Cultura Teatro Entrevista con Nacho Cabrera, director de la compañía de teatro La República

Entrevista con Nacho Cabrera, director de la compañía de teatro La República

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25 años de andadura de Canarias al mundo.

 

Qué es Teatro La República y en qué contexto nace

Los inicios de la compañía se remontan a, va hacer ahora en diciembre 25 años, un curso de teatro que se convocó en el municipio de Agüimes, en el marco del festival de teatro Tres Continentes.

A petición de Antonio Lozano, recientemente fallecido, se hizo un curso de teatro para enganchar a una serie de personas al teatro, allí se juntaron varias personas del sureste de la isla de Gran Canaria. A raíz de aquel curso se siguió con la actividad hasta que yo planteé dar el salto al teatro profesional y en ese momento todos se echaron atrás, excepto tres personas: Mario Vega, Juani Rodríguez, que llegaron un poco más tarde. Entonces decidimos iniciar la andadura como Compañía.

Nos podrías indicar algunos de los montajes más significativos de la Compañía en esa trayectoria

El primer estreno significativo es Chatarra (1997), una obra muy influida por los montajes de la Fura dels baus, es una adaptación del teatro Sueño de Barrio del autor argentino Eugenio Fontanarrosa, ya desde ahí tenemos el componente social claro en nuestros montajes, la obra versa sobre dos muchachos que se atreven a soñar en un lugar donde soñar está prohibido.

Luego cabe destacar una obra que creé durante una estancia que hice en Colombia. El país estaba sacudido por la noticia de una monja que había asesinado a sus compañeras de convento para ascender en la jerarquía. A partir de esa historia real se creó Cuando las mujeres asaltaron los cielos (2003).

La obra fue muy criticada y levantó mucho revuelo porque el cartel era una mujer crucificada con el torso desnudo, eso sentó fatal a ciertos sectores de la sociedad canaria del momento.

Recuerdo que el día del estreno en Santa Cruz de Tenerife entró gente a silbar y reventar el espectáculo. La iglesia nos criticó durísimo por la visión que dábamos de ella, a la cual arrojábamos a los pies de los caballos.

En 2006 nos atrevimos con el Cabaret político. Hicimos No War Cabaret que denuncia el negocio de la guerra al albor de la invasión a Irak y la guerra en Afganistán a raíz del 11-S.

Es también significativo el montaje de Hamelin en 2009 porque a raíz de él entra en la compañía mi otro socio y componente de la compañía, Miguel Maciel, al cual descubrí en un casting hecho para la ocasión. El texto es la adaptación que hizo Juan Mayorga del cuento de Hamelín. Es un texto brutal que debido al contexto de crisis en el cual se presenta apenas se ha llevado a escena desgraciadamente.

Otra de nuestras producciones fue una adaptación de Otelo llamada Ciudadano Yago (2013). En este montaje jugábamos mucho con la figura de Yago como un ciudadano cualquiera al cual se juzga sin las pruebas suficientes. Al final del espectáculo se pedía incluso al público que votara en una papeleta, como si de un jurado popular se tratase, si consideraba a Yago culpable o inocente y en no pocos casos se consideró que era inocente.

Al año siguiente de esta pieza estrenamos en Madrid, en la sala Cuarta Pared, la obra Los Impostores. Nos gustó el proyecto de hacer la dirección de la dramaturgia de los hermanos Bazo. La obra, basada en las vivencias familiares de estos hermanos, ambientada en el Puerto de la Cruz (Tenerife), es una crítica sagaz a como el capitalismo se mete en el seno de una familia y es capaz de destruir todo.

Además, en lo personal era todo un reto pues el texto contaba con el padre muerto haciendo de narrador inserto en la escena todo el rato, eso en el cine es sencillo pero hacerlo en teatro no es tan fácil. Esas son las historias que nos gusta contar, que hagan pensar desde un plano estético bien cuidado.

Ya más reciente tenemos la obra Gulag (2017), que fue una producción que se estrenó en el teatro Benito Pérez Galdós, en Las Palmas de Gran Canaria. En ella hablamos de la figura del artista en la Unión Soviética en los años treinta a partir de la figura de Dimitri Shostakovich. Jugamos para ello con la adaptación del libro de Julián Barnes El ruido del tiempo y con la obra de Mayorga Cartas de amor a Stalin.

En el espectáculo presidían continuamente la hoz y el martillo el escenario, algo que hasta el propio director del Pérez Galdós nos decía que daba un aire de solemnidad al teatro. Lo interesante de esta apuesta es que, sin dulcificar lo que significó la censura en la URSS en los años treinta, lo que viene poner de relieve es que el artista no es más libre en un estado capitalista y que si lo que se hizo en esa época es criticable no lo es menos ahora mismo con el control que hay sobre la producción artística.

