes de entrar en materia, he de comenzar dando las Gracias
al Congreso de los Diputados por su invitación y a mis compañeros de
mesa don Juan Barranco, don Rafael Egido y don Ramón Llorente.
Permitirme hacer una mención muy especial a Sonia Estévez Pico, mi
pareja, a mi familia palestino-cántabra, Ghanen Azzam, a mis amigos de
Los Corrales de Buelna, mi bello pueblo de la Cantabria industrializada, a
mis padres y a todos ustedes por aceptar nuestra proxémica invitación.
Con relación a esta conferencia, sabemos que la proxémica es un término
establecido para medir nuestro espacio íntimo, y en ello:
A. -Espacio casual/personal: la distancia habitual en las relaciones
interpersonales y permite el contacto físico con la otra persona.
B. -Espacio social/consultivo: proxémica se refiere a la distancia que se
mantiene entre personas durante interacciones de naturaleza no
personal, como reuniones de trabajo o conversaciones con
desconocidos. Esta distancia generalmente varía entre 120 cm y 364 cm.
C. -Espacio público y lenguaje no verbal.
En este momento creo que está ocurriendo algo extraordinario, somos los
afortunados que hemos aceptado vivir este encuentro histórico en el que
vamos a viajar hacia las profundidades del movimiento cultural más
importante ocurrido desde la llamada generación del 27. Hablo de la
Proxémica en la Movida Madrileña.
Y por fin lo hacemos aquí, en el epicentro donde nuestros representantes
deciden quiénes somos, qué somos, cuándo podemos ser, dónde
podemos ser y por qué podemos ser.
Visto a través de los ojos incluso de la modernidad si es posible,
imaginemos por un momento que las etiquetas sociales jamás volvieran a
tildar La Movida Madrileña como un periodo en el que, tan solo por efecto
de drogas y sexo, se diga que sin más mérito destacaron individualidades

o personalismos artísticos. Está claro que en aquellos tiempos existió el
hedonismo y otras adiciones conductuales como el sexo, pero, acaso esto
no se da también en entornos universitarios o entre obreros de la
construcción y altos ejecutivos, medios y bajos. Esto se dará en todas
partes mientras exista el ser humano, por qué señalarlo tan
sobresalientemente en La Movida Madrileña.
Para hablar de La Movida Madrileña hay que contemplarlo como algo que
aglutina a toda una generación que supo remar en una misma dirección y
dentro de una asamblea política buscando la estabilidad de nuestro país
para darle precisión.
Para muchos de nosotros, esta es la perspectiva incómoda que emerge
cuando examinamos el resultado social que queda como consecuencia
para la lente implacable del pensamiento popular: “Sexo, drogas y
banalidad o divertimento sin más”. Esto no es cierto. Todo aquello ocurrió
gracias a que decidimos trabajar, eso sí, con la fortuna de hacerlo en lo
que nos daba identidad. Yo ya venía haciéndolo desde muy atrás, desde
que en 1971 formé parte del grupo que ganó el Certamen de Teatro
Universitario. Roy Hart asistió a la representación y me ofreció viajar a
Inglaterra para ingresar en el Roy Hart Theatre. Serte que, por mis
inclinaciones más contestatarias, decliné en favor de los riesgos que asumí
viajando a Johannesburgo, Sudáfrica. Fue en los auges contra el apartheid,
tres meses estuve allí. Cualquier anécdota que quisiera añadir, despertaría
los celos de otras y, este, no es el momento. Aquello se merece su capítulo
aparte.
Pero volviendo a La Movida Madrileña, y si por consideraciones inherentes
al inmaduro raciocinio de nuestra sangre joven y ansiosa, faltaban las
fuerzas para ir a más, hacer acopio de los remedios que estaban ahí,
donde siempre estuvieron y siguen estando hoy, esto no quiere decir que
en su búsqueda acudieran todos o la mayoría. No hallo pudor para mentir
o esconderme y confieso que yo sí fui uno de los que recurrimos a ello. La
vida me había dado la oportunidad de empujar a mis conocidos y a mi país
hacia la inmensidad creativa que todos habíamos soñado y, gracias a que
llegué a Rock-Ola como guitarrista y coautor del grupo que había formado,
Línea Vienesa, fui contratado por el propietario y director de la sala para
ejercer las labores de creador de eventos, es decir, para programar
actividades los lunes, martes, miércoles y jueves, así como para colaborar

