LOS PLANES PSICÓPATAS DE «PALANTIR» PARA LA HUMANIDAD
La ‘República Tecnológica’ de Palantir: Servicio militar obligatorio universal, supremacismo cultural occidental y control social y represión
El manifiesto de la multinacional de vigilancia pide la fusión entre las ‘Big Tech’ y el Pentágono para una oleada de militarización global con inteligencia artificial.
La empresa proveedora de software de análisis de datos para servicios de inteligencia y defensa, Palantir, ha hecho público un manifiesto donde resume sus tesis políticas, pidiendo abiertamente un cambio de rumbo en Silicon Valley para ponerla al servicio directo de la maquinaria militar de Estados Unidos. A través de la cuenta oficial de la compañía en X y citando el libro The Technological Republic —escrito por su consejero delegado, Alexander C. Karp, y su adjunto, Nicholas W. Zamiska—, la corporación sostiene que la «élite ingenieril» tiene la «obligación afirmativa de participar en la defensa de la nación». Muy peligroso, pues apuestan por un mundo bélico sólo para enriquecerse y de control absoluto de los individuos:
Abajo está el manifiesto que Palantir y su cara más visible, Alexander C. Karp, publicaron en X (Twitter), junto con algunos enlaces que pueden dar más contexto. No es un texto corto, y no tiene un TL;DR.:
La República Tecnológica, en resumen.
- Silicon Valley le debe una deuda moral al país que hizo posible su auge. La élite de la ingeniería de Silicon Valley tiene la obligación de participar en la defensa de la nación.
- Debemos rebelarnos contra la tiranía de las apps. ¿Es el iPhone nuestro mayor logro creativo, por no decir el coronamiento, como civilización? El objeto ha cambiado nuestras vidas, pero ahora también puede estar limitando y constriñendo nuestro sentido de lo posible.
- El correo electrónico gratuito no es suficiente. La decadencia de una cultura o civilización, y de hecho de su clase dirigente, solo será perdonada si esa cultura es capaz de generar crecimiento económico y seguridad para el público.
- Los límites del poder blando, de la retórica grandilocuente por sí sola, han quedado expuestos. La capacidad de las sociedades libres y democráticas para prevalecer requiere algo más que el atractivo moral. Requiere poder duro, y el poder duro en este siglo se construirá sobre software.
- La pregunta no es si se construirán armas de IA; es quién las construirá y con qué propósito. Nuestros adversarios no se detendrán a participar en debates teatrales sobre los méritos de desarrollar tecnologías con aplicaciones militares y de seguridad nacional críticas. Ellos seguirán adelante.
- El servicio nacional debería ser un deber universal. Deberíamos, como sociedad, considerar seriamente alejarnos de una fuerza totalmente voluntaria y solo luchar en la próxima guerra si todos comparten el riesgo y el coste.
- Si un marine estadounidense pide un rifle mejor, deberíamos construirlo; y lo mismo ocurre con el software. Deberíamos, como país, ser capaces de continuar un debate sobre la idoneidad de la acción militar en el extranjero, sin dejar de ser firmes en nuestro compromiso con aquellos a los que hemos pedido que se pongan en peligro.
- Los funcionarios públicos no tienen por qué ser nuestros sacerdotes. Cualquier empresa que compensara a sus empleados de la forma en que el gobierno federal compensa a los funcionarios públicos tendría dificultades para sobrevivir.
- Deberíamos mostrar mucha más gracia hacia aquellos que se han sometido a la vida pública. La erradicación de cualquier espacio para el perdón —el descarte de cualquier tolerancia hacia las complejidades y contradicciones de la psique humana— puede dejarnos con un elenco de personajes al frente que llegaremos a lamentar.
- La psicologización de la política moderna nos está llevando por mal camino. Aquellos que buscan en la arena política nutrir su alma y su sentido de sí mismos, que confían demasiado en que su vida interna encuentre expresión en personas a las que quizás nunca conozcan, se sentirán decepcionados.
- Nuestra sociedad se ha vuelto demasiado ansiosa por apresurar, y a menudo se alegra de, la desaparición de sus enemigos. La derrota de un oponente es un momento para hacer una pausa, no para regocijarse.
- La era atómica está terminando. Una era de disuasión, la era atómica, está terminando, y una nueva era de disuasión construida sobre la IA está a punto de comenzar.
- Ningún otro país en la historia del mundo ha avanzado los valores progresistas más que este. Estados Unidos está lejos de ser perfecto. Pero es fácil olvidar cuánta más oportunidad existe en este país para aquellos que no son élites hereditarias que en cualquier otra nación del planeta.
