La huelga del metal de Cádiz termina tras tres semanas y 23 detenciones: “Están reprimiendo más que en 2021”
Según informa «El Salto»
Más de 16 días, un acuerdo firmado a espaldas de los trabajadores por parte del sindicato UGT con la patronal, una campaña de desprestigio en medios de comunicación e intervenciones públicas y 23 detenidos han desembocado en que los miles de trabajadores del metal en Cádiz que seguían con la huelga empujada por los sindicatos CGT y CTM hayan finalizado con los parones y vuelto a las fábricas. La decisión la tomaban el martes 8 de julio durante una de las asambleas diarias que desde hace tres semanas han realizado los huelguistas. Hoy miércoles los empleados han vuelto a sus puestos de trabajo con total normalidad. Desde el sindicato CGT, una de las organizaciones que junto con CTM ha liderado la huelga, explican que la decisión de detener los paros no responde a haber logrado lo que las plantillas merecen, sino al agotamiento físico y psicológico tras semanas de presión, amenazas, expedientes disciplinarios y detenciones. “Sabemos que hay un límite humano que se ha sobrepasado”, afirman.
Desde ambas agrupaciones de trabajadores han denunciado en los últimos días medidas ejemplarizantes y presiones por parte de las empresas a los trabajadores en huelga: “Es ilegal y denunciable decirle a los trabajadores cosas como que la huelga es ilegal”, explican desde la Coordinadora de Trabajadores del Metal Bahía de Cádiz. “No es fácil resistir cuando sobre la mesa empiezan a colocarse medidas ejemplarizantes, cuando la estrategia de la patronal, de las fuerzas represoras y sus adláteres sindicales es quemar a compañeros en la plaza del pueblo como medidas ejemplarizantes para que nadie más se atreva”, añaden desde CGT.
La huelga ha concluido con 23 detenciones. “Cuando ha empezado a trabajar a la gente es cuando están empezando a detener a compañeros. Esta vez no nos han enviado tanquetas, pero están reprimiendo más que en la huelga de 2021”, comenta desde la Coordinadora de trabajadores del metal
La huelga ha concluido con 23 detenciones, muchas de ellas cuando los trabajadores ya habían vuelto a sus puestos. “Cuando han empezado a trabajar a la gente es cuando están empezando a detener a compañeros algunos que solo han participado el 18 de junio; es una clara represión. Esta vez no nos han enviado tanquetas, pero están reprimiendo más que en la huelga de 2021”, comenta a El Salto una fuente de la Coordinadora de Trabajadores. El martes, la Policía Nacional detuvo a un trabajador gaditano mientras se disponía a coger un vuelo en el Aeropuerto de Madrid. Ese mismo día se produjeron otras tres detenciones en Cádiz. Con anterioridad y desde el pasado 1 de julio, se habían puesto en disposición judicial seis huelguistas. El resto de detenciones se realizaron a finales de junio tras las primeras jornadas de acciones sindicales. Las acusaciones a los trabajadores son desórdenes públicos y atentado contra la autoridad.

¿Qué pasa con el metal en Cádiz?
Elementos estructurales que conforman el “sentir metalero”
La vuelta a la normalidad en las más de 5.000 empresas que componen el sector del metal en Cádiz se ha hecho para miles de trabajadores con un sentimiento de “traición” por la firma el pasado 27 de junio de un preacuerdo entre UGT y la patronal del metal, FEMCA, considerado como “el peor convenio de la historia” por gran parte del gremio. El texto, que aún no se ha redactado de forma oficial, recoge la creación de nuevos contratos “formativos” con salarios menores a los estipulados, así como la obligatoriedad de que dure al menos ocho años sin cambios. Una de las grandes justificaciones al acuerdo que hacen desde UGT es la recuperación del plus tóxico penoso, que los trabajadores perdieron en 2012, pero su recuperación no se hará efectiva hasta 2030. CCOO se ha negado a firmar el acuerdo alegando que “será un convenio con el que malvivir ocho años”.
Desde CGT y CTM han denunciado el preacuerdo y consideran que no soluciona, sino que agrava los problemas que atraviesan los trabajadores del sector. “La traición no se olvida; los sindicatos que firmaron un preacuerdo de ocho años de miseria y sumisión han elegido su trinchera, no habrá olvido ni perdón para quienes se alinean con la patronal y venden a las plantillas por prebendas particulares y a saber qué más”, anuncian desde la agrupación sindical CGT. Ambos colectivos de trabajadores han insistido en que estarán atentos a la ratificación del nuevo convenio y que están dispuestos a volver a salir a la calle hasta alcanzar la dignidad para más de 25.000 trabajadores.
La Bahía de Cádiz y su gente siempre han estado íntimamente ligados a la lucha obrera. Una lucha que se detiene, sí, pero que siempre resurge; que a veces se frena, pero nunca desaparece del todo. Permanece ahí, envuelta en un incesante halo de malestar y precariedad que ha hecho del gaditano y de la gaditana un ser combativo, y de la industria del metal en la Bahía, un foco constante de protesta. Una protesta de quienes no temen cortar la calle, aunque eso signifique ser recibidos con una lluvia de pelotas de goma. Porque si algo le sobra a los gaditanos —como decía Carlos Cano— son “pelotas”. Pero, ¿Cuáles son los factores estructurales que han legitimado la precariedad de la clase obrera gaditana, y por ende, su constante malestar?
