{"id":4865,"date":"2026-09-17T14:52:36","date_gmt":"2026-09-17T14:52:36","guid":{"rendered":"https:\/\/tiempodetormentas.com\/?p=4865"},"modified":"2026-09-17T14:53:45","modified_gmt":"2026-09-17T14:53:45","slug":"entre-ceuta-y-la-esperanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tiempodetormentas.com\/en\/opinion\/entre-ceuta-y-la-esperanza\/","title":{"rendered":"Entre Ceuta y la esperanza"},"content":{"rendered":"<h3><strong>Opini\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<h1>Entre Ceuta y la esperanza<\/h1>\n<h2><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-4866 alignleft\" src=\"https:\/\/tiempodetormentas.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/0.jpg\" alt=\"\" width=\"170\" height=\"188\" srcset=\"https:\/\/tiempodetormentas.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/0.jpg 604w, https:\/\/tiempodetormentas.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/0-272x300.jpg 272w, https:\/\/tiempodetormentas.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/0-11x12.jpg 11w, https:\/\/tiempodetormentas.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/0-381x420.jpg 381w, https:\/\/tiempodetormentas.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/0-150x165.jpg 150w, https:\/\/tiempodetormentas.com\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/0-300x330.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 170px) 100vw, 170px\" \/><\/h2>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por <strong>Aziz Allaouzi<\/strong><\/p>\n<p>Lo ocurrido recientemente en Ceuta deber\u00eda obligarnos a reflexionar tanto en Marruecos como en Espa\u00f1a. No solamente sobre inmigraci\u00f3n, seguridad o relaciones entre dos Estados vecinos.<br \/>\nTambi\u00e9n sobre desigualdad, dignidad, responsabilidad pol\u00edtica y sobre la facilidad con la que una tragedia humana puede convertirse en combustible para el miedo, la desinformaci\u00f3n y el rechazo al otro.<br \/>\nCuando miles de j\u00f3venes est\u00e1n dispuestos a arriesgar su vida en el mar porque creen que a<br \/>\npocos kil\u00f3metros encontrar\u00e1n las oportunidades que no encuentran en su propio pa\u00eds, reducir todo a una cuesti\u00f3n de control migratorio significa quedarse en la superficie.<br \/>\nMarruecos deber\u00eda hacerse una pregunta inc\u00f3moda:<br \/>\n<strong>\u00bfPor qu\u00e9 quieren marcharse?<\/strong><br \/>\nY Espa\u00f1a deber\u00eda formularse otra:<br \/>\n<strong>\u00bfC\u00f3mo se llega al punto de que algunos dejen de ver en esos j\u00f3venes a personas<\/strong><br \/>\n<strong>desesperadas y empiecen a ver \u00fanicamente una amenaza?<\/strong><br \/>\nLas respuestas no son sencillas. Pero precisamente por eso merece la pena hablar de ellas sin diplomacia innecesaria, sin esconder los desacuerdos y, al mismo tiempo, sin convertir la cr\u00edtica a un Gobierno, a determinadas pol\u00edticas o a ciertos discursos en hostilidad contra un pa\u00eds o contra todo un pueblo.<\/p>\n<p><strong>Marruecos: un pa\u00eds que avanza a dos velocidades<\/strong><\/p>\n<p>Ser\u00eda absurdo negar la profunda transformaci\u00f3n experimentada por Marruecos durante las<br \/>\n\u00faltimas d\u00e9cadas.<br \/>\nEl pa\u00eds ha construido puertos, autopistas, aeropuertos y l\u00edneas ferroviarias de alta velocidad; ha desarrollado industrias competitivas, ha apostado por las energ\u00edas renovables, ha atra\u00eddo inversiones internacionales y ha reforzado considerablemente su presencia econ\u00f3mica y diplom\u00e1tica en \u00c1frica y en el mundo.