- El poder estadounidense ha hecho posible una paz extraordinariamente larga. Demasiados han olvidado o quizás dan por sentado que casi un siglo de alguna versión de paz ha prevalecido en el mundo sin un gran conflicto militar de poder. Al menos tres generaciones —miles de millones de personas y sus hijos y ahora nietos— nunca han conocido una guerra mundial.
- Hay que deshacer la castración de Alemania y Japón después de la guerra. La desmilitarización de Alemania fue una corrección excesiva por la que Europa ahora está pagando un alto precio. Un compromiso similar y muy teatral con el pacifismo japonés, si se mantiene, también amenazará con cambiar el equilibrio de poder en Asia.
- Deberíamos aplaudir a aquellos que intentan construir donde el mercado no ha actuado. La cultura casi se burla del interés de Musk por la gran narrativa, como si los multimillonarios simplemente debieran quedarse en su carril de enriquecerse . . . . Cualquier curiosidad o interés genuino en el valor de lo que ha creado es esencialmente descartado, o quizás acecha desde debajo de un desprecio apenas velado.
- Silicon Valley debe desempeñar un papel en la lucha contra la delincuencia violenta. Muchos políticos de todo Estados Unidos esencialmente se han encogido de hombros cuando se trata de la delincuencia violenta, abandonando cualquier esfuerzo serio para abordar el problema o asumir cualquier riesgo con sus electores o donantes para encontrar soluciones y experimentos en lo que debería ser una apuesta desesperada por salvar vidas.
- La despiadada exposición de la vida privada de las figuras públicas aleja demasiado talento del servicio gubernamental. La arena pública —y los ataques superficiales y mezquinos contra aquellos que se atreven a hacer algo más que enriquecerse— se ha vuelto tan implacable que la república se queda con una lista significativa de recipientes ineficaces y vacíos cuya ambición uno perdonaría si hubiera alguna estructura de creencias genuina al acecho en su interior.
- La cautela en la vida pública que fomentamos sin darnos cuenta es corrosiva. Los que no dicen nada malo a menudo no dicen mucho en absoluto.
- La intolerancia generalizada de las creencias religiosas en ciertos círculos debe ser resistida. La intolerancia de la élite hacia las creencias religiosas es quizás uno de los signos más reveladores de que su proyecto político constituye un movimiento intelectual menos abierto de lo que muchos dentro de él afirman.
- Algunas culturas han producido avances vitales; otras siguen siendo disfuncionales y regresivas. Todas las culturas son ahora iguales. La crítica y los juicios de valor están prohibidos. Sin embargo, este nuevo dogma pasa por alto el hecho de que ciertas culturas y, de hecho, subculturas . . . han producido maravillas. Otras han demostrado ser mediocres y, lo que es peor, regresivas y perjudiciales.
- Debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y hueco. Nosotros, en Estados Unidos y, en términos más amplios, Occidente, hemos resistido durante el último medio siglo la definición de culturas nacionales en nombre de la inclusión. ¿Pero la inclusión en qué?
Extractos del #1 en la lista de los más vendidos del New York Times La República Tecnológica: Poder duro, creencia blanda y el futuro de Occidente, de Alexander C. Karp y Nicholas W. Zamiska.
UN MUNDO DE ESCLAVOS CUYAS VIDAS Y MUERTES ESTARÁN AL SERVICIO ABSOLUTO DE LAS ÉLITES
Como hemos podido leer, el documento presentado por la multinacional aboga por el fin de las restricciones militares impuestas tras la Segunda Guerra Mundial, afirmando que «la neutralización de posguerra de Alemania y Japón debe deshacerse». Según los autores de Palantir, el desarme de Alemania fue una «sobre-corrección» y el «pacifismo» japonés constituiría una «amenaza» para el «equilibrio de poder en Asia» en el escenario de la actual disputa geopolítica con China. Esta postura se alinea con la necesidad de expansión de los monopolios tecnológicos hacia nuevos mercados militares, proponiendo que la capacidad de las sociedades para prevalecer requiere «poder duro» y que, en este siglo, dicho poder «se construirá sobre software».
Servicio militar obligatorio universal
En el ámbito laboral y social, Karp y Zamiska proponen recuperar el «servicio nacional» como un «deber universal», sugiriendo el fin de las fuerzas militares totalmente voluntarias para que la sociedad comparta el «riesgo y el costo» de las futuras guerras. Asimismo, el manifiesto carga contra la gestión pública actual, comparando la compensación de los funcionarios con la de las empresas privadas para señalar que el Gobierno federal «lucharía por sobrevivir» bajo criterios de eficiencia empresarial. Según los autores, la nueva era de disuasión ya no será atómica, sino que estará basada en el desarrollo acelerado de «armas de IA», un campo donde aseguran que los adversarios de Estados Unidos no se detendrán en «debates teatrales» sobre ética o seguridad.