con el resto de los miembros del equipo en todo lo que fuera oportuno
para que el timón mantuviera su rumbo. Aquello fueron casi cuatro años
de trepidación laboral y creatividad absoluta.
Guiado por mi filantropía natural hacia el bien de mis congéneres y el
generoso sueldo que me atrapó, los días se solapaban unos a otros.
Siempre arriba de la ola: Desfiles de moda, exposiciones de fotografía,
pintura, dibujo, cómics, teatro, performances, presentaciones de fanzines
con sus conciertos, debates sobre arte, rodajes y exhibiciones de cortos,
presentaciones de revistas, fiestas de programas de radio, de sellos y
compañías discográficas, premios de Rock-Ola… En definitiva, generando
continuamente noticias para el eco de los medios de comunicación y
responder a la vocación de que todo lo que ocurriera en Madrid se hiciese
allí.
Este privilegio significaba para mis ilusiones un apenas dormir y, así, quién
resistiera sin estimulantes. Mi cuerpo pagó su precio, claro. Perdí el bazo,
mi hígado lo saldó con una hepatitis C ya superada y el corazón que hoy
me mantiene tan vigoroso tuvo que ser revascularizado con tres bypass.
Todo por mi empeño de buen tauro en alcanzar una España de
oportunidades. ¿Qué obtuve a cambio? Pues mi experiencia me lo
agradeció con la expansión internacional de toda una generación y de las
siguientes ornadas hasta hoy donde aquí, en este Congreso de los
Diputados que nos da eco, disfruto con todos ustedes, sin duda la mayoría
tanto o más protagonistas que un servidor.
Claro que yo recogí el pañuelo de los grandes agitadores que me
antecedieron, algunos de estos se han mencionado en esta mesa como,
por ejemplo, el gran Paco Nieva. Los mayores ya habíamos saboreado a
magníficos cantautores, músicos, pintores, diseñadores, actores,
escritores, poetas, etc, etc, etc.
Igualmente referiré a alguno de los arriesgados promotores como Mikel
Barsa, Francisco Carvajal, los hermanos Gonzalo y Javier García Pelayo,
Agustín Tena, Antonio Gastón, Eduardo Campoy y su Cinema del Callejón,
Paco Martín y sus producciones discográficas (con talentos como el de
Antonio Vega, Peor Imposible, Séptimo Sello y tantos otros), Mario
Pacheco con sus Lobos Negros o el mismísimo Miguel Ángel Arenas de
Pablos abriendo salas de conciertos como la Carolina, Golden o El Escalón.