Cuando vi por primera vez al pueblo gaditano sumergirse en la protesta, la primera vez desde que tengo uso de razón, en el año 2021, no pude evitar sentirme orgulloso de que mis paisanos salieran a la calle para reivindicar sus derechos como trabajadores. Pero este sentir estaba envuelto en muchas preguntas que rondaban por mi cabeza, más aún, cuando me enteré de que no era algo “nuevo” y que no era la primera vez que el pueblo de la Bahía tenía que salir a la calle. Algo importante tiene que pasar para que ni la brutalidad policial sufrida en esa protesta (recordemos la tanqueta el 23 de noviembre de 2021) frene a los obreros del metal, me repetía constantemente.
La curiosidad luego se convirtió en rabia e impotencia, cuando llegue a comprender que el pan de mi gente estaba sujeto a una serie de factores estructurales que ni quemando contenedores ni cortando puentes habíamos conseguido revertir
Empecé a escuchar a mi padre, que había estado vinculado en alguna que otra protesta del sector en los años 90, a mi tío, que junto a su hermano fue una figura importante en el movimiento del 87, e incluso a muchos y muchas que jamás habían tenido una relación directa con la industria metalúrgica gaditana, pero que sabían de sobra cuáles eran los factores que tanto daño hacían a nuestra industria, a nuestra economía y a nuestra gente. Hice también algún ensayo en la universidad, me entreviste con distintas figuras sindicales, pasadas y presentes, y trate de resolver esas dudas que rondaban por mi cabeza con mucho trabajo de campo, mucha revisión historiográfica, y principalmente, mucha curiosidad, curiosidad que luego se convirtió en rabia e impotencia, cuando llegue a comprender que el pan de mi gente estaba sujeto a una serie de factores estructurales que ni quemando contenedores ni cortando puentes habíamos conseguido revertir. ¿Cuáles son los que considero primordiales?
“Todo empieza con la entrada en la Comunidad Económica Europea”. Esa fue una de las primeras frases que escuche salir de la boca de uno de los grandes referentes del movimiento del 87. Y es que, tal y como me explicaba a continuación, la fusión del mercado europeo en uno conjunto, impulsada por Felipe González, marcó un antes y un después en la economía de nuestro país. “No interesaba hacer barcos porque ya se hacían en otro lado”, continuaba. Parte de la industria de nuestro país dejó de ser importante en el marco de una economía “europeizada”, no solo fue la Bahía, fue Euskalduna (País Vasco), fue Ferrol (Galicia), fue Sagunto (Valencia), y fueron algunos puntos más de la geografía española, donde los principales focos de producción, y por tanto, de empleo, dejaron de ser rentables de cara a los ojos de Europa, y ahora, había que “reconvertirlos”.
Primero fue la “reconversión industrial”, impulsada por Carlos Solchaga, y luego llegaron las “ZUR” (zonas de urgente reconversión), ese eufemismo con el que se mal- llamaron a las zonas donde “hacer lo que se hacía” ya no interesaba. Se redujeron las plantillas, se eliminaron puestos de trabajo y después se recolocaron en otros sectores industriales, incentivados económicamente por el ministerio de industria de la época. Muchas de las empresas que se acogieron a estos incentivos, rápidamente cerraron sus puertas diciendo “si” al dinero y “no a la creación de empleo, y a los trabajadores, ¿Qué les quedó?, pues ni industria, ni trabajo. La reconversión se materializó en desindustrialización y abandono.
El pueblo de Cádiz luchó, incesante ante esta amenaza que apuntaba con destruir lo que, para pueblos como Puerto Real, era su sustento. Pero la lucha se tornó gris, llegaron las promesas, llegaron las “misteriosas” prejubilaciones, “los sordos del dique”, como hablaba interviú (haciendo referencia a las numerosas prejubilaciones por déficit auditivo que se dieron, de manera extraña, en el personal de los astilleros de la Bahía), y en ese momento, en el que entraron en juego todos esos elementos, quedó malherida, moribunda, la industria de los gaditanos.
Las subcontratas
Pero quizás fue por esa lucha, por lo que la industria gaditana quedó maltrecha pero no muerta en combate. Siguieron llegando barcos a los astilleros de la Bahía, en menor medida, pero llegaron, y además, se lograron acuerdos para favorecer esta llegada. “Hay un año.. el 2000 … a partir de ahí se unifica lo que es los astilleros militares con los astilleros civiles … y se unifica porque dice que es más fácil disimular las pérdidas de los civiles”. Pero, ¿Qué pasa cuando sigue existiendo demanda pero mucho menos constante y más disgregada en el tiempo?. La respuesta a esta pregunta es sencilla. Hacen falta trabajadores pero no hacen falta siempre.