Supremacismo cultural occidental
La retórica de Palantir también arremete contra el pluralismo y la neutralidad cultural, afirmando que «ciertas culturas han producido avances vitales» mientras otras permanecen «disfuncionales y regresivas». Los directivos de la compañía instan a «resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío», vinculando el éxito tecnológico y económico con la capacidad de las potencias imperialistas para definir lo que ellos entienden como una «identidad fuerte» frente a la «inclusividad» global. Al defender la figura de grandes capitalistas como Elon Musk, la empresa proveedora de análisis de datos reivindica el desarrollo de «narrativas grandiosas» y la implicación en la «seguridad nacional» serían «esenciales» para evitar lo que consideran la «decadencia de la cultura occidental».
Control social y represión
Finalmente, el texto vincula la seguridad nacional con la represión interna del «crimen violento», criticando a los políticos que «se encogen de hombros» ante este problema y pidiendo que el sector tecnológico juegue un rol activo en la vigilancia y el control social de las poblaciones. Palantir advierte que la hegemonía de Estados Unidos, que a su juicio ha permitido un siglo de «paz extraordinaria», depende ahora de que la industria del software renueve su compromiso con las aplicaciones críticas militares. Este proyecto político, que los autores definen como la «República Tecnológica», busca consolidar la transferencia de recursos públicos hacia el desarrollo de tecnología de guerra, priorizando la acumulación de capital a través del control algorítmico, la destrucción en conflictos internacionales y el establecimiento de una distopía de hipervigilancia altamenta tecnologizada vía control algorítmico en el interior de las potencias imperialistas.
Conexión Epstein
Las conexiones entre Palantir y el multimillonario pederasta Jeffrey Epstein se centran en el cofundador Peter Thiel. Archivos judiciales del Departamento de Justicia de EEUU y reportes de The New York Times revelan que Thiel y Epstein mantuvieron correspondencia y reuniones entre 2014 y 2017. Epstein invirtió unos 40 millones de dólares en 2015-2016 en fondos de Valar Ventures, cofundado por Thiel, una posición que ha multiplicado su precio en bolsa. Thiel asesoró a Epstein sobre posibles inversiones en Palantir y Epstein facilitó contactos, como con Ehud Barak, mencionando la compañía en grabaciones inéditas. Palantir ha declarado «no tener conocimiento de ninguna inversión directa de Epstein» en la empresa ni vínculos corporativos. Por el momento, no hay evidencia pública de que el CEO Alexander Karp mantuviera relaciones personales o financieras con Epstein, pero las menciones han generado debate sobre posibles conflictos en contratos gubernamentales de Palantir, aunque la documentación revelada no implica de momento a la compañía como entidad.
El genocidio en Gaza e ICE
Palantir también mantiene contratos significativos tanto con el ICE (Immigration and Customs Enforcement) de Estados Unidos como con el Ministerio de Defensa de Israel en el genocidio en Gaza. Desde 2011, la compañía proporciona a ICE plataformas como el Investigative Case Management (ICM) y, en 2025, firmó un contrato de 30 millones de dólares para desarrollar ImmigrationOS, un sistema de vigilancia que ofrece visibilidad en tiempo casi real sobre personas migrantes, prioriza deportaciones (incluyendo prolongaciones de visas y perfiles de “criminales violentos”), rastrea auto-deportaciones y genera perfiles detallados mediante herramientas como ELITE, que integra datos de diversas fuentes gubernamentales.
En paralelo, en enero de 2024 Palantir anunció una “asociación estratégica” con el Ministerio de Defensa israelí para misiones relacionadas con la “guerra” , suministrando plataformas de análisis de datos e IA (como Gotham) que, según informes y una evaluación de la relatora especial de la ONU Francesca Albanese, han sido utilizadas para marcar objetivos y vigilar a la población palestina en Gaza. Ademñas, la empresa ha expresado públicamente su apoyo a Israel y ha mantenido presencia operativa en centros de coordinación militar en la región. Palantir ha negado implicación directa en sistemas específicos como Lavender o Gospel, pero sus contratos con ambos gobiernos durante actuaciones que han atentado directamente contra la vida y la libertad de millones de personas han levantado críticas y protestas por el rol de su tecnología en operaciones de control migratorio y militar con ambiciones distópicas que no parecen tener límites.