Quiero citar el artículo de Diego A. Manrique, que el 12 del 5 escribe:
Barrunto que sigue abierta la veda para disparar por elevación contra la
Movida, de la que solo los que la vivieron parecen tener visiones
positivas o, vaya, templadas. Para el resto, es sinónimo de corrupción
moral, de espejismo consensuado, de impío maridaje entre creadores y
políticos, de drogas…
Ya vemos que La Movida madrileña no es un relato superficial, requiere de
una inmersión profunda en como toda una generación supo salir del
poder político que moldeó a la sociedad con una filosofía radical para
anular en ella lo que se consideraría más sagrado, me refiero a los valores
que requiere la dignidad humana. Veníamos de vivir enfrentados a las
voluntades reaccionarias que trataban de someternos al yugo de un
pensamiento único.
Hay una sentencia que escuché al impertérrito fotógrafo Domingo J.
Casas: El hombre no nace borrego, se hace.
Dicen que La Movida Madrileña surgió como si fuera un evento guiado por
la inspiración divina. No, para nosotros este no es un pensamiento
sostenible porque, entonces ¿dónde dejamos el Ateneo de Prosperidad o
los bajos de la plaza de Sevilla o los domingos del Rastro, los colegios
mayores de la Complutense, el grupo la Cochu, la eclosión de los nuevos
dibujantes como Agus, Ceseepe, Javier de Juan, Rodrigo, Oscar Mariné,
Hortelano, Kiko Feria, Ángel Lirio (el Lirio), José Manuel Nuevo y tantos
otros igualmente magníficos en una lista interminable de nombres? Hasta
que se hizo necesario que RneR3 creara el programa Rock, Cómics y otros
Rollos, magníficamente dirigido y presentado por dos periodistas de la
Agencia Efe, José A. Maillo y Elías García, que posteriormente recorrieron
España llevando exposiciones por la geografía. Yo mismo comisarié alguna
de estas exposiciones. Inolvidable se me hace nuestro primer grafitero
urbano, un chaval de Campamento que en plena Movida Madrileña nos
sorprendió con su logotipo por toda la ciudad, Juan Carlos Argüello Garzo,
Muelle. Ya vemos que este movimiento no era un invento del Madrid más
pijo, fue de todos los madrileños y de los foráneos que llegamos con
nuestra maleta de sueños. Los PVP venía de San Cristóbal, Eduardo
Benavente era hijo de un taxista de Carabanchel, Luis Lobo Negro llegó
desde Talavera. Mi mismidad lo hizo desde Los Corrales de Buelna,
Cantabria, lo mismo que ahora ha llegado el artista pintor Juan Lu

Gutiérrez , el cantante Vito Bardal o el poeta Diego Skanderberg von
Zieza.
. Los hubo que llegaron en huida de las dictaduras de su país, Chile,
Argentina, México, Venezuela, Perú. También llegaban de la democracia
de Francia, Italia, Inglaterra, Alemania, Canadá, Nueva York… Hubo un
momento que, entre los grupos ingleses, se decía: El que no vaya a tocar
al Rock-Ola de Madrid, nunca triunfará en Europa. Esto se debe al
magnífico trabajo del recientemente fallecido Mario Armero, él era quien
conseguía contratarlos en Londres. Y cómo no mencionar al
imprescindible Lorenzo Rodriguez, hombre cabal donde los haya y
excelente profesional. Sin él, sin su pulcritud para que todo el engranaje
estuviera listo en cada segundo, tampoco hubiera funcionado Rock-Ola.
Pero sigamos.
¿Y qué decir de los nuevos fotógrafos? Recuerdo a Antonio Molina, cuya
obra fotográfica fue la primera exposición que comisarié para Rock-Ola. Él
me transmitió su sueño de que en España se comenzara a valorar la
fotografía como un arte exclusivo. También recuerdo, Sr. Barranco, la
ternura con la que, años después, mi querida amiga Ouka-Leele me
contaba la humildad con la que usted la recibió y atendió su necesidad de
cortar el tráfico en Cibeles para realizar aquella sesión fotográfica que hoy
se expone por los más grandes museos del mundo y que aquí, en Madrid,
podemos verla expuesta en el Conde Duque. Hay una película de Rafael
Gordon, La mirada de Ouka-Leele, que narra este acto tan creativo y que
tan fantástica imagen da por el mundo de nuestra rica ciudad, Madriz. Y lo
escribo con Z porque así nació aquella revista que nos llevaba hacia el
movimiento de la Línea Clara. Patrocinada por la alcaldía de don Enrique
Tierno y bajo la dirección de don José María de Mingo, Chema, con un
excepcional logotipo y portada del artista Javier de Juan, esta revista lucía
la alta modernidad alcanzada por nuestra ciudad y el exquisito humor de
los madrileños. Hubo, dos semanas antes de la acción de Ouka- Leel, en la
misma plaza de Cibeles otro ejercicio artístico tan insólito como el de
nuestra musa. Fue una magnífica obra de teatro dirigida por mi amigo
aquí presente, Ray Lorens. Se tituló Las bodas del Califa y la Cibles, con 64
actores, entre ellos la magnífica Enma Suarez, Juan Polanco y Olga
quesada. Aquí, nuestro Ramón Llorente, en principio solo dramaturgo y
director, tuvo que oficiar la boda en calidad de Embajador de los infiernos,

