La promesa de la criminalidad

0
5

Todo el mundo sabe que el occidente político es el paraíso de la libertad. Todo el mundo sabe que ni hubo ni habrá otro paraíso como este. Todo el mundo sabe que las grandes corporaciones imperiales, i.e. Amazon,  solo responden a incentivos económicos, no hacen política imperial, solo toman decisiones económicas. Pocos saben que eso es mentira. Y vamos a proporcionar una prueba, aunque este no sea nuestro objetivo. Nuestro objetivo es mostrar lo que sucede cuando un país cualquiera cae bajo las garras imperiales, como los banqueros se apoyan en sátrapas locales y como no cejan en la destrucción de un estado cuando el imperio es expulsado y sus sátrapas son dominados y/o destruidos.

Hubo un tiempo, en la inmediata temporada posterior a la autodestrucción de la Unión Soviética, donde el paraíso de la libertad llegó al centro mismo de la Unión Soviética, a Rusia. Desde Wall Street y la City llegaron banqueros dispuestos a financiar la expropiación de todos los activos que una vez fueron propiedad del pueblo soviético. Emergieron sátrapas a la velocidad de la luz. De ellos siete son especialmente conocidos, porque fueron (junto con otros) los que en dos ocasiones reunió el nuevo inquilino del Kremlin de Moscú,  Влади́мир Влади́мирович Пу́тин. Dado que este había surgido inadvertidamente de entre las sombras del entorno de un borracho terminal llamado Бори́с Никола́евич Е́льцин, y a su ascenso habían contribuido todos de esos sátrapas, estos contaban con que su fiesta expropiadora continuaría indefinidamente. Pero a diferencia de aquélla serie yanki llamada el Equipo A, los planes imperiales, no salieron como estaba previsto.

Entre los “siete sátrapas magníficos” se encontraban algunos que interpretaron correctamente el sino de los tiempos y sabían lo suficiente de la historia rusa, como para entender que desde su fundación, el Estado Ruso ha renacido desde sus cenizas en todas las ocasiones en las que potencias imperiales del occidente político -suecos, polacos y lituanos, franceses, austriacos y alemanes, británicos y, finalmente, yankis- han intentado destruirlo.

La “Семибанки́рщина” (termino creado por analogía con  семибоярщиной -правлением семи бояр в Смутное время, 1610..1613-) estaba compuesto en realidad no por 7 sino por 9 nombres:  Boris Berezovsky (United Bank, Sibneft, ORT), Mikhail Khodorkovsky (Bank Menatep, Yukos, Petr Aven y Mikhail Fridman (Alfa-Bank, Alfa Group), Vladimir Gusinsky (Most Group, NTV), Vladimir Potanin (ONEXIM Bank), Alexander Smolensky (Stolichny Bank), Vladimir Vinogradov (Inkombank), Vitaly Malkin (Rossiysky Kredit). Entre todos ellos llegaron a controlar el 50% de la economía rusa entre 1996 y 2000. De ellos todos, salvo dos -Fridman y Potanin- están a fecha de octubre de 2026 muertos, exiliados o no constan actividades en Rusia. Incluso el alcance de las actividades de estos dos, si existe, parece mucho menos relevante de lo que fue.

Fridman, en compañía de otros, ha tenido un papel relevante en el fin de un empresario español, Javier Pérez Dolset, fundador de  ZED Worldwide, y ambos dos aparecen relacionados con el Fiscal Grinda, al que volveremos, porque aparece citado en un lugar inesperado (y no solo en el caso Leire Diez). Este “ucraniano”  ha conseguido que le saquen de la lista de “oligarcas” sancionados por la UE, lo que parece poco compatible con actividad relevante en Rusia.

Ocho de los nueve “banqueros” eran de origen judío (la única excepción es Potanin). El peso de esta “etnia de mercurianos” (Slezkine, 2019) es porcentualmente muy superior al que los mercurianos tuvieron en la Cheka (1917–1922), la GPU (1922–1923), OGPU (1923–1934) y el NKVD -hasta la purga de 1937-38-, pese a que también entonces estaban notoriamente sobrerepresentados.

