CRONICA DE UN VIAJE POR LA REPUBLICA POPULAR CHINA
I parte

Por Ana Martínez Arenaza Muñoz
La Franja y la Ruta es para lograr objetivos de desarrollo común y la prosperidad común a través de fortalecer la construcción de infraestructuras y la interconexión de varios países, acoplar las estrategias de desarrollo de varios países y la cooperación práctica.
Xi Jinping (Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional 2017)
Coincidiendo con el inicio de la guerra arancelaria que el mandatario norteamericano Donald Trump ha iniciado contra un gran número de países, y especialmente contra la República Popular China, se celebró el pasado día 3 de abril la presentación del curso del PCE de la Franja y la Ruta en el local de CCOO de Madrid. Este acto contó con varios asistentes internacionales y militantes y simpatizantes del Partido, y en el mismo intervinieron el Secretario General del PCE, Enrique de Santiago, el Presidente Jose Luis Centella y el Embajador de China en España, Jao Jing.
Nos contó el embajador algunos de los elementos de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que desde el 2013 se ha convertido en un proyecto de colaboración entre varios países tratando de favorecer la apertura y la ganancia mutua de los participantes. Mas de 120 países y más de 30 ONGs forman parte del proyecto. La intervención también se refirió al próximo viaje del presidente de España, Pedro Sánchez, a China, a los proyectos de colaboración actualmente existentes con España referidos a diferentes temas, aunque sin un documento oficial donde se sustenten, y a las negociaciones que van a darse ahora sobre inversión, comercio, etc. negociándose un documento de colaboración con más de diez acuerdos.
En estas conversaciones, frente a la política de Estados Unidos negativa para el comercio mundial y también como planteamiento ante la UE, China plantea la colaboración multilateral, ya que ningún país puede desarrollarse sin ayuda del resto del mundo, el comercio no puede destruirse por un país y es necesario garantizar la estabilidad de la cadena industrial y de suministros y promover un entorno comercial abierto.
Todas las intervenciones hicieron descripción del complicado entorno que estamos
viviendo, no solo por la imprevisibilidad de Trump, también por ignorar el Derecho
Internacional. Frente a esto China, en base a su modelo de socialismo con características chinas prioriza la estabilidad y el desarrollo a largo plazo que se desarrollan en décadas con un sistema público de consulta permanente y asambleas populares para la toma de decisiones. La iniciativa de la Franja y la Ruta plantea un destino compartido con toda la humanidad, que se ha visto reflejada en la asistencia sanitaria durante la pandemia, en las políticas de erradicación de la pobreza y de desarrollo global sostenible y en la Iniciativa de Seguridad Global, que se basa en el respeto a la soberanía de cada Estado y que ninguna civilización tiene preponderancia sobre las demás, y todas pueden cooperar con igual entendimiento.
Sirva esta introducción sobre este importante acto para iniciar la crónica del viaje que mi compañero y yo realizamos en octubre del pasado año 2024 por la República Popular China, volando en un rápido y cómodo vuelo directo de 11 horas con la compañía estatal Air China. Sobre este vuelo destacaré también la profesionalidad y amabilidad del personal de esta compañía, claro ejemplo de la tónica general de trato y eficacia que luego veríamos por toda China.
Coincidió la llegada a Beijing con la Golden Week 1, que se celebra del 1 al 7 de octubre y es un gran movimiento de gentes de unas ciudades a otras, o bien a ver a familiares o a visitar el país, por lo que estaban todas las calles bastante llenas. El año anterior ya habíamos tenido ocasión de visitar tanto la Gran Muralla como la Ciudad Prohibida y el Templo del Cielo por lo que el primer día, que además era también aniversario de la proclamación en la plaza de Tiananmen de la República Popular China, tratamos de acercarnos a la plaza; misión imposible por la enorme afluencia de gente. El Novotel Beijing Peace, donde estábamos alojados, tiene una curiosa historia también por ser donde en 1952 se iniciaron las negociaciones para finalizar la Guerra de Corea. Contábamos del viaje anterior con varios viajes sin usar en la tarjeta de metro, que aprovechamos para desplazarnos por la ciudad y acercarnos a la zona de Hinyu, donde los barrios tradicionales de hutongs están algo más alejados del centro, y aunque había también mucha gente podíamos movernos mejor. Los hutong son callejones estrechos que forman parte del casco antiguo de Beijing, y tienen gran animación, tiendas, etc. Algunos han sido lamentablemente derruidos o reformados para construir viviendas modernas, pero siguen quedando en algunas zonas ejemplos claros de ellos.
Por el camino observamos a oleadas de ciudadanos con pequeñas banderas del país, edificios adornados, y por supuesto las omnipresentes bicicletas para uso general, cuidadas y cómodas. Es común en todas las ciudades la iluminación de edificios entre las 8 y las 10 de la noche. Terminamos el día disfrutando de una deliciosa cena de pato laqueado. Al día siguiente visitamos el Palacio de Verano, patrimonio de la humanidad situado junto al lago Kunming. El palacio original fue destruido por británicos y franceses en el siglo XIX en la segunda guerra del opio, se reconstruyó en 1880. Como ya habíamos observado el año anterior y fue una constante en este viaje, es muy común en las mujeres chinas posar ante edificios históricos, paisajes y jardines con ropas tradicionales, complicados peinados y maquillaje de polvos de arroz. Gustan mucho de realizar adornos florales con gran diseño y belleza.
Visitamos el Memorial de Li Dazhao 3 en su antigua residencia en el hutong Wenhua. Allí se reunían los militantes del Partido Comunista Chino en 1920. Este fundador del Partido fue ejecutado con otros 19 comunistas en 1927 por el Kuomintang de Chiang Kai-Chek.