<br \/>\nEse Marruecos existe. Y hay razones para sentirse orgullosos de sus avances.<br \/>\nPero existe tambi\u00e9n otro Marruecos.<br \/>\nEl de j\u00f3venes que estudian durante a\u00f1os y despu\u00e9s no encuentran un empleo acorde con su formaci\u00f3n. El de familias para las que llegar a final de mes contin\u00faa siendo una batalla<br \/>\ncotidiana. El de territorios y barrios donde las oportunidades no crecen al mismo ritmo que las grandes inversiones. El de quienes contemplan las cifras del crecimiento econ\u00f3mico sin sentir que ese crecimiento haya llegado realmente a sus vidas.<\/p>\n<p>Es el Marruecos de las dos velocidades.<\/p>\n<p>Podemos inaugurar puertos, trenes, autopistas, f\u00e1bricas, estadios y grandes proyectos.<br \/>\nPodemos mejorar nuestra posici\u00f3n internacional y celebrar cada indicador positivo.<br \/>\nPero si, al mismo tiempo, una parte de nuestra juventud contin\u00faa convencida de que su mejor proyecto de futuro consiste en marcharse, tenemos un problema que ninguna fotograf\u00eda de una inauguraci\u00f3n puede ocultar.<br \/>\nEl desarrollo de un pa\u00eds no deber\u00eda medirse solamente por lo que construye, sino tambi\u00e9n por cu\u00e1nta esperanza consigue construir entre sus ciudadanos.<br \/>\nPorque cuando un joven considera razonable lanzarse al mar, incluso sabiendo que puede<br \/>\nmorir, algo se ha roto mucho antes de que llegue a Ceuta.<br \/>\nLa pregunta fundamental para Marruecos no deber\u00eda ser \u00fanicamente c\u00f3mo evitar otra salida masiva.<br \/>\n<strong>\u00bfQu\u00e9 futuro estamos ofreciendo a nuestros j\u00f3venes para que algunos consideren que <\/strong><strong>arriesgar la vida es preferible a quedarse?<\/strong><br \/>\n\u00bfHasta cu\u00e1ndo aceptaremos una sociedad en la que el lugar donde uno nace, los recursos<br \/>\necon\u00f3micos de su familia o sus relaciones sociales contin\u00faan condicionando demasiado las<br \/>\noportunidades que tendr\u00e1 en la vida?<br \/>\nLa fortaleza de un pa\u00eds no puede medirse solamente por sus infraestructuras, su crecimiento econ\u00f3mico o su influencia internacional. Tambi\u00e9n debe medirse por su capacidad para ofrecer dignidad, movilidad social y esperanza.<br \/>\n<strong>Y cuando no conseguimos protegerlos en vida, respetemos a nuestros muertos.<\/strong><br \/>\nExiste algo todav\u00eda m\u00e1s doloroso que ver marcharse a nuestros j\u00f3venes: no ser capaces de<br \/>\ndevolverlos dignamente a sus familias cuando mueren intent\u00e1ndolo.<br \/>\nLo ocurrido despu\u00e9s de la tragedia de Ceuta deber\u00eda producirnos una profunda incomodidad.<br \/>\nMuchas familias han tenido que convivir con la incertidumbre de no saber qu\u00e9 ocurri\u00f3<br \/>\nexactamente con sus hijos. Algunas v\u00edctimas han tenido que ser enterradas en Ceuta sin haber podido ser identificadas. Y alrededor de la identificaci\u00f3n, documentaci\u00f3n y eventual traslado de los cuerpos han aparecido dificultades que resultan especialmente dif\u00edciles de comprender cuando detr\u00e1s de cada expediente existe una familia esperando.<br \/>\nAqu\u00ed deber\u00edamos abandonar durante unos minutos las grandes palabras.<br \/>\nUn muerto no es un expediente migratorio. No es una estad\u00edstica. No es un problema<br \/>\ndiplom\u00e1tico. No es una ficha dentro de una negociaci\u00f3n entre Estados.<br \/>\n<strong>Es el hijo de alguien.<\/strong><br \/>\nQuiz\u00e1 tambi\u00e9n un padre, un hermano, un marido o un amigo.