Esta relación, tan propia del sentido común, supuso otro varapalo para la clase obrera y los trabajadores del metal de la industria naval gaditana. Las patronales saben esto y saben de donde tirar para hacer frente a esa demanda esporádica: las subcontratas, empresas auxiliares que dan respuesta a estas necesidades, pero que promueven la temporalidad en el empleo, la incertidumbre ante los despidos, el miedo, y en su fin último, un conglomerado de elementos que fomentan la precariedad de los trabajadores y las malas condiciones de estos.
Pero, ¿Qué sujeta a los clase obrera gaditana a una industria tan malherida?. Responder a esta pregunta supone afrontar muchas otras, como: ¿y que nos quedaría, el turismo?, ¿renunciar a nuestra tierra y nuestra cultura en busca de otras oportunidades?, son muchos los elementos que legitiman el resistir ante la precariedad laboral, pero recuerdo una relación que me marcó mucho en una de mis entrevistas: “tú imagínate, tú tienes dos críos y te dan un contrato de 6 meses …. tú aprovechas lo que puedas en estos seis meses, aunque te exploten, porque tú no sabes el séptimo si le vas a poder dar un yogurt a tu hijo, coño”. Y no hay más que eso. Cuando es el yogurt de tus hijos lo que está en juego, se trata de resistir, y la resistencia implica precariedad, pero también lucha.
La lucha obrera desde prismas diferenciados
Me di cuenta, a medida que iba acrecentándose mi interés sobre la temática, que la lucha obrera, a pesar de la fuerte connotación e indudable relación con el proletariado y la defensa de sus derechos laborales, es interpretada desde prismas bien diferenciados entre grupos sociales. Más aún, me di cuenta de que la lógica aplicada a este concepto, difiere según quien la apliqué, y principalmente, puestos a hablar de lucha obrera, hablemos de los sindicatos.
En Cádiz, ser “metalero” no es que te guste Metálica ni los Iron Maiden. En Cádiz, ser “metalero” es un sentimiento, es identificarse con la situación que vive tu vecino, que vivieron tus padres o tus abuelos. Es apiadarte de la situación de tu industria
En el contexto de la Bahía de Cádiz y la lucha del metal, siempre han existido distintos grupos sindicales, que a pesar de compartir intereses, no siempre han compartido la misma forma de llevar a cabo la lucha obrera. Primero fue CCOO, UGT, CNT, etc., luego, prosiguieron la mayoría y nacieron otros, CGT, CTM, etc. Los nombres han cambiado durante el transcurso de la historia, pero la dinámica con la que se desarrollan los movimientos sigue siendo similar. A unos grupos, con mayor peso en los comités de empresa y las mesas negociadoras, les gusta dialogar, y a otros tantos, sin tanto peso en estos ámbitos, les gusta la acción colectiva, la “calle”.
Me hablaba un profesor de sociología del trabajo de la universidad, el mismo que tutorizó uno de mis proyectos, de los significantes flotantes de Laclau, un filósofo argento-catalán. El concepto de lucha obrera, interpreto, que es uno de estos significantes. Un concepto que difiere, en sentido, según quien lo interprete. Es debido a esta dicotomía, por la que la lucha obrera de los gaditanos siempre ha estado marcada por confrontación y falta de diálogo entre sindicatos, dialogo que a veces se ha intentado (en 1987 se crea una coordinadora de sindicatos), pero que pocas veces se ha conseguido.
Es lógico comprender que a nadie le gusta que decidan por uno mismo, la autodeterminación, defendida por muchos de los sindicatos anteriormente mencionados, es primordial a la hora de conseguir logros representativos para los trabajadores, pero, ¿Qué pensarán los trabajadores si sus representantes no se ponen de acuerdo?, este fenómeno, tal y como me han expresado numerosos trabajadores, ha supuesto un enorme receso en la identificación con el movimiento sindical, y en términos cuantitativos, en el número de personas sindicadas.
El “sentimiento metalero”
Si de algo estoy seguro, es que en Cádiz y en los pueblos que conforman la Bahía, la lucha del metal trasciende del obrero. En Cádiz, ser “metalero” no es que te guste Metálica ni los Iron Maiden. En Cádiz, ser “metalero” es un sentimiento, es identificarse con la situación que vive tu vecino, que vivieron tus padres o tus abuelos. Es apiadarte de la situación de tu industria. Es solidarizar con el que lo pasa mal. Es aplaudir cuando los obreros que se manifiestan pasan por tu balcón. Es emocionarte con un “currante” que expresa la situación de toda una clase, sin tapujos, ante el alcalde. Es unirte cuando te alientan con gritos de “compañero, únete”
Miles de trabajadores del metal continúan la huelga en Cádiz contra el acuerdo firmado por UGT y la patronal
Porque en Cádiz y en su Bahía, la lucha no es una consigna. Es el pan. Es el miedo a no poder pagar el yogur de tus hijos, pero también la rabia de saber que no es culpa tuya. Que esto viene de lejos. Que lo llamaron “reconversión” para no decir “abandono”. Y que mientras sigamos teniendo barcos sin industria propia, contratos sin derechos, trabajo sin futuro, Cádiz seguirá haciendo lo que mejor sabe: resistir.