El último día en Beijing y tras hacer dos horas de cola pudimos entrar al Mausoleo de Mao Zedong y depositar flores de homenaje a este histórico y gran comunista fundador de la República Popular China. No pudimos acceder al Museo Nacional de China, pero sí visitamos la torre del tambor y la campana, que históricamente servían de relojes. Sobre el lago Quanhai cruza el puente Yinding, del siglo X. Beijing tiene un importante número de templos taoístas, budistas y lamaístas y también alguna Iglesia católica como la de San José. Esto da clara muestra del sincretismo, la apertura y la multiplicidad de la sociedad china.
Un apunte sobre los comedores comunitarios donde puedes sentarte en cualquier lugar a comer o beber de los diversos puestos de los alrededores las más variadas viandas, y beber desde cervezas de diferentes marcas del país hasta refrescos enfriados con hidrógeno líquido.
Emprendimos al siguiente día viaje hacia Shanghái en tren bala. Todos los viajes los hemos hecho en tren, descubriendo una fantástica red ferroviaria de trenes de alta velocidad, cómodos, bien señalizados, accesibles, amplios, con vagones restaurante y con comida económica y de calidad. China tiene 48.000 km. de líneas de alta velocidad, que van ampliándose de manera rápida, con una velocidad de más de 300 km/h, siendo el país con más kilómetros para este tipo de trenes. Los billetes se venden con dos semanas de antelación a un precio muy asequible, por eso es el medio de transporte más usado por la población.
Desde el tren contemplamos la provincia de Hubei. El recorrido fue una gran sorpresa por el elevado número de nuevas construcciones que se están realizando, la mezcla de zonas rurales y urbanas, algunas muy modernas. Observamos también las grandes inversiones en energías alternativas y repoblaciones de árboles, aunque también se mantiene todavía un elevado número de centrales térmicas y nucleares.
Shanghái es una ciudad de 30 millones de habitantes, todas las ciudades que hemos visitado tienen una población muy elevada. Es una ciudad muy moderna, con grandes rascacielos, y el mayor centro financiero de China. Atravesada por el río Huangpu, su edificio más alto y el tercero del mundo (632m. de altura) es la Torre de Shanghái, diseñado para resistir terremotos de nivel 8 y vistas a toda la ciudad. Desde lo alto observamos la Torre de la Perla Oriental, el Barrio inglés, la Concesión francesa y el Bund.

La Concesión Francesa data de 1849, tras la primera guerra del opio y la inglesa (el Bund) de 1863 tras los llamados ‘Tratados Desiguales’ con el imperio chino. Son edificios coloniales de construcción occidental, herencia del “siglo de la humillación”, como llaman a esos años en que Occidente impuso a China una situación de explotación colonial y opresión. Japón conquistó Shanghái en noviembre de 1937 durante la segunda guerra chino- japonesa. En la Concesión francesa vimos el edificio donde en 1921 se celebró el I Congreso del PCCh. En el Museo de este edificio, visitado también por mucha gente, vimos una impresionante exposición de la historia de la Revolución china y los años posteriores, con fotos, películas, documentos gráficos, etc. Conseguimos aquí un ejemplar del “Libro rojo” de Mao, curiosamente difícil de encontrar en librerías.
Jardines como el de Yuyuan (de piedra jade), templos taoístas como el del dios de la ciudad, donde hicimos ofrenda de incienso o el Templo del Buda de Jade del siglo XIX o la calle Nanjinglu, donde edificios antiguos conviven con rascacielos, completaron nuestra amplia exploración de la ciudad.
Es una ciudad cosmopolita y ecléctica, donde productos tradicionales conviven con el último modelo de teléfono móvil, mucho más modernos que los que se venden en España. Nos llamó mucho la atención cómo la policía china evita de manera eficiente incidentes en los grandes movimientos de multitudes en hora punta a través de la ciudad. También nos pareció curioso, en lo relativo a las generaciones jóvenes la gran afición por el anime y el cosplay 4, con muchas tiendas dedicadas a estas actividades de origen japonés.