personaje que hubiera interpretado Paco Nieva, de no haber sufrido un
percance aparatoso que le inutilizó la pierna. Afortunadamente también
fue recogido por todos los medios y quedó la suerte de que el mismísimo
Basilio Martín Patino lo inmortalizó con su cámara.
Recordaremos a pintores como Julio Juste, Javier Pérez Grueso, Miguel
Ángel Ordoñez, Pablo Sycet, Fabio McNamara, Enrique Ortega, Miluca
Sanz, Sigfrido Martín Begué, Luis Paniego, Chus Burés y los maravillosos
frescos que, Pérez Villalta, fue realizando sobre las paredes del estudio
fotográfico de P.P.M, hoy destrozados aquellos frescos históricos por la
piqueta del albañil que lo enfoscó para que se luciera la pintura ocre de
unos despachos sin más personalidad que las corrientes láminas que se
venden en los “Todo a Cien”…
Y cómo no mencionar a los grandes fotógrafos: Marivi Ibarrola, Miguel
Trillo, Mario Larrode, Andrés Vicente Lluna, los hermanos Pérez-Mínguez,
Paco Ojeda, García Alíx, Domingo J. Casas y tantos otros que todos
recordamos.
Antes de continuar adentrándome hacia donde no terminaría nunca de
salir, hablaré sobre los salvoconductos que provocaron una nueva división
de clases y rangos sociales, El Rock, con mayúsculas.
Mientras que en Rock-Ola hubo que matar toda la música que
representara a hippies y progres (yo mismo apostillaba que esta ya no era
moderna y brinqué con Los Elegantes su hit “Este es mi tiempo, este es mi
momento”, atrás dejé mi trayectoria de cantautor (mi último concierto de
masas fue para el PSP en el Teatro Monumental), cambié la guitarra
española por una Gibson eléctrica que fue de Pete Townshend, me
decoloré el pelo y pude fundar un maravilloso grupo con otros tres
grandes genios, nos llamábamos Línea Vienesa. Lo más reivindicativo que
cantábamos era una oda a la Ilíada, un abandono de pareja que nos dejó
llena de cangrejos de la cocina o la advertencia de que la heroína te volvía
gris verdoso antes de morir.
Hace unos días, en la exposición fotográfica de Domingo J. Casas “Rock en
los barrios”, me alegré al escuchar que Mariano Minuesa agradecía esta
barrera que se creó entre poperos y heavys, añadiendo que gracias a ello
se salvó el rock de perder su verdadera idiosincrasia.