Todos los “miembros” de la cемибанки́рщина tenían estrechas relaciones con banqueros del occidente político, si bien las conexiones de Boris Berezovsky (Soros, Deutsche Bank, BNY), Mikhail Khodorkovsky (Jacob Rothschild, 4th Baron de la incombustible familia Rothschild),  Gusinsky (Credit Suisse, First Boston, Deutsche Bank, APCO y Potanin (Société Générale, BP/Amoco) eran especialmente intensas.

Como ha sucedido en todos los lugares donde el virus del occidente político tomó el control del aparato político de un estado huesped, el crecimiento meteórico de los banqueros “rusos (judíos)” fue posible gracias a los créditos que los banqueros de la City y WS les otorgaban en US$ para hacerse con el patrimonio del pueblo soviético, tomando como colateral del préstamo precisamente los activos que estaban expoliando en la así llamada “privatización” dirigida por el operativo Anatoly Chubais, también de origen judío,  en el marco de un programa de “choque” del USAID, diseñado por el infame Institute for International Development (HIID) de Harvard.

Es conocido que el 28 de julio de 2000 el nuevo elegido presidente, Putin, se reunió, a petición del asesinado en las calles de Moscu, Boris Nemtsov, con varios de estos banqueros (y otros que se sentaban en consejos de administración de grandes empresas, particularmente de las energéticas y materias primas) y les ofreció “el pacto»: “mantengan su riqueza, pero manténganse fuera de la política”. Y que en la reunión RSPP de noviembre de 2003, una vez detenido Mikhail Khodorkovsky, y cuando Putin ya se sentía suficientemente fuerte, añadió una clausula  «…y usen su riqueza para el bienestar del país».  El “al-químico” Khodorkovsky no había entendido, o no había querido entender, el primero de los mensajes (Sakwa, 2009),  (Sakwa, 2014)  y decidió que los rusos se merecían a un “Zelesnky” como el: joven, brillante, miembro del pueblo elegido y con afilados instintos depredadores. Y todavía en 2026 no ha querido entenderlo.

Hubo otros “emprendedores” que no habían nacido en Rusia, pero que “probaron suerte” en el expolio. Destacan especialmente dos, también de origen judío, Bill Browder y Edmond Safra, que en 1996 crearon el Hermitage Fund, fondo insignia de Hermitage Capital Management, una firma de “gestión de activos” especializada en “mercados rusos”. Estos dos elementos apalancaban sobre lo que llamaron activismo empresarial: denunciaban corrupción, supuesta o real, y procedían a apropiarse de los activos mediante chantaje, de modo que con solo 25 millones de US$ llegaron a controlar activos por más de 4.000 millones de US$. El modelo fue desmontado por los servicios de seguridad rusos -previa prueba de un enorme fraude fiscal- y uno de sus abogados, Sergei Magnitsky, murió en prisión. El fondo fue finalmente cerrado 2013, tras 17 años de funcionamiento, y a sus fundadores se les prohibió la entrada en Rusia.

A partir de ese momento, Browder se transformó en un adalid de la transparencia y llegó a conseguir que el Congreso Imperial USA aprobara en 2012 la primera ley de sanciones contra Rusia, la llamada Magnitsky Act (Russia and Moldova Jackson–Vanik Repeal and Sergei Magnitsky Rule of Law Accountability Act, 2012). Esa ley, que ha servido como modelo de lo que ha venido después, impone sanciones, i.e congelación de activos y prohibición de visados/entrada al país, contra funcionarios rusos considerados responsables de la muerte del abogado ruso Serguéi Magnitski. En 2016 se amplió con el Global Magnitsky Act, que extiende esas sanciones a cualquier persona extranjera responsable de graves violaciones de derechos humanos o corrupción en cualquier país. A partir de 2022 se ha vuelto permanente: se aplica mediante la orden ejecutiva 13818 y, a julio de 2026, ha sancionado a 257 personas y 326 entidades de más de 50 países. El “santo barón imperial” Browder, que ha escrito incluso dos libros contando su “conducta heroica”  (Browder, 2015), (Browder, 2022), nos hace saber en la introducción del último, como se entrevistó en Madrid con el fiscal Grinda, suponemos que para proporcionarle información “comprometedora” -verdadera o falsa es irrelevante- sobre cualesquiera otros “operativos corruptos”, salvo sobre sí mismo y su socio Safra.