Al igual que en Beijing, y luego en otras ciudades chinas nos movimos en metro, también barato, cómodo y bien señalizado. Pese a la eficacia del transporte público muchos chinos se mueven en coche. Estos son muy baratos y en su mayoría eléctricos (no se considera ecológico un vehículo híbrido en China).Al día siguiente visitamos las localidades de Suzhou y Tongli, la primera de 8 millones de habitantes y la segunda un pueblo de 24.000.
Suzhou es también llamada “La Venecia de Oriente” con bellos y limpios canales, citada ya por Marco Polo en el s. XIII; es un importante centro comercial y cultural, y una localidad muy turística y tradicional. Destacan el Museo del Abanico, el Gran Canal 5, que es el más importante de sus numerosos canales, sus casas del siglo XV y XVI y sus jardines:
especialmente el Jardín del Administrador Humilde 6 , que data de la dinastía Ming y se considera el jardín tradicional chino perfecto, con una importante colección de bonsáis. Fue reconstruido en los años 50 tras grandes daños provocados por los japoneses.

La localidad de Tongli data de la dinastía Song, hace más de mil años. Se dedica a la pesca y al comercio. El llamado “pueblo del agua” nos deja ver gran número de juncos navegando por canales bajo hermosos puentes. Vimos allí también muchas sesiones fotográficas con trajes tradicionales, citas del “poeta inmortal” Li Bai, y gran número de gente jugando al ajedrez, go, mahjong 7 en sus parques, además de bailar, cantar y practicar tai chi 8. Estas aficiones fueron también una constante en los parques chinos de todas las ciudades que vimos, tanto de gente joven como mayores. Vimos una representación de la ópera Wu (teatro tradicional de historias costumbristas) y comimos pescado blanco con tofu.

Tras ver la Casa del Mandarín con un famoso juego de go y el bello “Jardín de la reflexión”
nos dirigimos de nuevo a Shanghái para coger el tren bala a Hangzhou.
A la mañana siguiente emprendimos la exploración de esta ciudad de 8 millones de
habitantes comprobando la eficiencia de su servicio público de correos, del que tuvimos que hacer uso para enviar unas postales. Al igual que en Beijing o Shanghái, las calles peatonales son importantes (todas las ciudades chinas las tienen), con puestos de todo tipo. Es relevante que son peatonales para coches y motos de gran cilindrada, pero en muchas de ellas sí pueden circular ciclomotores y bicicletas. En el distrito de Qinhefang nos encontramos por primera vez con las tiendas “Хорошо» que ahora están poniéndose de moda en el país y que venden productos típicos rusos, aunque me temo que en algunos casos fabricados en la propia China.
En esta ciudad aprendimos mucho sobre la Farmacia y la medicina tradicional china
visitando una antigua farmacia, que sigue activa. Este conocimiento milenario ha sido también adaptado a las universidades. En China se conocen desde hace más de 5000 años técnicas como la anestesia, la higiene quirúrgica…

Visitamos la Residencia Hu Xueyan de la dinastía Quing, comerciante y banquero de la aristocracia china prerrevolucionaria, los restos de la muralla, el Pico Volador, que con más de 300 estatuas de Buda talladas en roca es también Parque Nacional, el Templo de Lingyin de 1628, llamado también “Templo de retiro del alma” con el “Pabellón de los cuatro Reyes Celestiales” y sus 504 santones budistas y las grutas de Fei Lai.
Del Lago del Oeste también habla Marco Polo en su ‘Libro de las Maravillas’ 9, con templos, pagodas y embarcaderos, y es todo público.
En los campos de té de Longjing 10 probamos esta bebida, muy importante en la cultura china. Donde estuvimos se denomina “Campo de la Amistad Chino-soviético” y está también el memorial del gran teórico del PCCh, Zhou Enlai.Al día siguiente emprenderíamos viaje en tren a Nanjing, pero eso ya queda para el
siguiente artículo.