<br \/>\nY una madre que espera recuperar el cuerpo de su hijo no deber\u00eda tener que entender de<br \/>\nprocedimientos administrativos, competencias institucionales o relaciones diplom\u00e1ticas.<\/p>\n<p>La historia ser\u00e1 severa con los responsables pol\u00edticos de nuestro tiempo si no somos capaces de garantizar algo tan elemental como que las personas fallecidas sean identificadas, que sus familias conozcan la verdad y que puedan despedirse dignamente de ellas.<br \/>\nMarruecos debe hacer todo lo que est\u00e9 en su mano para conseguirlo. Y Espa\u00f1a debe facilitar toda la cooperaci\u00f3n necesaria.<br \/>\nNo se trata de nacionalismo. Se trata de humanidad.<br \/>\nPorque existe una contradicci\u00f3n que deber\u00edamos tener el valor de reconocer: no podemos<br \/>\nhablar constantemente de la dignidad de nuestros ciudadanos y olvidarnos de ella cuando<br \/>\nmueren.<br \/>\nUn pa\u00eds demuestra tambi\u00e9n su fortaleza en c\u00f3mo trata a quienes ya no pueden reclamar nada.<br \/>\n<strong>En la vida y tambi\u00e9n en la muerte. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00bfC\u00f3mo se llega a impedir que alguien entregue comida?<\/strong><\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n no termina en Marruecos. Espa\u00f1a tambi\u00e9n debe mirarse al espejo.<br \/>\nDurante los acontecimientos recientes hemos visto c\u00f3mo algunas personas llegaron a<br \/>\nconsiderar leg\u00edtimo obstaculizar una actuaci\u00f3n humanitaria de Cruz Roja destinada a personas migrantes.<br \/>\nSer\u00eda demasiado c\u00f3modo reducir aquello simplemente al comportamiento de \u201calgunas<br \/>\npersonas\u201d.<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo se llega al punto de considerar moralmente aceptable impedir que una organizaci\u00f3n<br \/>\nhumanitaria entregue comida a personas que tienen hambre?<br \/>\nNadie se despierta una ma\u00f1ana y decide espont\u00e1neamente que alimentar a otro ser humano constituye una amenaza. Para llegar hasta ah\u00ed tiene que existir previamente un clima.<br \/>\nUn clima en el que determinadas palabras se repiten hasta que dejan de sorprendernos:<br \/>\ninvasi\u00f3n, amenaza, delincuencia, enemigo.<br \/>\nCuando esas palabras se utilizan sistem\u00e1ticamente para describir a personas por su origen,<br \/>\npoco a poco puede desaparecer la persona que existe detr\u00e1s de la etiqueta. Y cuando eso<br \/>\nocurre, la pol\u00edtica migratoria deja de ser solamente un debate sobre leyes, recursos o gesti\u00f3n y comienza a convertirse en un problema de deshumanizaci\u00f3n.<br \/>\nLo ocurrido en Ceuta ha generado dificultades reales. Negarlo ser\u00eda absurdo. Una llegada<br \/>\nmasiva en muy poco tiempo tensiona servicios p\u00fablicos, preocupa a la poblaci\u00f3n y obliga a las administraciones a reaccionar.<br \/>\nPero reconocer un problema no obliga a deshumanizar a quienes forman parte de \u00e9l.<br \/>\nSe puede defender una pol\u00edtica migratoria estricta. Se puede exigir responsabilidad al Gobierno marroqu\u00ed. Se puede criticar la actuaci\u00f3n de las autoridades espa\u00f1olas. Se puede debatir sobre seguridad, recursos y capacidad de acogida. Todo eso pertenece a una democracia.<br \/>\nPero existe una l\u00ednea que nunca deber\u00edamos cruzar: el hambre de una persona no puede<br \/>\nconvertirse en instrumento de confrontaci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Obstaculizar a quienes intentan socorrerla no engrandece a Espa\u00f1a. Hace da\u00f1o precisamente a esa Espa\u00f1a democr\u00e1tica, solidaria y humanitaria que tantas generaciones han contribuido a construir.