TRIUNFO DE LA EXTREMA DERECHA EN EL REINO UNIDO
LA AUSENCIA DE LOS COMUNISTAS EN LAS ELECCIONES ,LO MISMO QUE OCURRE EN TODA EUROPA,CONDUCE EL VOTO DEL DESCONTENTO HACIA LA EXTREMA DERECHA
Foto: Chris J Ratcliffe/Getty Images
HISTORIAL DE UN FARSANTE
Nigel Farage es autor de un amplio historial de zarpazos electorales que anticipan un terremoto político. En las elecciones europeas de 2019, el entonces Brexit Party obtuvo un 31% de los votos y la primera posición. Laboristas y conservadores quedaron terceros y quintos, respectivamente. En las generales de julio del año pasado, su nuevo partido, Reform UK, entró por primera vez en la Cámara de los Comunes con cuatro diputados. Había obtenido 4.100.000 votos, frente a los 6.800.000 del Partido Conservador, pero la basura tramposa de un sistema electoral mayoritario que beneficia extraordinariamente a los dos principales partidos logró una vez más arrinconar al populismo de derechas. Este sistema electoral mayoritario, que también existe en España, no es más que un desprecio manipulador a la esencia de la democracia pues ejecuta uno de sus principios básicos: un ciudadano un voto.
Las elecciones locales celebradas esta semana en Inglaterra han sido de suma importancia. Las reglas del juego han empezado a cambiar, y el Reino Unido se parece ya más a los países europeos donde un discurso radical contagia el ambiente político.
Reform UK ha sido el ganador de esos comicios: de 1.600 concejales en juego, se ha hecho con más del 40%. Ha obtenido por primera vez una alcaldía, la de Greater Lincolnshire, y ha arrebatado al Partido Laborista del primer ministro, Keir Starmer, el diputado de la circunscripción de Runcorn & Helsby, hasta hace nada un feudo indiscutible de la izquierda.
Claro, que desde los chicos de las fundaciones neoliberales como la de Madeleine Albright o las de Open Arms fueron colocando sus peones dogmáticos en todas las direcciones de los partidos de la izquierda, la izquierda ya no es de clase ni obrera sino keynesiana al más estricto gusto social liberal. Un hecho constatable en toda la U.E dónde ya nadie defiende la planificación económica, ni las nacionalizaciones, ni las sociedades de pleno empleo.
¿Hasta qué punto una clase obrera condenada a la precarización y al desmantelamiento de sus derechos históricos y a competir con un incesante flujo de mano de obra foránea por los mismos trabajos y las mismas viviendas existentes en el mercado de alquileres, no han hecho otra cosa que provocar un voto de castigo, un voto de desesperación hacia las nuevas formas con las que se presenta el viejo fascismo?
“Nigel Farage tiene, por fin, una maquinaria política eficaz, profesional y bien organizada detrás de él. Una capaz de hacer frente al profesionalismo sin escrúpulos del Partido Laborista de Keir Starmer y derrotarlo, aunque sea por un pelo, en la batalla por el escaño de una circunscripción que la izquierda tenía aparentemente asegurada. Y una maquinaria capaz de destrozar a los conservadores en territorios pro-Brexit como Lincolnshire y Staffordshire”, escribía el periodista y escritor Andrew Marr en la revista New Statesman.
Farage y sus dos enemigos
En las calles de Runcorn, el caldo de cultivo del resentimiento en el que Farage se mueve como pez en el agua se había extendido por gran parte de la ciudad. Hartazgo con los políticos, sensación de abandono, miedo a los recortes en las ayudas sociales y rechazo a la inmigración. Sobre todo, rechazo a la inmigración.
“No soy el Señor Blandito. Soy quien soy, y me tomas o me dejas. Hablo muy claro. Digo lo que creo. Si te gusta, fantástico. Si no, me da igual”, proclamaba desafiante Farage el viernes, al celebrar la victoria de su partido. Y añadía: “Hay una mayoría silenciosa que cree en las cosas en las que nosotros creemos. Westminster y gran parte de los medios no tienen ni idea de hacia dónde se está moviendo este país”.
Pero si, sí tenemos idea los europeos de hacia dónde se está moviendo, no sólo el Reino Unido, sino toda Europa. Lo vemos todos: hacia la extrema derecha totalitaria que precisa de chivos expiatorios y odios a los débiles para ganar los votos que las contradicciones del capital le regalan.