Pues bien, a desmontar ese relato se ha dedicado Alex Krainer, el autor del libro que nos ocupa (Krainer, 2018) (el titulo inicial, con el que aparece en una autoedición de un año antes,  era The Killing of William Browder). Con toda seguridad el fiscal Grinda, que si encontró tiempo para recibir a Browder, no ha encontrado tiempo para leer a Krainer. Y debería, incluso lo puede descargar gratis. Tal vez así pueda reconocer con que tipo de gente se reúne. Nosotros ya lo sabemos y sospechamos que el también.

Hay un detalle interesante sobre el libro:  bajo ninguno de los títulos los vas a encontrar en Amazon, porque aunque inicialmente fue colocado en esa plataforma, misteriosamente, por razones nunca aclaradas, despareció, previsiblemente por la presión del “oligarca imperial”, y posible operativo del imperio zombi británico,  Browder. Si necesitabas alguna prueba adicional, aquí hay una de lo que vale la libertad de prensa en el imperio occidental de la libertad: nada. E incluso puedes alimentar la panoplia de las razones por las que las grandes corporaciones del imperio occidental de la libertad, Amazon entre ellas, deben ser troceadas, hasta el punto de hacer que compitan por los clientes y por los autores y no por pudrir las mentes de las gentes del común para que operen contra sus intereses más básicos -respirar aire puro, beber agua no contaminada, comer alimentos no contaminados, disponer de una casa donde vivir y follar, …-.

Naturalmente las hembras al servicio del imperio de la libertad, pese a que seguramente estuvieron expuestas a alguna versión del cuento de Blancanieves (espejo, espejito…) y de la Gatta Cenerentola, todavía no ha tomado nota de las palabras de Putin en la primera de las reuniones con “sus oligarcas”: “Deben recordar que ustedes construyeron este gobierno en gran medida a través de las estructuras políticas y cuasi políticas que controlan. ‘Не пеняй на зеркало, когда у тебя рожа кривая` (no sirve de nada culpar al espejo si tienes la cara deformada).   Hablemos específicamente y abiertamente de lo que se puede hacer para que las relaciones sean completamente civilizadas». Y por ello, los títulos sobre los “oligarcas de Putin” (Dawisha, 2014) y sobre los “silovikis” (Belton, 2020) siguen instalados en la industria editorial y comparten cartelera con la alquimia de la casa Khodorkovsky.

Y todo ello con el simple objetivo de alimentar el relato de la “lucha por la libertad”. Pero la verdad del mundo es que la lucha por la libertad en el occidente colectivo ha sido gibarizada a la lucha por los colaterales. Recuérdenlo cuando oigan vociferar a los/las/les bocachanclas imperiales sobre la lucha por la libertad en Ucrania o Irán.   Es una lucha por los colaterales. Y recuerden -por si quieren cambiar de bando- que ahora el imperio de la libertad, por primera vez en mucho tiempo, va perdiendo.  Y recuerden también que la lucha por los colaterales en Ucrania, viene de lejos. Incluso, en gran medida, la construcción del nido en el que ha crecido la quimera del nacionalismo ucraniano, Galitzia, metonimia construida a partir de la ciudad Halicz, es una creación de los imperios occidentales, concretamente del imperio austro-húngaro, con inestimables ayudas de otros, incluido Lenin; pero esa es otra parte de la historia que puedes encontrar, aceptablemente resumida, aquí.