<br \/>\nY tambi\u00e9n deber\u00edamos preguntarnos qui\u00e9n obtiene beneficio pol\u00edtico cuando un problema social termina convirti\u00e9ndose en hostilidad hacia un colectivo entero.<br \/>\nPorque una cosa es criticar las pol\u00edticas de Marruecos. Otra muy distinta es convertir a los<br \/>\nmarroqu\u00edes en el problema.<br \/>\n<strong>Cuando una tragedia se aprovecha para se\u00f1alar a los marroqu\u00edes.<\/strong><br \/>\nCada crisis entre Espa\u00f1a y Marruecos parece ofrecer a determinados sectores una oportunidad para trasladar la responsabilidad desde las decisiones de un Gobierno hacia todo un pueblo. Y ah\u00ed entramos en un terreno peligroso.<br \/>\nEn estos d\u00edas han circulado en internet listas atribuidas a hackers, acompa\u00f1adas de<br \/>\nacusaciones grav\u00edsimas contra personas supuestamente relacionadas con los servicios de<br \/>\ninteligencia marroqu\u00edes. Algunas personas han llegado a ser se\u00f1aladas como \u201cesp\u00edas\u201d.<br \/>\nConviene recordar algo elemental: una lista difundida por hackers no es una investigaci\u00f3n<br \/>\npolicial. Una captura de pantalla no es una prueba judicial. Una publicaci\u00f3n en una red social no es una sentencia.<br \/>\nY ning\u00fan grupo de hackers, sea argelino, marroqu\u00ed, espa\u00f1ol o de cualquier otra procedencia, puede sustituir a las instituciones espa\u00f1olas competentes.<br \/>\nSi existen indicios de espionaje, corresponde a los organismos competentes investigarlos y, si existen responsabilidades penales, corresponde a los tribunales determinarlas.<br \/>\nPero mientras eso no ocurra, convertir nombres publicados en internet en culpables p\u00fablicos puede causar un da\u00f1o enorme. Una acusaci\u00f3n de espionaje puede complicar seriamente la vida de una persona en Espa\u00f1a: su empleo, sus relaciones profesionales, su seguridad y su reputaci\u00f3n. Y las consecuencias pueden extenderse injustamente a su pareja, sus hijos, sus hermanos y otros miembros de su familia.<br \/>\nLa iron\u00eda de nuestro tiempo es terrible: para destruir una reputaci\u00f3n pueden bastar treinta<br \/>\nsegundos, un tel\u00e9fono m\u00f3vil y el bot\u00f3n de compartir; para recuperarla pueden no bastar muchos a\u00f1os.<br \/>\nCriticar a Marruecos es leg\u00edtimo. Investigar posibles actividades ilegales es imprescindible.<br \/>\nConvertir a los marroqu\u00edes en sospechosos por defecto es otra cosa.<br \/>\n<strong>Espa\u00f1a tambi\u00e9n fue un pa\u00eds del que la gente quer\u00eda marcharse.<\/strong><br \/>\nLa prosperidad tiene muchas virtudes. Una de sus pocas enfermedades es la amnesia.<br \/>\nEspa\u00f1a conoce perfectamente lo que significa que una parte de su poblaci\u00f3n mire hacia pa\u00edses m\u00e1s pr\u00f3speros buscando las oportunidades que no encuentra en casa.<br \/>\nDurante las d\u00e9cadas de 1950, 1960 y comienzos de los setenta, millones de espa\u00f1oles<br \/>\nmarcharon hacia Francia, Alemania, Suiza, B\u00e9lgica y otros pa\u00edses europeos.<\/p>\n<p>No emigraban porque despreciaran Espa\u00f1a. Emigraban porque quer\u00edan vivir mejor.<br \/>\nMuchos trabajaron en f\u00e1bricas, minas, construcci\u00f3n, agricultura y servicios. Conocieron la<br \/>\nprecariedad, las dificultades administrativas, los alojamientos modestos y tambi\u00e9n los prejuicios que las sociedades m\u00e1s ricas reservaban entonces a los trabajadores pobres procedentes del sur de Europa. Tambi\u00e9n existi\u00f3 emigraci\u00f3n irregular.<br \/>\nAfortunadamente, Espa\u00f1a cambi\u00f3. Creci\u00f3, se moderniz\u00f3, se democratiz\u00f3 y mejor\u00f3<br \/>\nextraordinariamente las condiciones de vida de sus ciudadanos.<br \/>\nPas\u00f3 de ser un pa\u00eds del que millones necesitaban marcharse a convertirse en uno de los pa\u00edses a los que otros desean llegar. Eso constituye uno de los grandes \u00e9xitos de la Espa\u00f1a<br \/>\ncontempor\u00e1nea.<br \/>\n<strong>Pero ascender no deber\u00eda obligarnos a borrar de la memoria la planta desde la que <\/strong><strong>subimos.<\/strong><br \/>\nRecordarlo no significa afirmar que todas las migraciones sean iguales. Tampoco significa que Espa\u00f1a deba renunciar a gestionar la inmigraci\u00f3n.<br \/>\nSignifica algo mucho m\u00e1s sencillo: cuando un joven mira hacia un pa\u00eds m\u00e1s pr\u00f3spero<br \/>\nimaginando que all\u00ed encontrar\u00e1 el futuro que no encuentra en el suyo, est\u00e1 expresando una<br \/>\naspiraci\u00f3n que millones de familias espa\u00f1olas conocieron muy bien: buscar una vida mejor.<br \/>\n<strong>Marruecos debe asumir tambi\u00e9n su responsabilidad.<\/strong><br \/>\nNada de lo anterior puede servir para que Marruecos eluda sus propias responsabilidades.<br \/>\nLa cr\u00edtica a determinados discursos existentes en Espa\u00f1a no puede convertirse en una excusa para no mirar hacia dentro.<br \/>\nMarruecos ha cambiado profundamente durante las \u00faltimas d\u00e9cadas y dispone hoy de muchas m\u00e1s capacidades para transformar la vida de sus ciudadanos. Precisamente por eso debemos exigirnos m\u00e1s.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 estamos haciendo para reducir las desigualdades? \u00bfQu\u00e9 futuro estamos ofreciendo a<br \/>\nnuestros j\u00f3venes? \u00bfPor qu\u00e9 el origen social contin\u00faa condicionando demasiado las<br \/>\nposibilidades de avanzar? \u00bfPor qu\u00e9 tantos j\u00f3venes siguen asociando Europa con oportunidad y su propio pa\u00eds con espera?<br \/>\nY, despu\u00e9s de una tragedia como la ocurrida en Ceuta: \u00bfqu\u00e9 vamos a cambiar para que no<br \/>\nvuelva a ocurrir?<br \/>\nLa respuesta no puede consistir \u00fanicamente en reforzar controles o esperar que pase la crisis.<br \/>\nSi miles de j\u00f3venes est\u00e1n dispuestos a arriesgar la vida, Marruecos debe preguntarse qu\u00e9<br \/>\nexiste detr\u00e1s de esa desesperaci\u00f3n y actuar sobre sus causas.<br \/>\nY cuando algunos de esos j\u00f3venes mueren, la responsabilidad del Estado no desaparece con ellos. Ah\u00ed comienza otra obligaci\u00f3n: hacer todo lo posible para identificarlos, cooperar para que sus familias sepan qu\u00e9 ha ocurrido y garantizarles el trato digno que merece cualquier persona fallecida .Un pa\u00eds debe acompa\u00f1ar a sus ciudadanos en sus aspiraciones, pero tampoco puede abandonarlos en sus fracasos. Mucho menos despu\u00e9s de su muerte.<br \/>\nAntes de preguntarnos \u00fanicamente c\u00f3mo defender nuestros intereses nacionales, deber\u00edamos formularnos tambi\u00e9n otra pregunta: \u00bfc\u00f3mo recuperamos la esperanza de nuestros j\u00f3venes?<\/p>\n<p><strong>De Isabel la Cat\u00f3lica a los hijos de la Transici\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Existe una frase hist\u00f3rica que merece ser recordada, pero quiz\u00e1 no por las razones habituales.<br \/>\nEn su testamento de 1504, Isabel la Cat\u00f3lica dej\u00f3 a sus sucesores una recomendaci\u00f3n propia del mundo pol\u00edtico y religioso en el que vivi\u00f3:<\/p>\n<p>\u00abque no cesen en la conquista de \u00c1frica e de pugnar por la fe contra los infieles\u00bb.<br \/>\nNo deber\u00edamos escandalizarnos porque una reina de finales del siglo XV pensara como una<br \/>\nreina de finales del siglo XV.<br \/>\nEra una \u00e9poca de conquistas, guerras religiosas y enfrentamientos territoriales. Cristianos y<br \/>\nmusulmanes se miraban frecuentemente como adversarios y la fuerza militar constitu\u00eda uno de los instrumentos fundamentales de las relaciones entre poderes.<br \/>\nLa cuesti\u00f3n verdaderamente interesante no consiste en juzgar a Isabel la Cat\u00f3lica con los<br \/>\nvalores del siglo XXI. Consiste en preguntarnos: \u00bfqu\u00e9 hacemos nosotros, m\u00e1s de quinientos a\u00f1os despu\u00e9s, con aquella herencia mental?<br \/>\nEspa\u00f1a ha demostrado en su historia reciente que es capaz de transformar profundamente su manera de entenderse a s\u00ed misma.<br \/>\nDespu\u00e9s de d\u00e9cadas de dictadura y de una historia marcada por profundas divisiones, la<br \/>\nTransici\u00f3n abri\u00f3 una nueva etapa. Las elecciones democr\u00e1ticas de 1977 y, posteriormente, la Constituci\u00f3n de 1978 simbolizaron la voluntad de construir un pa\u00eds basado en el pluralismo, la convivencia y la b\u00fasqueda de acuerdos entre personas que no pensaban igual.<br \/>\nLos padres de la Transici\u00f3n no eliminaron las diferencias. Aprendieron a convivir con ellas.<br \/>\nHan pasado casi cincuenta a\u00f1os desde aquellas elecciones. Los padres de la Transici\u00f3n<br \/>\nhicieron su trabajo. Ahora corresponde a los hijos de la Transici\u00f3n hacer el suyo.<br \/>\nY una parte de ese trabajo podr\u00eda consistir en construir una nueva mirada hacia el vecino del sur: una mirada que no exija olvidar los desacuerdos; que no obligue a espa\u00f1oles y marroqu\u00edes a interpretar de la misma manera todos los episodios de su historia; que permita discutir con firmeza cuando sea necesario; que permita criticar a Marruecos sin despreciar a los marroqu\u00edes; y que permita a un marroqu\u00ed expresar una discrepancia con Espa\u00f1a sin que autom\u00e1ticamente se interprete como hostilidad hacia los espa\u00f1oles.<br \/>\nHemos cambiado las carabelas por aviones, las cartas por tel\u00e9fonos m\u00f3viles y los mapas<br \/>\nmedievales por sat\u00e9lites. Quiz\u00e1 tambi\u00e9n haya llegado el momento de actualizar algunas<br \/>\nmentalidades.<\/p>\n<p><strong>Quinientos a\u00f1os despu\u00e9s, reformulemos aquella recomendaci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p>Por eso quiz\u00e1 haya llegado el momento de hacer algo simb\u00f3lico.<\/p>\n<p>No borrar las palabras de Isabel la Cat\u00f3lica. No esconderlas. Tampoco juzgarlas como si<br \/>\nhubieran sido escritas ayer. Sino reformularlas desde los valores democr\u00e1ticos del siglo XXI.<br \/>\nSi hace m\u00e1s de quinientos a\u00f1os una reina pidi\u00f3:<\/p>\n<p>\u00abque no cesen en la conquista de \u00c1frica e de pugnar por la fe contra los infieles\u00bb,<\/p>\n<p>los hijos de la Transici\u00f3n podr\u00edan responder hoy:<br \/>\n<strong>Que cesen las l\u00f3gicas de conquista, humillaci\u00f3n y enfrentamiento, pero que no cesemos <\/strong><strong>nunca en conocernos, escucharnos, respetarnos y cooperar.<\/strong><br \/>\nQue no cese el di\u00e1logo cuando tengamos desacuerdos.<br \/>\nQue no cese el respeto cuando nuestras interpretaciones de la historia sean diferentes.<br \/>\nQue no cese la solidaridad cuando un ser humano necesite ayuda, independientemente de su nacionalidad.<br \/>\nQue no cese nuestra obligaci\u00f3n de respetar a los muertos y acompa\u00f1ar a sus familias.<br \/>\nQue no cese la lucha contra el racismo, el odio y la deshumanizaci\u00f3n.<br \/>\nQue no cese la responsabilidad de Marruecos de ofrecer oportunidades y esperanza a sus<br \/>\nj\u00f3venes.<br \/>\nQue no cese la responsabilidad de Espa\u00f1a de impedir que un desacuerdo con Marruecos se<br \/>\ntransforme en hostilidad hacia los marroqu\u00edes.<br \/>\nQue no cese nuestra capacidad de criticarnos mutuamente sin convertir la cr\u00edtica en desprecio.<br \/>\nY que no cese, sobre todo, la voluntad de construir una relaci\u00f3n entre dos pueblos vecinos<br \/>\nbasada no en qui\u00e9n venci\u00f3 a qui\u00e9n hace cinco siglos, sino en qu\u00e9 podemos construir juntos<br \/>\ndurante los pr\u00f3ximos cincuenta a\u00f1os.<br \/>\nEse podr\u00eda ser el nuevo testamento. No uno escrito contra nadie. Uno escrito entre todos.<\/p>\n<p><strong>Dos pa\u00edses que pueden decidir qu\u00e9 hacer con su futuro.<\/strong><\/p>\n<p>No necesitamos elegir entre querer a Marruecos y respetar a Espa\u00f1a.<br \/>\nPrecisamente porque queremos que Marruecos avance debemos ser capaces de criticar<br \/>\nduramente aquello que hace mal.<br \/>\nMarruecos debe preguntarse por qu\u00e9 tantos j\u00f3venes siguen buscando fuera las oportunidades que deber\u00edan encontrar dentro. Debe reducir las desigualdades, mejorar la movilidad social y garantizar que la dignidad de sus ciudadanos sea protegida en la vida y tambi\u00e9n despu\u00e9s de la muerte.<br \/>\nY precisamente porque respetamos a Espa\u00f1a debemos poder se\u00f1alar tambi\u00e9n aquello que nos preocupa.<br \/>\nEspa\u00f1a tiene derecho a gestionar la inmigraci\u00f3n, proteger sus servicios p\u00fablicos y exigir<br \/>\nresponsabilidades a Marruecos. Pero ninguna de esas cuestiones deber\u00eda justificar la deshumanizaci\u00f3n de los marroqu\u00edes ni convertir una tragedia en una oportunidad para alimentar el rechazo hacia todo un pueblo.<br \/>\nLos desacuerdos seguir\u00e1n existiendo. Ser vecinos no significa pensar igual. La madurez<br \/>\nconsiste precisamente en poder discrepar sin necesitar convertir al otro en enemigo.<br \/>\nLos padres de la Transici\u00f3n demostraron que incluso despu\u00e9s de d\u00e9cadas de profundas<br \/>\ndivisiones era posible abrir una etapa diferente.<br \/>\nQuiz\u00e1 haya llegado el momento de que sus hijos demuestren que tambi\u00e9n es posible construir<br \/>\nuna nueva etapa en la manera de mirar al vecino del sur.<br \/>\nEspa\u00f1a y Marruecos no pueden cambiar su geograf\u00eda. Tampoco deber\u00edan borrar su historia.<br \/>\nPero s\u00ed pueden decidir qu\u00e9 quieren hacer con ambas.<br \/>\nY quiz\u00e1 la verdadera madurez entre nuestros pueblos comience el d\u00eda en que podamos<br \/>\nescuchar la historia del otro sin sentir que amenaza la nuestra.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Opini\u00f3n Entre Ceuta y la esperanza &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Por Aziz Allaouzi Lo ocurrido recientemente en Ceuta deber\u00eda obligarnos a reflexionar tanto en Marruecos como en Espa\u00f1a. No solamente sobre inmigraci\u00f3n, seguridad o relaciones entre dos Estados vecinos. 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