Rock-Ola estaba en una zona más o menos bien, de clase semi media o
media; en cambio, la Sala Argentina estaba en San Blas, que luego se
llamó Canciller II. Por el poso que quedó como paso de El Rollo a la Nueva
Ola y, posteriormente, a La Movida, imprescindible se hace la mención de
la M&M, en Diego de León. Y remarco su mención como imprescindible
porque, la persona que llevaba la barra de esta sala tan significativa en su
momento, Paco Fernández de Paz, y que más tarde trabajó en los cines
Alphaville, intervino para que los dueños produjeran Laberinto de
Pasiones, de Pedro Almodóvar. Creo que no hace falta decir más.
Atrás dejo Sukursal Rock, Osiris y tantas otras salas. Lo importante es que
en los barrios continuaron funcionando las salas para dar culto al rock. Os
recomiendo buscar un documental que pronto estará en las redes, Os
recomiendo buscar un documental que pronto estará en las redes, "500
pesetas con pelotazo" de Leonardo Cebrián Sanz, sobe salas de Rock en el
Madrid de los 70, 80 y 90.
Madrid siempre ha sido un mosaico diverso de interpretaciones y
valoraciones a gran escala. Pero, aun cuando forzamos la licencia para
invadir las calles cada quien con sus prerrogativas o cada quien sin más
padrino que sus ansias de libertad, no por todos los barrios se filtraban los
mismos aires. Incluso hoy los continúa habiendo barrios en los que falta
pan en la mesa
Pero en el impulso de La Movida Madrileña tenemos que agradecer a
todos esos jóvenes de 15, 16, 17, 18 años y algunos más, que gracias a la
llegada de las fotocopiadoras invadieron los colegios, institutos y parques
con los Fanzines. Por fin ellos podían hacerse escuchar, tomar el poder de
la palabra y expandir sus inquietudes y prioridades de adolescencia. Estos
chavales eran los que venían, que hoy son abuelos y había que hacerles
hueco. Ten grande como el que hizo Servando Carvallar con El Aviador Dro
y sus Obreros Especializados, ahí quedó ese fantástico sello discográfico,
DRO, del que fue saliendo la flor y nata de las bandas ya no solo
madrileñas, también dieron vinilo para que prosperan otras movidas que
fueron surgiendo a raíz de la madrileña: Siniestro Total, de Galicia,
Extremoduro, de Cáceres, La Dama se Esconde, de San Sebastián o
Glutamato Ye-Ye, de Madrid. Iñaki Fernández Arnáiz, cantante de este
último grupo, nos ha dejado hace unos días. En nuestra vida siempre
seguirá presente. En su mismo grupo, Glutamato Ye-Ye, también militaba

como guitarrista y compositor, Patacho Recio. Y si entonces este joven fue
fundador y militante de las Hornadas Irritantes, hoy es fundador y
presidente de SEDA, Sociedad Española de Derechos de Autor, una
organización asociativa y sin ánimo de lucro constituida por un grupo de
autores y editores con el objeto de ofrecer una opción clara, justa y eficaz
a la gestión colectiva de derechos de autor.
Claro que con La Movida Madrileña también llegó la moda, nuestra moda.
Recuerdo la primera colección de Christina Rosenvinge. Junto con Gema
Cotallo y Teresa Rosenvinge, yo fui su modelo en el primer reportaje
fotográfico. Gema Cotallo, más tarde, pasó a diseñar los zapatos en la
firma de Sybila. ocasión.
Y cómo no mencionar a nuestros poetas: Roberto Oltra, Félix Cabez, Anna
Rossetti, Javier Lostalé, Leopoldo Alas Mínguez, El Ángel, Haro Tecgle,
Leopoldo María Panero, Haro Ibars, Jorge Berlanga, Enrique García
Trinidad y los tantos y tantos nunca de sobra reconocidos, pero ya de un
mayor rango comercial. Mención especial apara las editoriales que dieron
papel a las voces nuevas de la filosofía, y en esto cómo no dar mérito a
Huerga y Fierro Editores, entonces un matrimonio apenas recién salido de
la adolescencia y hoy una editorial consolidada que continúa en la
vocación de seguir dando papel a las nuevas voces. No dejaré a Ocho y
Medio Libros de Cine, por aquel tiempo igualmente dos mozos, María y
Jesús, que comenzaron vendiendo libros en el hall del cine Alphaville y hoy
es una editorial que sigue apostando por el talento de quien crea tenerlo y
quiera ofrecerlo al bien común.
Hay que recordar a diseñadores como Erique Zaccagnini, Elisa Bracci,
Enrique P, Pepe Rubio, Alvarado, Del Pozo, Piña, Sybila, Guillermo Blanco…
en fin, unos porque ya estaban y otros porque llegaron para quedarse. La
pintora Marisa B. Miñambres y un servidor, con la inestimable ayuda de
Enrique Zaccagnini, Alvarado, Antonio Nieto y los demás, fundamos ACME
como Asociación de Creadores para la Moda de España, e inauguramos la
primera escuela de diseño en la calle San Bernardo. Ahí pudimos vestir a
Tina Turner Eric Clapton, Roxet, Los Manolos, Paul McCartney y al
grandísimo Paco Clavel, entre otros.
Mi primera utilización de la marca ACME, fue en una sociedad con Carlos
Astiarraga y Miguel Ángel Arenas de Pablos. El nombre vino como idea de

