lunes, 26 septiembre , 2022

Teo Puebla, pintor

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Teo Puebla ha sido galardonado con numerosos premios, entre otros con el Nacional de Ilustración, Ministerio de Cultura, el primer premio de acuarela del IX Salón de Otoño (Plasencia), el primer premio del XVII Certamen de Pintura (León), Placa de Pintor Ilustre, de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles (Madrid). Ha expuesto en numerosas galerías de arte e instituciones europeas y americanas, entre las que destacan: Urban Gallery; Escuela de Bellas Artes, Toledo; Museo Provincial de Albacete; La Salina, Salamanca; Museo Provincial Palacio del Infantado, Guadalajara; Centro Cultural Conde Duque, Madrid; Palacio de las Alhajas, Madrid; Centro Cultural de la Villa, Madrid; Centro George Pompidou, París; Art Echo Gallery, Texas (USA); Instituto Cervantes, El Cairo (Egipto); Galería Realtá, Italia.

Su obra se encuentra en colecciones privadas e instituciones de España, Europa y América. El Museo La Celestina exhibe de forma permanente los treinta y dos cuadros creados para la conmemoración del V centenario de dicha obra literaria.

Natural de La Puebla de Montalbán, la tierra de Fernando de Rojas, haces la maleta y llegas a Madrid, imaginamos que buscando como abrirte un camino más amplio como artista plástico. ¿Cómo fueron aquellos primeros pasos?

Así es, mis deseos eran dedicar mi vida a la pintura. Encontré trabajo de casi todo menos de lo que buscaba. Un año después me coloqué de dibujante en una agencia de publicidad. Más tarde me contrató una editorial que comenzaba en aquellos momentos. La dedicación a la ilustración de cuentos infantiles, para poder comer principalmente, es tan brillante que en 1982 se reconoce tu trayectoria con el Premio Nacional de Ilustración dado por el Ministerio de Cultura. ¿Cambia eso mucho tu vida?

En efecto, pasé de considerar la ilustración como algo circunstancial a quedar atrapado en la magia de una actividad enriquecedora en todos los sentidos.

El premio no me reportó cambios importantes, si bien me permitió viajar a la Feria de Bolonia donde entré en contacto con editoriales extranjeras con las que he trabajado durante muchos años. También en aquel tiempo comienzo a compartir mi tarea con la pintura.

Se ha escrito de tu obra que construyes “paisajes doloridos” porque “construyes escenarios para los individuos abandonados en la soledad y el olvido”. Aquí hay una referencia clara al compromiso con los más débiles ¿con los explotados del mundo? ¿Es éste el trabajo de militante de un comunista de la pintura que bien se expresa en una apuesta por el expresionismo más “dramático” que dirían algunos, y que aquí vamos a llamarlo el más objetivo con el mundo que existe? Ese arte en tu obra de conciliar figuración y abstracción para expresar el sufrimiento del hombre, también es una puerta abierta para una vez reconocido el problema del hombre oscuro pueda permutarse mañana en un hombre de luz. A pesar del drama representado en obra de gran volumen, de grandes dimensiones, aquí hay mucha esperanza.

Desde muy joven tuve conciencia de la dureza e injusticia del mundo. Esta percepción me llevó a la militancia en el PCE y a la lucha por cambiare el mundo. Esa conciencia no se ha borrado y por ello mi obra es una denuncia continua. Mi pintura recoge el eco del dolor de las víctimas de la barbarie asentada sobre la hipocresía y la manipulación de los “amos del mundo”. Los niños, víctimas siempre de una crueldad que espanta, que habitan el infierno en que hemos convertido la tierra que pisamos inspiran mi conciencia de pintor, ilustrador y marxista. Así, desde el comienzo hasta el final.

 

Quienes conocen mi obra en su doble dimensión se sorprenden ante la luz y el color de las ilustraciones en contraposición con la oscuridad y dureza de mis lienzos; es decir estampas para niños y pinturas para adultos: prolongar los sueños de la inocencia y despertar las conciencias de la inconsciencia. La única esperanza de los oprimidos y explotados es convencerse de que otro mundo es posible. Y esta es la esperanza que hemos de renovar cada mañana.

Y volviendo a España otra vez, la España inquisitorial y retrógrada vuelve a manifestarse. En 2016, en tu pueblo, retiran un cartel tuyo con una imagen que se encuentra en el Museo de la Celestina desde que se inauguró porque “llevaba el logotipo del ayuntamiento sin su permiso”, o porque aparecía la imagen de un obispo tocándole las tetas a Celestina de joven y eso a las derechas que gobernaban el ayuntamiento no les gustaba.

Lo del logotipo fue una inocente escusa con la que querían justificar lo injustificable a estas alturas del siglo XXI: la censura por razones ideológicas. El cartel reproduce un cuadro que representa el acto IX de la obra de Fernando de Rojas y que lleva colgado en el Museo diecisiete años ante la mirada de miles de personas.

Sin embargo, tres años después el ayuntamiento premia tu obra compuesta por numerosos dibujos, grabados, cuadros y carteles sobre la tragicomedia de Fernando de Rojas y te concede el premio Celestina. Siempre pasa lo mismo ¿o no? Primero tienes que triunfar fuera para que los propios te reconozcan.

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