“A partir de ahora somos el principal partido de oposición al Gobierno”, sostenía el viernes Farage.
“ Suponen un desafío tanto para laboristas como conservadores en toda Inglaterra”, afirmaba Giles Dilnot, el director de ConservativeHome, la página web a la que acuden muchos tories para entender la realidad interna de su partido.
La líder de los conservadores, Kemi Badenoch, tan radical y populista en su discurso como Farage no convence a la Inglaterra profunda, sabe que pronto comenzará a ser cuestionada internamente .
La derrota ante Reform UK en Runcorn, la 16ª circunscripción más segura de toda Inglaterra, hasta ahora, para la izquierda, es un cuestionamiento en toda regla de un Gobierno apenas diez meses después de llegar a Downing Street. Muchos de sus diputados, todavía sin dar la cara públicamente, cuestionan los recortes sociales llevados a cabo en aras del rigor presupuestario, y el discurso de naturaleza conservadora en asuntos como la inmigración o el movimiento trans.
Pero también el entreguismo laborista a los Señores de la Guerra, defendiendo un discurso idéntico a los conservadores, en cuanto a la defensa de la fascista Ucrania y de un Zelenski que gobierna con un mandato agotado desde hace un año y medio, donde secuestran por las calles a ciudadanos para llevarlos al frente y en dónde diecinueve partidos políticos permanecen prohibidos y sus líderes desaparecidos.
El Partido Laborista defiende el sueño húmedo imperial de hacer a toda costa la guerra a Rusia, enfrentándola con los europeos para arruinar cualquier esperanza de que Europa sea una potencia que eclipse los intereses imperiales británicos. Entonces ¿si en nada se diferencian conservadores y laboristas, por qué lloran?
El sociólogo John Curtice, uno de los analistas electorales más escuchados en el Reino Unido, lo explicaba así: “El Partido Laborista ha tenido la suerte de tener que defender poco más de trescientos representantes en estas elecciones locales [frente a los más de mil que tenía el Partido Conservador]. Aun así, el partido ha perdido prácticamente la mitad de sus concejales. Y en la mayoría de los casos se los ha arrebatado Reform UK. Han perdido nueve puntos porcentuales de apoyo desde 2021”.
Cómo vemos desde hace décadas, los analistas son los peores analistas políticos de la especie humana desde que la historia escrita existe. Pretenden confundir el deporte con la política, como si esta se tratara de un partido en el que lo importante es quién obtiene más puntos y marca, pero desprecian cualquier análisis serio acerca del conflicto entre las clases como el único motor histórico.
La victoria de Reform UK en las elecciones locales deja ver en el hecho de que el partido de Farage haya podido presentar candidatos para todos los puestos municipales en disputa la constatación de que el populismo de derechas se ha convertido en una estructura organizada y extendida por el país que puede dar finalmente un vuelco al panorama político.
La atomización ideológica de la izquierda en grupos que son Reinos de Taifas a la izquierda de las formaciones socialdemócratas ya han demostrado que no son la solución a nada. Se dedican a improvisar, a presentarse como meros gestores de un sistema al que pretenden que sea con ellos un poco más social pero sin dar soluciones. Carecen de ideología y confunden la conquista de derechos civiles con la defensa y conquista de nuevos derechos sociales. Son harinas refinadas que dañan el cuerpo que las consume por su exceso de glucosa.
La única alternativa para frenar a los Trump, Farage, AfD, Front Nationale, Bukales o Mileís son la vuelta a la izquierda de Manual, la que no mira para otro lado a la hora de señalar el origen de los verdaderos problemas, la contradicción de intereses capital-trabajo, la vuelta (por mucho que les espante y disguste a algunos) de los Partidos Comunistas en Europa y en el mundo. Los que recuerdan que el enemigo no es el que tenemos enfrente si no el que está arriba y pretende enfrentar a los de abajo para seguir gobernando. Los que frente al manta de «democracia liberal» no tienen pelos en la lengua de hablar de democracia socialista y mercados regulados y, con la fuerza de la ideología, adquirir presencia suficiente para anclar a los partidos socialista a la izquierda a la hora de componer gobiernos. Lo otro es no salir del Bucle para terminar dando el poder a los que pretenden un planeta sin ningún derecho para la inmensa masa humana de desfavorecidos y maltratados de la tierra. Vosotros mismos.