Si tienes tiempo suficiente para profundizar en el intento de apoderarse de los recursos bajo control del estado ruso, puedes continuar con (Armstrong, 2023) , donde desde dentro del mercado financiero ruso -fue gestor de fondos de inversión internacionales de los 90- documenta la operación del «Club» —una red de bancos y hedge funds occidentales (con nombres como Goldman Sachs, Edmond Safra, Boris Berezovsky, Guénsinski)— que orquestó la manipulación de los mercados rusos, la crisis de las GKOs (bonos a corto plazo rusos) de 1998 y el saqueo de recursos naturales rusos para transferirlos a Occidente. Está extensamente alimentado con documentos desclasificados de la Administración Clinton (obtenidos vía Freedom of Information Act), incluyendo transcripciones de llamadas entre el beodo Yeltsin y el follador de becarias Clinton, con lo que puede argumentar de modo creíble, que existió un plan deliberado de cambio de régimen económico-político en Rusia.

Y como ese plan A fracasó, pusieron el marcha el plan B (de Browder), las sanciones que también fracasó (Baker, 2024), (Borozna, 2024) y finalmente el plan C (la guerra), que para nada fue una improvisación (Sarotte, 2021). En otras muchas de mis  publicaciones puedes encontrar evidencias abrumadoras de porque la Guerra en Ucrania fue una guerra provocada por ese imperio occidental voraz. Y ese plan también fracasará.

Y aún así, anticipando la retirada, algunos intentan convencernos que todo esto se debe a los prejuicios, a la rusofobia y otras afecciones oculares, diagnosticadas por oculistas aficionados; en realidad el proceso es inverso: primero intentan robar cuanto pueden y después justifican que los robados se lo merecían (porque sino autodestruyeron la URSS). Y lo cierto es que a lo que Rusia tiene que temer no es a ese depredador occidente político (Usa, fundado sobre el exterminio de pueblos indígenas y sus búfalos, ha estado en guerra el 93% de los años desde su fundación en 1776, 222 de sus 239 años de existencia), sino a sus propias quintas columnas. Afortunadamente la esperanza de vida de estas, a lo largo de la historia rusa, no es especialmente larga. Pero esta estadística no disuade a nuevos voluntarios para entrar en la pocilga occidental.

Referencias

Armstrong, M. (2023). The plot to seize Russia: The untold history. Gatekeeper Press.

Baker, S. (2024). Punishing Putin: Inside the global economic war to bring down Russia. Scribner.

Belton, C. (2020). Putin’s people: How the KGB took back Russia and then took on the West. Farrar, Straus and Giroux.

Borozna, A. (with Kochtcheeva, L. V.). (2024). War by Other Means: Western Sanctions on Russia and Moscow’s Response. Palgrave Macmillan.

Browder, B. (2015). Red notice: A true story of high finance, murder, and one man’s fight for justice. Simon & Schuster.

Browder, B. (2022). Freezing order: A true story of money laundering, murder, and surviving Vladimir Putin’s wrath. Simon & Schuster.

Dawisha, K. (2014). Putin’s kleptocracy: Who owns Russia?. Simon & Schuster.

Krainer, A. (2018). Grand Deception: The Truth About Bill Browder, the Magnitsky Act, and Anti-Russian Sanctions –. Red Pill Press.

Sakwa, R. (2009). The quality of freedom: Khodorkovsky, Putin, and the Yukos affair. Oxford University Press.

Sakwa, R. (2014). Putin and the oligarch: The Khodorkovsky-Yukos affair. I.B. Tauris.

Sarotte, M. E. (2021). Not one inch: America, Russia, and the making of post-Cold War stalemate. Yale University Press.

Slezkine, Y. (2019). The Jewish century. Princeton University Press.

 

 

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí