ARMANDO LÓPEZ SALINAS
«LO QUE NO SE CONSIGUE EN LA CALLE NO SE CONSIGUE NUNCA EN UNA MESA DE NEGOCIACIÓN»

Armando nos dejó, sin nunca irse, un 25 de marzo del 2014 . Tiempo de Tormentas quiere recordarle y reivindicar su memoria y trabajo este once aniversario de su fallecimiento.
Nuestro autor es el ejemplo más extremo del marxismo abnegado que se entregó a la literatura por tener fe en su función política.
de reflexionar sobre los problemas sociopolíticos de la España de su tiempo.Nunca se desvió de su camino de activista. Por este motivo su creación fue silenciada y casi anulada por la censura franquista. Abandonaría la literatura en 1967 y desde la transición a la democracia se dedicará plenamente a la política.
Armando López Salinas nació en Madrid el 31 de octubre de 1925. Su padre fue un anarquista amigo de Buenaventura Durruti. Su formación fue autodidacta. Con sólo catorce años de edad fue encarcelado. Él abandonó la tradición familiar anarquista e ingresó en el Partido Comunista de España.Con apenas 14 años, recién terminada la Guerra Civil y con su padre preso, comenzó a trabajar. En fábricas, en el campo, como pintor o como «portador de la maleta de un representante de zapatos por Madrid».
Apenas con 16 años, en plena posguerra, se juntaba con sus vecinos del barrio para escribir «panfletos» comunistas y lanzarlos a la calle bajo la firma del PCE y a los 50 celebraba la muerte de Franco en un calabozo de Madrid cantando La internacional. Estaba terminando la II Guerra Mundial.
Con veinte años, ingresó en la Escuela de Ingenieros Industriales donde cursó tres años en la especialidad de Delineante-Proyectista, profesión que ejerció buena parte de su vida.
En el año 1959 aproximadamente cuando comenzaría a trabajar como corresponsal en Madrid en Radio España Independiente, en La Pirenaica, donde escribió «más de mil crónicas» que serían leídas para España desde Bucarest, la emisora clandestina que más tiempo estuvo en antena.
Ese año López Salinas fue finalista del premio Nadal en 1960 con la obra Caminando por las Hurdes. Y promotor del manifiesto en apoyo a la huelga minera de 1962 que suscribieron 102 intelectuales.


Recibió en el Premio Antonio Machado en 1962, que concedía la editorial Ruedo Ibérico en París, con ‘Año tras año, una novela que no se pudo publicar en España, durante la dictadura franquista, por «atentar contra el régimen y sus instituciones» .

Foto: Salinas con Angel González y Isabel y Josep María Castellet y Jesús López Pacheco

Este obrero nacido en el madrileño barrio de Chamberí no escribe desde la distancia, sino como parte de la clase obrera.
En LA MINA , novela publicada en 1959 y finalista del Premio Nadal ese mismo año, García cuenta su experiencia en las minas de Almadén (Ciudad Real)Es un veneno el mercurio, muchachos. Te entran temblores y una soñera que te duermes de pie. Los hombres duran pocos años; se mueren tísicos o les da el baile de San Vito; parecen viejas de ochenta años». La lucha de clases es también topográfica. Frente a la realidad de los pozos carboneros de un pueblo minero, entre los árboles más altos y donde se columbran las edificaciones blancas, viven el director de la mina y los ingenieros; en casas con jardín, fuentes con chorros de agua, rosas azules y piscina. Uno de los obreros dice que en las galerías el polvo se introduce en los pulmones y al principio produce vómitos, «pero en seguida te acostumbras y casi no lo notas». Han de trabajar casi en cueros, a temperaturas de más de cuarenta grados: se hacen viejos muy pronto.
La suya ha sido una vida dedicada a la lucha «de los humillados de la tierra». Su batalla ha sido la batalla de la clase obrera. «Los más de cinco millones de parados, los recortes en Sanidad, el asalto que sufre la democracia o como dice Armando el «diluvio universal de mierda» que sufre España es una muestra de que la lucha de clases nunca desapareció para el capitalismo. «Ellos sabían que estaban en lucha, muchos de nosotros no».
Armando López Salinas es uno de los máximos representantes del realismo social español.Su militancia en el Partido Comunista contribuye a que su obra narrativa se encuadre en el realismo social y el tema que las une sea la lucha de clases; por ello, casi todos sus textos sufrieron censura literaria y vieron la luz en su primera edición incompletos.
Año tras año, su segunda novela, fue publicada en 1962 por Ruedo Ibérico, y en junio de 2015 por una editorial sin ánimo de lucro, Dyskolo. También aquí la atención a los personajes revela un mundo de explotación laboral y lucha de clases. «Han ‘pegao’ muy duro en este país. Nadie lo sabe mejor que la clase obrera (…)». «Sí, chico, sí. Pero yo me consumo vivo. Con lo que gano no me llega para nada; las camisas que llevo son las viejas de mi padre», responde uno de los obreros. En la parte final del libro los trabajadores hablan sobre un boicot de 24 horas en el transporte (autobús, metro y tranvía), que históricamente se refiere al ciclo de huelgas de 1951 contra la dictadura franquista. Los diálogos dejan entrever que se está ante un tiempo nuevo, y que los comunistas están organizando a las clases populares. Una novela de 530 páginas, que se inicia con el golpe del coronel Casado en los estertores de la guerra de 1936.
Ambos novelas fueron retransmitidos, en forma de serial, en Radio España Independiente, «La Pirenaica», con lo que aumentó la difusión en principio muy limitada.
A continuación Tiempo de Tormentas a modo de homenaje a su persona reproduce algunas de sus declaraciones al periodista José Antonio Dominguez, qu le entrevista para Mundo Obrero :
«Antes de iniciar el cuestionario preparado, el autor de “Año tras año” rompe “el protocolo” y enuncia con una candente actitud crítica un breve diagnóstico de la realidad, empujado quizás por una quemazón en su biografía que se niega a estar al margen de las circunstancias»:
«La crisis económica ha generado una crisis cultural y de valores en estos últimos años de la historia. Se ha estado pugnando en varias direcciones desde los inicios de nuestra democracia. Para unos, la conquista de las libertades y la supresión de la censura fue la liberación, pero para otros un trampolín, es decir, la revolución cultural soñada por nosotros no acudió a la cita el día y la hora de las libertades democráticas. La revolución cultural, en su sentido profundo, no fue posible porque no conseguimos una ruptura. Ahora los viejos valores siguen enraizados y tienen una presencia real en nuestro país. Ahí está la “nueva” Ley de Educación que nos remonta al más duro franquismo, una ley que es el paradigma de neoliberalismo económico, cuyo fin es el paulatino desclasamiento y la formación de élites, es decir, la creación de los nuevos perros guardianes del capitalismo».
Así definía Armando su realismo social:
«Mi realismo nace después de la victoria fascista y lo aprendí en las calles de Madrid que recorrí palmo a palmo. Mi primer trabajo fue acompañar a un vendedor de zapatos que, al no tener dinero, no podíamos coger ni el metro ni el autobús. Y yo con la maleta a cuestas. Después trabajé en diversos oficios. Empiezo a estudiar por la noche en la escuela de Ingenieros Industriales proyectistas que me abre la posibilidad de conectar con gentes que teníamos las mismas preocupaciones. Así, que recuerde, estaban, entre otros, Alfonso Sastre, Antonio Ferres… y, en pequeños seminarios, se hablaba y discutía de novelistas de la literatura norteamericana como William Faulkner y John Dos Pasos, aunque nuestra preocupación era resolver con solvencia los problemas que creaba la censura, debatíamos la técnica llamada del “objetivismo” –una novela objetivista sería una mediación para dar noticia del mundo real– fue el tema central de nuestros debates, porque creíamos que era una manera de eludirla. Entonces, no teníamos modelos. Existía un sentimiento de aprender por nosotros mismos que se incentivaba ayudada por la praxis del intercambio de libros que comprábamos en las trastiendas de las librerías, o traídos clandestinamente del extranjero».
¿Cuáles eran los objetivos de este tipo de literatura que recuerda los libros de aventura de carácter romántico y científico?
«Dar a conocer el país en que vivíamos. El origen o cómo se generó Caminando por las Hurdes está en las lecturas que realicé de libros de viajeros, pero sobre todo se impuso el recuerdo de Luis Buñuel, con quien tuvimos un encuentro para conversar sobre su película y obtener información. El libro apareció, como homenaje, con algunos de sus fotogramas. Y nos preguntamos ¿qué España es ésta? qué ha cambiado en este país desde el viaje de Alfonso XIII con el doctor Marañón? Para ello procuramos escribir el libro con mucha objetividad para superar cualquier tendencia, porque con la elección de cualquier tema, aunque el tratamiento del relato sea objetivo, implícitamente estamos denunciando lo que ocurre o cómo era la situación social y religiosa de aquella geografía. Nos distanciamos a la manera de Brecht, aunque no había leído todavía al autor de Galileo Galilei. También es una respuesta ideológica, aunque no programada, al tremendismo que Camilo J. Cela, por ejemplo, utiliza en su Pascual Duarte».
«Quiero recordar un hecho muy importante» (Armando L. Salinas ):
«La aceptación de la Monarquía por el PCE. Cuando Santiago Carrillo vino a Madrid en 1976, tuvimos una reunión de la que prácticamente se sabe poco en un molino de la provincia de Guadalajara. Una reunión sorprendentemente mal montada por la dirección del Partido de Madrid. Antes de esta reunión, Santiago Carrillo ya se había reunido con Adolfo Suárez y con Felipe González. En ella, tuve con él una pequeña confrontación, apoyado por dos más de los que estábamos reunidos en la que defendí el documento de la Platajunta, denominado “Manifiesto a los pueblos de España.” Mi intervención fue que si teníamos que aceptar la Monarquía, dada la situación política en que nos encontrábamos con relación al contexto político, deberíamos hacerlo por imperativo legal, pero que tenía que quedar claro que nuestra forma de Estado seguiría siendo la República y seguir con las movilizaciones en la calle para exigir elecciones generales, y estar presente, no como una agrupación de electores, según la voluntad de Suárez, sino como Partido Comunista de España. Y si nos dejaban fuera de la legalidad, en ese momento no aceptaríamos la Monarquía y el PSOE pagaría un precio alto por nuestro aislamiento. Se me dijo que aplicaba la lógica formal y no la dialéctica»

«No hay una vía rosa para el Socialismo» (Armando L. Salinas):
«Y en cuanto al eurocomunismo que, por aquel día, se presentaba solemnemente en Madrid, tenía una idea muy aproximada a Manuel Sacristán que decía que era inane culturalmente e ineficaz políticamente, es decir, no hay una vía rosa hacia el socialismo. Y sobre la Transición creo que saltó por los aires hace muchos años. Hoy es papel mojado. No dio ni da soluciones hoy a los problemas fundamentales del país».
«La crisis que vivió el PCE a partir del triunfo del PSOE en 1982 y su descenso electoral, fue el desencadenante de luchas internas o producto de un malestar provocado por cuestiones ideológicas» (Armando L. Salinas):
«Como ocurrió en Francia en 1789 que, durante la revolución, la burguesía cabalgó sobre las espaldas de los sansculotte, algo similar ocurrió aquí. En la bajada electoral hay una traslación mecánica en un tiempo donde la guerra fría es otra, el desarrollo económico beneficia a las clases medias, el discurso ideológico publicitario del felipismo, la ofensiva ideológica contra el PCE y una situación en los países del Este que empiezan a desmoronarse. También porque nuestra lucha se realizaba fundamentalmente dentro de las instituciones, cuando nuestro lugar natural había sido la calle».
Armando López Salinas fue subdirector de Mundo Obrero diario en aquella sede de Santa Catalina que duró tan poco porque «los capitanes cansados» decidieron venderlo para comprar la sede de Santísima Trinidad, que el PCE también terminó perdiendo. Cómo si aquella generación de dirigentes del Partido Comunista tuviera prevista su jubilación como revolucionarios. Algo que no afectó a Armando López Salinas quién pasó a ser director de Nuevo Rumbo (periódico del PCPE) y miembro de su Comité Central y Secrtariado al lado del histórico dirigente Ignacio Gallego. Ahí también arranca su amistad con Tafaya, cuando éste era director de Avant, el periódico en catalán del Partido Comunista de los Pueblos de España.
EL AUTOR Y LA OBRA
Su obra literaria no es extensa pero sí de gran valor, sus novelas se sitúan en el realismo propio de la década de los cincuenta y destacan por la calidad de su escritura. Su primera novela La Mina, apareció en 1959; Caminando por Las Hurdes, obtuvo el Premio Machado en 1962; le siguieron Por el río abajo, colaboración con Alfonso Grosso, editada en 1966; Viaje al país gallego, junto con Javier Alfaya; y Crónica de un viaje y otros relatos, de 2007

LA MINA su obra más significativa, y asimismo una de las obras más relevantes del realismo social en España.Las dos principales ediciones ediciones fueron las de 1960 y la de 1968, en la editorial Áncora y Delfín. La censura suprimió en ambas veinticuatro fragmentos, los más revolucionarios, que en esta excelente edición están marcados e indicados con notas a pié de página. Aún así, expurgada por los censores, no fué ni promocionada ni muy tenida en cuenta por los críticos. No era un texto muy recomendable, a pesar de su calidad.
durante la transición, se dió un fenómeno muy curioso y es que tampoco encajaba mucho en el relato oficial del proceso político de esos años: la democracia se presentaba como algo que la clase dominante, comandada por el Rey, concedió de buen grado a los españoles y se silenciaron los años de lucha de sindicalistas, obreros, izquierdistas y partidos en la clandestinidad.

AÑO TRAS AÑO
Año tras año se nos presenta como un fresco de la posguerra en Madrid, reconstruyendo un tiempo, si no olvidado, al menos sí arrinconado, que llega hasta principios de los años 50. Una novela de marcado valor documental y con una técnica objetiva que la aleja de superficialidades y añadidos.
A lo largo de sus páginas nos topamos con personajes representativos de la época que van configurando la visión de una época; los obreros y sus condiciones de trabajo, la supervivencia de la gente sencilla, el falangista desengañado, el viejo luchador anarquista… formando así un relato de casi 15 años de la historia de España a través de un estilo apegado a la “novela colectiva”; en palabras del propio autor “más que de personas determinadas, de personas en situación”.

El pincel mágico (1965), pequeña obra dramática adaptada para el público infantil
novelas, triunfan el bien y la justicia.


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