Ya por último destacábamos La rebelión de los sureños (2018) y Las cicatrices del cielo (2019). En la primera hablamos sobre el Motín de Agüimes, un movimiento de protesta campesina del siglo XIX en el sureste de Gran Canaria, más concretamente en lo que hoy es Sardina del Sur. Lo que hicimos fue entrevistar, recoger comentarios de gente de a pie, que conocía la historia contada por sus padres y sus abuelos y desde ahí hablar de algo que marca la idiosincrasia de la lucha de esa gente contra algunos de los apellidos que hoy siguen mandando en Canarias, como es la familia del Conde de la Vega Grande.

En el otro espectáculo hacemos una revisión del Galileo del maestro Bertolt Brecht. La hacemos en un escenario que más bien una caja de zapatos blanca con 3 de ancho por 7 de largo. En ella sólo están Galileo, Urbano VIII y el díscipulo de Galileo, Andreas que va a visitarlo en sus últimos días para reprocharle su postura en el pasado.

Sobre ellos hay una pantalla cinemascope que va mostrando los pensamientos de Galileo. Es impactante que por ejemplo cuando se habla sobre la guerra aparecen imágenes reales de Palestina hoy día, rodadas por la gente de San Rafael en corto, que dan un ambiente bastante potente al espectáculo.

Esto sería básicamente un recorrido de algunas de las cosas que hemos hecho en estos últimos 25 años, no de todo porque tenemos un ritmo de trabajo bastante alto, pero si algunas de las cosas más significativas.

Por qué ese nombre y qué posicionamiento político tienen como compañía

A nosotros nos parecía hace 25 años que hablar de República era hasta complicado. Nuestro primer debate era si República con k o República con c, y bueno a pesar de que en el Facebook aparece con k, porque no nos lo permitía la plataforma, eso hace que cuando la gente vea nuestro nombre ya se haga una idea directa, que no tengamos que estar con nuestros espectáculos planteando otras cosas.

Esto lo enlazo con la segunda cuestión, eso a nosotros también nos resulta incómodo porque alguien que vea el nombre de La República ya sabe efectivamente de qué vamos, no tenemos que forzar a los espectáculos a que cuenten cosas porque la gente ya sabe ya como nos hemos posicionado, entonces encontrar elementos políticos en determinado tipo de obras no es la principal decisión a la hora de afrontar un texto, pero sí que al final acabamos hurgándolo y sacándolo a flote que es lo que nos gusta. Cuando nosotros nos sentamos y decimos: “mañana vamos a sacar tal texto”, siempre acabamos sacándole posicionamiento político o social en muchos de los casos, aunque en muchos casos no tenemos un texto político, pero sí un texto con un engranaje social potente, problemas como la pederastia, posicionamiento con respecto a ETA, el tema de la corrupción judicial, etc.; eso de alguna manera siempre lo hemos tratado.

Yo creo que cruzar siempre lo social y lo político es mucho más interesante que decantarnos sólo por una de las caras de la moneda, eso nos da un mayor margen de maniobra, sobre todo a los creadores también, de hecho, el punto nuestro de partida siempre es el punto artístico. Si bien es verdad que todos los textos con los que trabajamos siempre están contaminados por autores que siempre nos gustan o por autores que cuentan cosas o por autores que plantean temáticas concretas.

Tengo la impresión muchas veces que ustedes intentan hacer un diálogo entre el texto con el momento actual, ese diálogo en Canarias cómo lo perciben, porque en Canarias actualmente se sigue consumiendo teatro costumbrista, por ejemplo, algo que a nivel estatal apenas tiene tirón, además el costumbrismo es un género teatral que suele gustar a un tipo de público más bien conservador. El diálogo que ustedes pretenden hacer qué acogida tiene en Canarias

Nosotros sabíamos desde el minuto uno prácticamente que el teatro que nosotros queríamos hacer iba a vender menos que el resto, lo iba a hacer, de hecho, nosotros la compañía la planteamos como ese espacio en el que contamos esto, igual no comemos todos los días de la venta de nuestros espectáculos y por eso hacemos otras cosas con otra gente, pero la compañía es un espacio inviolable, contamos esto, además porque creemos que es necesario donde estamos y justamente creo que has dado en la clave, el teatro que mayormente se mueve en Canarias y llena butacas es comedia pura y dura, sin aditivos, y yo creo que una sociedad que sólo proteja eso es una sociedad que se tiene que replantear las cosas.

Pero olvídate del teatro que nosotros hacemos, cómo está la danza en nuestras islas, cuando las Islas Canarias tenía gente puntera a nivel mundial incluso, compañeros nuestros de generaciones anteriores que llevaron la danza a lo más alto.