Arenas; entonces éramos una Agencia de Contratación de Música y
Espectáculos y allí descubrimos a Cristina del Valle.
Quién dudaría de lo imprescindibles que han sido para dar gloria de La
Movida, locutores como Jesús Ordovás, Diego Manrique, Gonzalo Garrido,
Juan De Pablos, Julio Ruiz, Paloma Chamorro, Lolo Rico, Carlos Tena.
Gracias a este último di mis primeros pasos en radio. Durante tres años
que me tuvo como colaborador en su programa de RneR3, “En el Aire”. Y
gracias a él comencé a escribir en el Diario Liberación. Lo mismo que, a
propuesta de Miguel Ángel Arenas de Pablos, comencé a escribir sobre
moda en las revistas, Total y Rock Deluxe.
En pleno año 1981 hubo una heroína suprema en nuestra capital, doña.
Juana de Aizpuru. ¿Quién no recuerda la inauguración en Madrid la I Feria
Internacional de Arte Contemporáneo de España, ARCO? ¿No estamos
hablando de un inicio de década que puso a Madrid y a todos nosotros en
el epicentro del arte y la cultura internacional? ¿No es hoy ARCO un
manantial de riqueza en el más amplio sentido de la palabra? Sí, gracias a
una mujer, Juana de Aizpuru, un icono de nuestra cultura contemporánea
que era envidiada por todos aquellos hombres que no supieron ser como
ella. Y aunque supo divertirse, nunca alzó la voz.
Permítaseme insistir en que La Movida Madrileña, ese periodo tan excelso
para la expansión de España, generó puestos de trabajo que cuajaron en
ese crisol único de principio de los 80s. A esto hay que sumar las nuevas
corrientes creadoras que se afianzaron desde nuestra capital y el intenso
trabajo diario. Remarco que debería ser oficial el reconocimiento de La
Movida Madrileña como movimiento cultural.
Estoy dejando atrás muchas cosas, revistas tan importantes como La Luna
de Madrid, que bajo el concepto Pos Modernidad nació bajo la dirección
del insigne y admirable Borja Casani. Hoy pilota una acción artística
colectiva, El estado mental, con la editorial Volver a donde nunca hemos
estado. Pero en aquel tiempo atrás, también pudimos contar con los
apoyos de periódicos como El País, Diario 16, ABC, Informaciones…
No voy a dejar sin mención a performers tan decisivos como Pedro Gharel,
Paz Muro, Eva Lyberten y los hermanos Joe y Carlos Borsani, el Grupo GAD
de Teatro.

Pero la vida nos espera larga y podremos seguir hablando, aunque la
próxima vez quisiera escucharles yo a ustedes.
Señalo que existe, muchos de vosotros lo conocéis ya, la Asociación
Amigos para la Creación del Museo de La Movida Madrileña. Esta
asociación persigue la instalación del indicado Museo, así como, entre
otras, la consideración de La Movida como patrimonio cultural de Madrid
y su reconocimiento no solo a nivel nacional sino también internacional.

