lunes, 26 septiembre , 2022

Alicia Ramos: una cantautora eminentemente política

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“Me llamo Alicia Ramos. Soy una mujer transexual. También tengo 1,75 dioptrías de miopía en el ojo derecho. Ni siquiera uso gafas, no tengo. Pues así es como intento vivir mi transexualidad, sin gafas”.

 

 

 

Una cantautora eminentemente política

Alicia Ramos (Güímar, Canarias, 1969) es una cantautora eminentemente política que desarrolla su carrera fundamentalmente en salas pequeñas, espacios autogestionados y en la calle. Ha autoeditado Ganas de quemar cosas y Lumpenprekariät, este último con más arreglos e instrumentación. Su propuesta es bastante ácida, directa y demoledora, pero la gente lo interpreta como humor y se ríe mucho. Puede que sea por la dosis de ternura con que no puede evitar envolverlo todo.

Su sonido bebe mucho de las músicas del delta del Mississippi como homenaje a las familias canarias que fueron obligadas por Carlos III a establecerse en la Louisiana tras el final de la Guerra de los Siete Años. Por ejemplo.

Todavía no ha tenido ningún problema con la Audiencia Nacional ni con la Asociación Española de Abogados Cristianos. Todo bien.

En octubre de 2019 ganó el XXXV Premio Benito Pérez Armas de Novela con El último vándalo (que yo sepa) y escribe en la revista feminista Píkara Magazine.

¿Se puede vivir de la música?

Reduciendo mucho el coste de tu vida sí, claro. Hace diez años, antes de las reformas laborales, se podía vivir dignamente de un salario normal. Hoy en día se ha precarizado tanto el mundo laboral que alternativas como la de vivir de lo que se gana tocando por los bares ha dejado de ser una propuesta descabellada. A mí me pasó todo eso al mismo tiempo. Perdí mi último trabajo “convencional” a finales de 2011 y tuve paro hasta principios de 2013. En ese tiempo intenté encontrar otro trabajo pero la bolsa de desempleo era tan desorbitada que los empleadores se aprovechaban de la desesperación de la gente y de las nuevas ventajas que les procuraba la nueva legislación en materia de despido. Mientras tanto seguí tocando y me fui haciendo con un cierto público, un cierto nombre, me fui consolidando en un cierto circuito y cuando se acabó la prestación ya podía más o menos comer casi todos los días y pagar las facturas por mi cuenta. Resistir era la clave, pero podía haber salido mal.

En 2014 empecé a tocar casi de forma permanente en una sala en la que la que no te pagaban, ponían a disposición del público unas cajitas en las que cada quien discrecionalmente depositaba lo que consideraba digno, o justo, o adecuado. Reconozco que me pareció insultante la idea, pero no estaba en condiciones de oponerme a nada, tenía que tocar. Para mi sorpresa resultó bastante más rentable que cobrar entrada o incluso que cobrar un fijo.

En esos años empecé a decir que sí a todo. Eran años de gran efervescencia social y había actos por todos lados y por todas las causas. Era muy reconfortante colaborar con todas esas iniciativas porque te hacían sentir que tú también, en medio de tu ancha pobreza, podías dar, podías aportar algo a tu gente. Y lo sigo haciendo por el mismo motivo.

¿La música es tu única actividad?

En teoría sí, pero durante los años duros dediqué mucho tiempo a escribir, sobre todo porque es una actividad que no requiere de ninguna inversión, puedes escribir todo el tiempo que quieras y no te cobran ningún recargo si te pasas del tiempo. Así fui cogiendo oficio y acabé juntando una pequeña novela, El último vándalo (que yo sepa), que fue premiada en la última edición del Premio Benito

Pérez Armas, la convocatoria más importante, y mejor dotada, de la narrativa canaria ahora mismo. Eso supuso una inyección económica equivalente al trabajo de un año para mí. Además me ha abierto las puertas de otras actividades, escribo regularmente para Píkara Magazine (https://www.pikaramagazine.com/2019/12/branquias-y-pulmones/) y eventualmente en el Diario Público (https://blogs.publico.es/otrasmiradas/27325/al-diablo-no-le-gusta-que-

Pero sí, tocar, componer y grabar constituyen mi actividad fundamental. Y lo que más me gusta hacer. Si paso dos semanas sin conciertos me subo por las paredes. Me gusta mucho este trabajo. Lo llevo haciendo toda la vida, pero es de hace unos años para acá cuando he empezado a entender de qué va la vaina, y es como volar.

¿Qué relación tienes con la industria discográfica?

Ninguna en absoluto. Los dos discos que he hecho, Ganas de quemar cosas (2015) y Lumpenprekariät (2018), los he producido yo misma. Hay que reunir un buen puñado de canciones. Yo he llegado a la conclusión de que no es una buena idea grabar un disco con canciones inéditas. Ya sé que es lo que el mercado impone en su lógica propia, pero en mi caso, que es completamente ajeno las lógicas del mercado, creo que las canciones tienes que grabarlas cuando ya las has rodado por todos lados y sabes tocarlas con toda su fuerza. De alguna manera, las canciones van adquiriendo algo de quien las escuchó, de quien las coreó, de las experiencias derivadas de ir a no sé dónde a tocarlas, es entonces cuando están maduras para ser grabadas. Es como un par de botas, que solo son de verdad tuyas cuando has caminado un buen trecho con ellas.

A mí la experiencia discográfica me ha salido bien. La idea es la misma que con todo lo demás, que te cueste lo menos posible para poder venderlo lo más barato posible. No sé cómo ira la cosa en las tiendas, pero creo que como se venden discos es tocando. Después de un concierto, la gente está en un grado de comunión contigo que se manifiesta en que está deseando llevarse algo tuyo, un mechón de pelo, una oreja… o el disco. Ese es el momento que justifica el esfuerzo económico de haberte metido en un estudio. En el nivel en el que yo me desenvuelvo es imposible acceder a una estrategia de mercado que haga que la gente vaya a una tienda a comprar tu disco, eso no va a pasar. Hay que hacer que lo desee y eso solo lo puedo hacer en persona, de uno en uno.

¿Es verdad que eres “una cantautora eminentemente política”?

Pues creo que sí. Todas mis canciones, como todo lo que escribo y lo que hago, están atravesadas por una conciencia política que no puedo ni quiero ocultar. Creo que el ámbito de la creación y la comunicación artísticas representa una oportunidad para el intercambio ideológico fabulosa. Es muy eficaz porque media la emoción, y la emoción predispone al cerebro humano al aprendizaje. La penetración de la ideología neoliberal en los programas educativos ha favorecido en las últimas décadas un empobrecimiento de los contenidos y la fragmentación del conocimiento. Se han esmerado en hacernos imposible la construcción de un marco amplio y preciso en el que situar con claridad los conocimientos para

luego poder establecer relaciones lógicas entre ellos. Bueno, han llegado a eliminar la filosofía del currículo, la disciplina que específicamente nos enseña a pensar. Han conseguido que nos cueste distinguir la causa del efecto y, más aún, la identificación y la valoración de las fuentes, favoreciendo que cualquier cosa que se nos diga sea aceptada de forma acrítica. Paradójicamente, ante tal indefensión, mucha gente ha optado por una actitud de desconfianza total, han seleccionado un número de fuentes mínimo en el que confiar, que en muchas ocasiones son fuentes manipuladas, y mantienen con el resto una actitud de descreimiento metódico. En el transcurso de un concierto en el que todo sale bien y fluye la comunicación en ambos sentidos, muchas de esas barreras caen y nuevas posibilidades se abren camino en esos cerebros abusados por todo un historial de escolarización deficiente adrede y de unos medios de comunicación tramposos.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

A mí lo que me gusta es tocar. Este mes o el que viene sale mi novela con la editorial Pre-Textos y mi intención es aprovechar que tengo que presentarla para hacerme un circuito extenso por muchas ciudades, presentando la novela por las tardes en librerías y tocando por las noches en garitos. Puede ser una experiencia muy divertida, y es lo que a mí en realidad me gusta hacer. Mientras tanto sigo escribiendo, componiendo y tocando. El mes de febrero estaré todos los sábados a partir de las 23.30h en la sala La Fídula, en la calle Huertas, 57, disfrutando de esta bendita profesión.

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