Creo que ahora estamos en un rebrote de volverlo a sacar a flote, incluso de géneros concretos. Te pongo un ejemplo de algo que incluso me mosquea. Nosotros no hacemos infantiles porque hay que tener un respeto escrupuloso a lo didáctico, al tipo de teatro que se hace y al género si se quiere, mientras aquí la gente nos plantea: “a ver si hacemos un infantil para facturar”, con una alegría que a mí me da hasta vergüenza porque a nosotros nos parece tan serio hacer un infantil o hacer títeres que no está en nuestra historia porque hay que ser rigurosos y hay que tener ética a la hora de plantear este tipo de cosas y por eso nosotros nos dedicamos a hacer; uno lo que nos gusta; dos lo que sabemos; y tres en lo que estamos cómodos, es decir, no queremos hacer otra cosa. ¿Significa que sólo hacemos esto? No, nosotros también hacemos comedia pero desde la óptica que nos gusta. La gente nos recuerda espectáculos nuestros en los que se han reído mucho y nos piden que sigamos en esa línea, incluso por el tipo de comedia que hacemos que es más ácida, y eso a nosotros nos gusta porque se queda con el mensaje que queríamos contar, pero lo otro no.

Y efectivamente, hablando por ejemplo de la Televisión Canaria, que emite programas de humor costumbrista, tiene una explicación muy sencilla y es que la Televisión Canaria sólo se guía por sus ratios de facturación, en ningún momento Televisión Canaria está mirando para la cultura. Ninguno los programas que puedas ver ahí está mirando para la cultura canaria, cultura con mayúsculas. Esa es la televisión que tenemos, no digo que sea la que merecemos, pero es la que tenemos.

Pero construye realidad. No podemos partir del análisis de naturalizar al público canario como un consumidor natural de determinado tipo de cultura. Se ha construido a un sujeto que consume eso. Si metiéramos otros inputs en esa realidad la cultura cambiaría, porque la cultura es cambiante y podríamos tener un tipo de sujeto más crítico.

De hecho, en la última década la televisión de este país ha dado un cambio, hace una década le propones a alguien poner un debate político un sábado a la noche en prime time y vamos…eso no se lo planteaba nadie. Alguien decidió dar ese paso, cambiarlo con todas las cosas que uno pueda achacarle a ese programa y ahora hay un programa de debate los sábados a la noche en prime time donde hay gente que debate, alguien decidió hacerlo y ha conseguido un cambio porque si sólo ofreces color blanco la gente no va a ver más que blanco. Eso es lo que tenemos también porque es lo más cómodo y de eso se están aprovechando las televisiones. Hay gente en la televisión canaria que vive de ello y montan su chiringuito a costa de lo   público, es así, es que no hay otra historia.

“Cuando las mujeres asaltaron los cielos” (2003)

La proyección internacional de la República es mayor con América Latina, por lo que te he escuchado.

Sí, siempre ha sido más con América Latina: Argentina, Colombia, Chile, Perú varias veces.

Ahora a título individual se va a estrenar un título mío en Venezuela, tendré que estar por allá en febrero y en fin es un espacio más cómodo para nosotros, de hecho, cuando estrenamos en Madrid la obra Los impostores, en Cuarta Pared, la crítica, una crítica bonita la verdad, decía una cosa que nosotros no reparamos mucho en ello pero algo tenemos que hacer para que la gente haga esta lectura, y es que nos decía que hacemos un teatro muy latinoamericano. A mí me resulto un orgullo, dicho sea de paso, no me causo conflicto, y es algo sobre lo que deberíamos reflexionar, de hecho lo he hablado alguna vez con Miguel Ángel, que quizá por nuestra condición de isleños que miramos más hacia abajo, no sé si es por todo el teatro que hemos mamado históricamente, que a mi particularmente el teatro que más me ha gustado es el que venía de Latinoamérica, o no sé si es por como tratamos la puesta en escena, una apuesta más sobria en el sentido de la cantidad de elementos que introducimos en escena que nunca son muchos, son más conceptuales.

No crees que a veces los montajes que hacen ustedes como producción propia están más cerca de Yuyachkani, por cómo pretenden dialogar con una realidad concreta, o con el Teatro de la Candelaria

Sí, sí, seguramente más cerca de ese tipo de teatro. Yuyachkani es un buen ejemplo y el Teatro de la Candelaria también, incluso el TEC de Enrique Buenaventura.

Nosotros nos marcábamos mucho los textos que veíamos pensando en el actor. Si tú tienes un buen actor en escena puedes contar cosas, si no tienes una superproducción puedes contar cosas con un actor y una serie de elementos que al final genera una magia igual y termina enganchando a la gente.

Nosotros tenemos la suerte que podemos montar cosas grandes pero la querencia siempre nos lleva a un teatro más cercano, a un teatro que nos lleve a que la gente nos mire a los ojos.

Hay alguna cosa más que quieras decir que no se haya planteado

Nuestra idea siempre ha sido, por qué este tipo de teatro nuestro no lo puedo llevar a los grandes coliseos de mi ciudad, bueno nosotros eso lo hacemos, eso no quita que estrenemos tanto en Salas más modestas, como el Centro Insular de Cultura, como luego en un teatro de tanto prestigio como el Teatro Cuyás.

Nosotros ya estamos en un momento dulce en el cual los directores de los teatros nos llaman y no pasa nada. Ellos ya saben qué hacemos nosotros y cuál es el planteamiento que nosotros tenemos en escena.

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