Y hablando de mi libro, PROXÉMICA, en cuyo prólogo Miguel Losada se
pregunta: “¿Qué es este libro? Pues no lo sé muy bien. Como pocas veces
me quedo ante sus páginas, estupefacto. En un principio algo
descolocado, un tanto ajeno al pensamiento riguroso que suelo procurar
seguir, en busca de los tantas veces estériles frutos del imperio de la
razón” …
Y para finalizar, voy a leerles las palabras que, a modo de análisis,
vienen manifestadas en la contracubierta, obra del también escritor y
filósofo, Juan José Gómiz León:
Proxémica. Así intitula el autor esta gavilla de textos, hermanada la
lírica con la prosa. Dice el diccionario de la Lengua Española que este
vocablo importado de la lengua inglesa define el uso que las personas
hacen del espacio en sus relaciones con los demás. Bien. Pero el autor nos
lo aclara mejor a su libre interpretación en el subtítulo: Proxémica es la
distancia entre humanos que establece nuestro pensamiento.
Y adelante con la lectura. Pero una vez la he concluido, debo hacerle una
advertencia al lector metódico que principie, como yo hice, por la
introducción, imprescindible; que sea obediente a lo que el autor le señala,
es decir, que no se detenga y pase página y página hasta encontrar donde
aquella “continúa más adelante”, es decir, al final, el tranco LXIX, donde la
introducción se trasforma en corolario, en escolio.
¿Dónde, a qué espacios trasladan los versos a su autor y al lector? ¿A qué
percepciones emocionales? ¿A cuáles afirmaciones dogmáticas o
interrogantes racionales? Depende. Esto, en lo que al poeta atañe, lo sabrá
él; en lo que, al lector, será cada cual quien le otorgue su personal sentido,
porque en no pocas ocasiones el poeta canta en términos crípticos, de

interpretación libre, en los que las palabras adoptan un significado
polisémico a criterio del lector. En otras, como en XXXIV, su canto elegíaco
es excepcionalmente directo y sentido, el dolor por la muerte prematura
de un miembro de la familia, arrojado su cadáver al contenedor, y la
autoinculpación por la generosidad traicionada.
Bucea el autor en su obra en trasfondos antropológicos, en la
neurofisiología de la percepción y las emociones, en las tres partes clásicas
que comprende la filosofía: Física, moral y la que examina las razones de
ambas, la dialéctica. Cita a Aristóteles, Platón y Heráclito, para quien la
única sabiduría era conocer el gnomen, la mente, Dios; maestro, escribe
Diógenes Laercio, de Hesíodo, Pitágoras, Jenófanes y Hecateo. Y a don
Juan Matus, el indígena yaqui depositario de la sabiduría tolteca, maestro
de Castaneda. Se pregunta el autor entre líneas de versos y párrafos si la
realidad es real, tangible, o si existimos en un universo de infinitas
realidades que nos son ocultas a los sentidos.
Y, como para muestra un botón, selecciono un lamentable poema:

Yo, Ghanem Azzam, aquí estoy hoy.
Tengo nueve años recién cumplidos,

esto no es más que la medida del tiempo sufrido desde que nací sin

talismán.

Soy de un país donde el polvo te come las fechas.

Allí mi familia brinda rasgando la arena con la yema de los dedos.

Corro imposibilitado por una tragedia.

Vivo a la espera del movimiento que cambie los mordiscos de mi

suerte.

Huyo para que no me aplaste esa fría,

punzante y diabólica representación de los vencedores.
No soy de hierro como les habrán dicho a ustedes, no.
Tras haber fallecido mi madre por los muchos kilómetros que
asfaltaron con nuestra sangre derramada en cada nausea,
Dios permitió que al menos yo llegara por fin a este hospital.
Hubo un jardín para las ramas que quisiera en flor.

Hubo un jardín hasta ayer, sí.

Hoy lo han regado con un racimo de genocidio.
Y cierro con este poema de Jaime Gil de Biedma.

Leído por el joven actor Diego Zalalla Gila.

Nunca volveré a ser joven
Que la vida iba en serio
Uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
Y marcharme entre aplausos

-envejecer, morir, eran tan solo las dimensiones del teatro.

Pero ahora ha pasado el tiempo
Y la verdad desagradable asoma:
Envejecer, morir,
Es el único argumento de la obra.

——-

Luis Ramón García del Pomar y San Emeterio.

23/05/2025

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